Es imposible predecir qué va a pasar en Estados Unidos durante las próximas semanas. Hay varias preguntas cruciales en el aire que por ahora no tienen respuesta. ¿Hubo o no fraude electoral? Si lo hubo, ¿fue suficiente para invertir los resultados? ¿Será la transición de Trump a Biden una transición de Trump a Trump? ¿O una transición de Trump a un acuerdo de compromiso en el Congreso como el que, tal y como aconteció tras las disputadas elecciones presidenciales de 1876, el candidato ganador asume la presidencia con la condición de aceptar el compromiso extraelectoral? ¿Habrá violencia en las calles sea cual sea la solución, ya que cualquiera de ellas margina a una parte importante y polarizada de la sociedad? Por ahora, todo esto son incógnitas.
No obstante, hay algunas certezas muy sombrías para el futuro de la democracia. Me concentro en una. Me refiero al curso intensivo de fascismo 2.0 que Donald Trump ha impartido a lo largo de estos cuatro años a los aspirantes a dictadores, a líderes autoritarios y fascistas. El curso tuvo su momento más álgido en la clase magistral que Trump comenzó a dar desde la Casa Blanca a las 2.30 de la madrugada (hora de Washington D. C.) el pasado 4 de noviembre. El tema general del curso es “cómo utilizar la democracia para destruirla”. Se divide en varios subtemas. En este texto me referiré brevemente a los principales. Las tres primeras lecciones se refieren a las elecciones y el resto, a la política y el gobierno. El objetivo general del curso es inculcar la idea de que la democracia solo sirve para llegar al poder.
Una vez en el poder, ni la gobernación ni la rotación democrática son aceptables.
1. No reconocer resultados electorales desfavorables. El tema de la clase del día 4 fue cómo rechazar los resultados electorales cuando no nos convienen, cómo crear confusión en la mente de los ciudadanos, inventando sospechas de fraude que, independientemente de los hechos (que incluso podrían existir), para surtir efecto tienen que formularse de la manera más extrema y delirante. Ya en la campaña electoral de 2016 Trump había abordado este tema y la lección había sido seguida por sus alumnos predilectos (a quienes considera amigos personales), Rodrigo Duterte de Filipinas y Jair Bolsonaro de Brasil. Este último dijo en septiembre de 2018:
“No acepto un resultado diferente de mi elección”. Sin embargo, muchos de los alumnos restantes estuvieron muy atentos esa madrugada. Entre otros, Recep Tayyip Erdoğan, en Turquía y, en Egipto, Abdel Fattah al-Sisi, que Trump considera “mi dictador favorito”, así como Narendra Modi en la India. Otro alumno atento fue Yoweri Museveni, el presidente de Uganda, que está en el poder desde 1986 y tiene la intención de volver a presentar su candidatura el próximo año. En Europa, la clase fue numerosa e incluyó a Viktor Orbán, Matteo Salvini, Marine Le Pen, Santiago Abascal y André Ventura.
2. Transformar mayorías en minorías. Cada vez que las mayorías electorales no favorecen la causa fascistizante, es urgente convertirlas en minorías sociológicas. De esta manera, las elecciones pierden legitimidad y la democracia se convierte en una maniobra de los grandes intereses económicos y mediáticos. El alumno portugués, André Ventura, aprendió esta lección más rápido que cualquier otro. En declaraciones concedidas al diario Expresso (7-11), declaró sobre la victoria de Biden: “Me temo, sin embargo, que haya ganado la voz de las minorías que prefieren vivir a costa del trabajo de los demás”.
3. Dobles criterios. Nada de lo que es desfavorable para la causa puede evaluarse con los mismos criterios que se aplican a lo que resulta favorable. Por ejemplo, si se sabe con gran probabilidad que la gran mayoría de los votos por correo son a favor de la causa fascistizante, estos deben considerarse no solo legales, sino especialmente recomendables en tiempos de pandemia. De lo contrario, hay que insistir en que son un instrumento de fraude que priva a los votantes del momento único de proximidad física y social a la democracia. La prueba del supuesto fraude no importa, siempre que la sospecha sea lanzada de inmediato y con la invención de estrategias fraudulentas imaginarias.
