Biodiversidad, Crisis climática y Derechos Humanos…
Desde ILSA estuvimos apoyando y participando en el panel Biodiversidad, Crisis climática y Derechos Humanos convocado por la PCDHDD. Es relevante mencionar que este espacio trajo a la COP-16 las voces de las organizaciones territoriales que no pudieron participar por falta de garantías, pero además provocó una deliberada conversación entre participantes indígenas y campesinos que se sumaron a la preocupación de que se logren mayores compromisos en la zona azul para que se cumplan las metas propuestas y este deje de ser un espacio global para mercantilizar la naturaleza.
Moderamos panel sobre ecosistemas y transiciones justas…
El pasado 23 de octubre en la COP 16 estuvimos moderando el panel La relación simbiótica de los bosques de robles, los páramos, la ciénaga y la biodiversidad: un aporte a las transiciones justas y la justicia climática, donde algunas de las panelistas fueron mujeres jóvenes del Páramo de Pisba y el Lago de Tota que hacen parte de los procesos territoriales que ILSA acompaña. De igual forma, estuvimos en esta jornada con nuestra coparte The Primate’s World Relief and Development Fund, PWRDF, y nuestra organización aliada ComunicArte.
Nuestra directora ejecutiva asistió a varios eventos sobre mujeres rurales y ambientalistas…
Nuestra directora ejecutiva, María Eugenia Ramírez Brisneda, ha asistido a varios conversatorios, foros y mesas de mujeres, al igual que al Encuentro Internacional ECOOVIDA 2024, eventos centrados en los aportes de las mujeres rurales, las defensoras ambientales, el liderazgo de las mujeres en el cuidado de la naturaleza, la construcción de paz, la justicia ambiental y el cuidado de la vida; espacios donde se ha destacado el ecofeminismo y sus apuestas políticas, los riesgos del liderazgo de las mujeres y su participación en los diálogos de paz.
“Han sido encuentros variados y diversos en los que tuvimos la oportunidad de compartir las experiencias y el trabajo de ILSA”, indicó María Eugenia para nuestro equipo de comunicaciones.
También hizo presencia en el conversatorio Hacia las agendas de paz: abordando los conflictos ambientales en el Bajo Atrato, organizado por el CINEP/PPP y la plataforma Vamos Por La Paz, de la que ILSA es parte.
En el año 1992, durante la Cumbre para la Tierra o Cumbre de Rio, se crea el Convenio sobre la Diversidad Biológica con el fin de construir un instrumento internacional que conduzca a un futuro sostenible y de acceso democrático a los beneficios derivados de los recursos genéticos. Actualmente este convenio está ratificado por 196 países y fue adoptado por Colombia a través de la Ley 165 de 1994. El 29 de octubre de 2010 en vista de los múltiples desafíos en términos del acceso justo a los beneficios de la diversidad biológica, se adopta como acuerdo complementario el Protocolo de Nagoya para la transparencia jurídica a proveedores y usuarios de recursos genéticos. El protocolo prioriza aspectos como el intercambio de información, la participación activa de comunidades indígenas y comunidades rurales, el consentimiento fundamentado previo, la educación ambiental y el acceso a la justicia. Colombia a la fecha no ha ratificado el protocolo, sin embargo, durante la COP 15, que se realizó en diciembre de 2022 en Canadá, la ministra de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, Susana Muhamad, declaró públicamente que Colombia ratificará el protocolo para el fortalecimiento de la gobernanza de comunidades locales.
Según la normatividad colombiana, los recursos genéticos son material de naturaleza biológica con información genética, divididos en grupos de utilidad real o utilidad potencial, determinados especialmente en la Ley 165 de 1994. Estos recursos genéticos son hallados en múltiples dimensiones de la biodiversidad como genes, especies, ecosistemas, poblaciones, entre otros, y son recursos naturales de la nación. Los recursos genéticos tienen finalidades distintas: por un lado, está la investigación; y, por otro lado, está la comercialización de productos. También existen diferentes actores alrededor de su uso como centros de investigación, universidades, gobiernos y empresas privadas. Para la normatividad y sus instituciones, dichos recursos representan bienes y servicios que sirven de diferentes maneras a los seres humanos: alimentación, salud/medicina natural, materia prima, y de maneras más tecnológicas como materias primas ultra procesadas y transformadas, dichas tecnologías traen consigo el cubrimiento de necesidades, hoy catalogadas como básicas, y novedades en los mercados internacionales.