4. Nunca hay que hablar ni gobernar para el país, sino siempre y solo para la base social. Esta lección es crucial porque es la que más directamente contribuye a socavar la legitimidad de la democracia. Si la lógica es promover una corriente de opinión antisistema, no tiene sentido gobernar para quienes, a pesar de tener quejas, aún no han renunciado a verlas atendidas por el sistema democrático. Idealmente, la base social debería ser al menos del 30% y cultivar su lealtad de manera inequívoca en el tiempo, tanto en la oposición como en el Gobierno. El contacto con la base debe ser directo y permanente. La base permanecerá unida y organizada en la medida en que deje de confiar en otra fuente de información. A partir de ahí, los hechos que desmienten al líder dejan de ser relevantes. A lo largo de cuatro años, Trump fue capaz de mantener su base, como Orbán en Hungría y Modi en la India. Lo mismo puede decirse de Bolsonaro.
La autoestima de la base social es el único servicio político serio. Los eslóganes que invocan la autoestima y la grandeza deben reciclarse. “Make America Great Again” fue utilizado antes por Ronald Reagan. Las consignas de las dictaduras también se pueden reciclar, sobre todo porque con el tiempo estas se fueron legitimando. El reciclaje puede ser integral (“Brasil: ámalo o déjalo”) o modificarse (en lugar de “Angola es nuestra”, “Portugal es nuestro”).
5. La realidad no existe. El líder muestra control de los hechos principalmente (1) cuando detiene la realidad supuestamente adversa, o (2) cuando, al no poder detenerla, le quita todo su dramatismo. Trump mostró el camino: detiénese la pandemia si de deja de hablar de ella, y para dejar de ser grave, basta dejar de hacer pruebas intensivas. Tener miedo a la pandemia es un signo de debilidad. Trump quiso salir del hospital con la camiseta de Superman; según Bolsonaro, tener miedo a la pandemia es cosa “de maricas”. A su vez, la pandemia se devalúa comparándola con las pandemias que generó el sistema (desempleo, pérdida de soberanía, falta de acceso a los servicios de salud, etc.) o, en versión tropical, apelando a la fatalidad de la muerte (Bolsonaro: “algún día moriremos todos”).
Como para el fascismo la mentira es tan verdadera como la verdad, cuanto más dramático sea el contraste de la invención con la realidad, tanto mejor. Ejemplos de verdades “irrelevantes”: la administración Trump aumentó en lugar de reducir las desigualdades sociales; durante la pandemia, la riqueza de los multimillonarios aumentó en 637 mil millones; en los últimos meses, 40 millones de estadounidenses perdieron sus trabajos; 250.000 murieron con Covid-19, la tasa de mortalidad más alta del mundo; la hambruna en las familias se triplicó desde el año pasado y el aumento de niños desnutridos fue del 14%; se ha levantado la moratoria sobre los desalojos y millones pueden ser lanzados a la calle. Todo lo que no se puede negar es natural o humanamente incontrolable. El altísimo número de muertes en Brasil es obra del destino y lo mismo ocurre con los incendios en la Amazonía, ya que, por definición oficial, los incendios son incontrolables y nadie es responsable de ellos.
6. El resentimiento es el recurso político más preciado. Gobernar contra el sistema es imposible, dado que parte del propio sistema es el que financia el fascismo 2.0. Por eso, es fundamental ocultar las verdaderas razones del descontento social y hacer creer a las víctimas del sistema que los verdaderos agresores son otras víctimas. La base organizada quiere ideas simples y juegos de suma-cero, es decir, ecuaciones intuitivas entre quién gana y quién pierde. Por ejemplo, el aumento del desempleo se debe a la entrada de inmigrantes, aunque sea mínima y realmente irrelevante; hay que hacer creer al trabajador blanco empobrecido que su agresor es el trabajador negro o latino aún más empobrecido que él; la crisis de la educación y de los valores se debe a la astucia de los pobrecillos que, gracias a los “empresarios de los derechos humanos”, tienen más derechos, sean mujeres, homosexuales, gitanos, negros, indígenas. No faltan chivos expiatorios; solo es necesario saber cómo elegirlos. Ésta es la habilidad máxima del líder fascista.
La política del resentimiento requiere, además de chivos expiatorios, teorías de la conspiración, demonización de los oponentes, ataque sistemático a los medios de comunicación, a la ciencia y a todo el conocimiento que invoque una pericia especial, la incitación a la violencia y el odio para eliminar argumentos, la auto-glorificación del líder como único defensor confiable de las víctimas.
7. La política tradicional es el mejor aliado sin saberlo. Desde el momento en que la alternativa socialista desapareció del escenario político, la política perdió credibilidad como ejercicio de convicciones. Ese momento coincidió con el fortalecimiento del neoliberalismo como nueva versión del capitalismo. Esta versión, una de las más antisociales de la historia del capitalismo, provocó la destrucción o erosión de las políticas de protección social y de las clases medias donde existían, la creciente concentración de la riqueza y la aceleración de la crisis ecológica. Los valores liberales de la Revolución Francesa (libertad, igualdad, fraternidad) fueron perdiendo sentido para la gran mayoría de la población, que se considera abandonada, marginada, sea cual sea el partido en el poder. Con el descrédito de los valores liberales, perdieron sentido las ideologías democráticas asociadas a ellos, como la convivencia pacífica, el respeto a los adversarios políticos, la moderación y contradicción en la argumentación, la rotación del poder, el acomodo y la negociación. Estos valores e ideologías, que siempre han correspondido a la experiencia práctica de solo una pequeña porción de la población, son ahora basura histórica que hay que barrer. El vacío de los valores permite tanto el desprecio por la verdad como la imposición de valores alternativos, como la prioridad de la familia, la jerarquía de razas, el nacionalismo étnico-religioso, el mito de la edad de oro, aunque el pasado haya sido, en realidad, de plomo. Este es el caldo de cultivo para la cultura de la polarización.
8. Polarizar, polarizar siempre. El centrismo político murió y solo la radicalización compensa. En las circunstancias actuales, la polarización siempre refuerza a la derecha y a la extrema derecha. La polarización ya no es entre izquierda y derecha. Es entre el sistema (deep state) y las mayorías desheredadas, entre el 1% y el 99%. Esta polarización fue intentada en los últimos años por la izquierda institucional y extrainstitucional, pero alguna de ellas acabó sometiéndose servilmente a las instituciones. Cuando se rebeló, fue neutralizado. Esto no le puede pasar al fascismo 2.0 porque sencillamente, lejos de estar en contra del 1%, es financiado por él. La polarización contra el 1% es meramente retórica y pretende disfrazar la verdadera polarización, entre la democracia y el fascismo 2.0, para que el fascismo prevalezca democráticamente. La vieja derecha piensa que domestica a la extrema derecha, pero, de hecho, sucederá lo contrario. Un ejemplo portugués: el partido de centro derecha, PSD (Partido Social Demócrata), está dispuesto a asociarse con el partido Chega, de extrema derecha, “si este se modera”. Respuesta inmediata del líder de Chega: no es Chega el que se va a moderar, es el PSD el que se va a radicalizar. En este caso, el aprendiz del fascismo 2.0 es el mejor profeta de la época.
Categoría: Columnas de opinion
FASCISMO 2.0: CURSO INTENSIVO- BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS
LA JEP, LA FISCALIA Y DUQUE FRENTE AL CRIMEN DE ÁLVARO GOMEZ HURTADO- Freddy Ordóñez Gómez
Como es de público conocimiento, la Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad (SRVR) de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) dio a conocer el pasado 3 de octubre que recibió el 25 de septiembre una carta en la que miembros del antiguo Secretariado de las FARC-EP, ofrecen aportar verdad esclarecer los hechos ocurridos y asumir tempranamente la responsabilidad sobre seis homicidios cometidos entre los años 1987 y 2002, dentro de los que se encuentra el del político conservador Álvaro Gómez Hurtado, homicidio que el mismo partido FARC señala como una de las más desgarradoras noticias de la historia política del país, reconociendo que fue un error.
Ahora bien, el miércoles 7 de octubre, mediante el comunicado 134 de 2020, la SRVR de la JEP decidió llamar a versión voluntaria a Rodrigo Londoño Echeverri y a Julián Gallo Cubillos, además, solicitó a la Fiscalía General de la Nación la remisión de las copias de los expedientes en su poder, sobre los seis homicidios. Ese mismo día, el ente investigador informó que continuará con la práctica de pruebas en el caso Álvaro Gómez Hurtado, incluyendo la práctica de una declaración jurada a los dos integrantes del partido FARC que la Jurisdicción llamó a versión voluntaria.
A lo anterior, se suman las declaraciones del presidente Iván Duque indicando, por una parte, que la Fiscalía todavía tiene competencia sobre el crimen de lesa humanidad, ya que Iván Márquez, exmiembro del Secretariado de la guerrilla, fue excluido de la JEP; y por otro lado, que el senador Julián Gallo Cubillos, como consecuencia de la aceptación del homicidio, no debería poder “ejercer ninguna representación parlamentaria”.
Frente a este escenario desplegado desde el 3 de octubre, es necesario hacer algunas precisiones. En primer lugar, de acuerdo con su competencia material establecida en los artículos transitorios 5 y 6 incluidos en la Carta Política con el Acto Legislativo 01 de 2017, la JEP conocerá de manera prevalente, preferente y exclusiva de los delitos cometidos por causa, con ocasión o en relación con el conflicto armado. Acá, la Constitución es clara: la Jurisdicción tiene competencia sobre cualquier crimen cometido con relación a la confrontación armada. Ahora bien, según el artículo 62 de la Ley 1957 de 2019, esta competencia material será independiente de “la calificación jurídica que se le haya otorgado previamente a la conducta”. Así, aunque el homicidio de Álvaro Gómez Hurtado fue considerado como crimen de lesa humanidad por la Fiscalía, es la JEP la que tiene competencia en el caso, pudiendo incluso llegar a revisar dicha calificación. Esto último es importante, en tanto la Fiscalía procedió a hacer ésta con el fin de evitar la prescripción del crimen, pero, debe recordarse que el asesinato es considerado crimen de lesa humanidad por el Estatuto de Roma cuando se comete “como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque”, lo cual no se ajusta al caso analizado.
Como segundo aspecto, es necesario indicar que la Sala de Reconocimiento de la JEP, recibe declaraciones de aporte de verdad y reconocimiento de responsabilidad, individuales y/o colectivas, como las que se abren con la carta enviada por los miembros de la antigua guerrilla. Así mismo, también establece la ley 1957 de 2019, que debe recibir de la Fiscalía “la totalidad de investigaciones efectuadas respecto de la conducta imputada”. Ésta es la verdadera colaboración armónica institucional que demanda la justicia transicional creada con el Acuerdo de La Habana y a la que se debe orientar el accionar no solo del Fiscal General, sino también del presidente Duque.
En tercer lugar, debe advertirse que el Acto Legislativo 01 de 2017 indica que cualquier sanción en la JEP no inhabilitará para la participación en política ni limitará el ejercicio de ningún derecho, activo o pasivo de participación política. En este sentido, si una sentencia de la JEP no puede afectar derechos de participación política, no hay posibilidad de que pueda hacerlo una carta de aporte a la verdad y reconocimiento de responsabilidad. Así, el senador Julián Gallo Cubillos puede seguir ejerciendo la actividad parlamentaria sin impedimento legal.
Finalmente, que el llamado de la JEP sea solo a dos exmiembros del secretariado, parece indicar que en éstos se concentrará la responsabilidad del mando. Esto es, en el último comandante en Jefe de la guerrilla y el comandante de la Red Urbana Antonio Nariño. Habrá que esperar si después de esta versión voluntaria la Jurisdicción llama también a los otros firmantes de la misiva, Pablo Catatumbo y Pastor Álape, o a los otros excomandantes de la guerrilla que suscriben el comunicado difundido por el partido FARC el 3 de octubre. En cualquier caso, las estipulaciones sobre responsabilidad de mando en la Ley 1957 llevan a pensar que no todo el antiguo secretariado será vinculado con los hechos, en tanto las mismas señalan que ésta no podrá fundarse “exclusivamente en el rango o la jerarquía”.
No se puede permitir que, después de 25 años sin resultados en la justicia ordinaria, el actual Gobierno y la Fiscalía vengan a obstaculizar lo que la JEP pueda llegar a hacer en el caso del homicidio de Álvaro Gómez Hurtado. La Jurisdicción debe tener plenas garantías para su accionar.
* Abogado, Magister en Derecho con profundización en Derechos Humanos y DIH. Presidente del Instituto Latinoamericano para una Sociedad y un Derecho Alternativos (ILSA). Miembro del Centro de Pensamiento y Diálogo Político, CEPDIPO. Profesor de la Maestría en Derechos Humanos y Gobernanza de la Universidad Cooperativa de Colombia.
Columna tomada de El Espectador https://www.elespectador.com/colombia2020/opinion/la-jep-la-fiscalia-y-duque-frente-al-crimen-de-alvaro-gomez-hurtado/?cx_testId=17&cx_testVariant=cx_1&cx_artPos=0