Las mujeres en el acceso justo a los recursos genéticos
Aunque en muchos países de América Latina y el Caribe existe un avance en cuanto a leyes y políticas para avanzar en el reconocimiento social y político de los conocimientos tradicionales, la propiedad intelectual y estrategias para un futuro sostenible, son pocos los esfuerzos que se han dado en la practicidad del asunto. Es decir, en el avance de recursos para dichos programas o el desarrollo de metodologías con participación ciudadana. La excepción son Costa Rica y Panamá que evidencian avances más específicos y adelantados en materia social respecto al uso de la biodiversidad. Aun así, con el desarrollo en normativas regionales y locales para estos temas, no existe una articulación visible con instrumentos, herramientas o enfoques que permitan evidenciar en materia de género cuales son los avances o barreras que existen en el acceso justo a los recursos genéticos, y en esa medida nace la pregunta por ¿Dónde están las apuestas y planteamientos de las agendas de mujeres sobre el aprovechamiento de la biodiversidad y los recursos genéticos? ¿Están las mujeres participando en la toma de decisiones sobre la disposición de los recursos genéticos? En caso de que la participación sea activa, ¿Cuáles son las mujeres que están participando? Entendiendo que la mayoría de las mujeres que utilizan los recursos genéticos de la biodiversidad y los reivindican de múltiples maneras son mujeres indígenas, afro y campesinas, en ese sentido ¿La participación parte de mecanismos y enfoques diferenciales/interseccionales y de un análisis de la matriz de dominación?
Las mujeres son reconocidas como usuarias de la biodiversidad, especialmente las mujeres campesinas, indígenas y afro; sin embargo, son también poseedoras y sabedoras de conocimientos tradicionales de la naturaleza que construyen a partir de las experiencias comunitarias, y que terminan recogiendo estrategias para combatir el hambre y la pobreza. Las mujeres en Latinoamérica y el Caribe, a pesar de no contar con tierras a título propio, vienen trasmitiendo sus conocimientos ancestrales en cuanto a gestión y conservación de la biodiversidad, desde sus cultivos diversificados y fundamentados en la agroecología y la agricultura orgánica (la mayoría en pequeñas parcelas) y la conservación de semillas y medicinas ancestrales. Lo que sabemos hoy de las agendas internacionales sobre acceso democrático a los recursos genéticos es que las mujeres que habitan la ruralidad y quienes son las principales sabedoras de la biodiversidad no están siendo reconocidas en las políticas públicas, ni en el nivel de investigación científica, ni en las acciones vinculadas a programas y estrategias para conservación y acceso democrático. Una de las problemáticas más grandes, y que no ha sido contemplada a profundidad en las herramientas e instrumentos internacionales que velan por la conservación de la biodiversidad, es que las personas, especialmente mujeres, defensoras/protectoras de diferentes ecosistemas no tienen acceso a tierra ni a fuentes financieras, lo que impide que desarrollen sus apuestas por la soberanía, la seguridad y la autonomía alimentaria, pero además por la conservación de la biodiversidad con el manejo adecuado de recursos genéticos y los saberes ancestrales de las comunidades, lo que amplía la discusión al asunto del derecho al acceso a la tierra de las comunidades rurales para poder conservarla.
Retos de la COP 16
La COP 16 que se adelanta en Colombia pone sobre la mesa diferentes temas y paneles en la franja verde, con la finalidad de dar paso a la participación de las comunidades y organizaciones sociales, entre estos paneles se encuentra el de los recursos genéticos y género, abriendo la posibilidad de dialogar sobre cuestiones como la perspectiva femenina de paz con la naturaleza, ecoturismo en parques nacionales, plan nacional de semillas, combustibles alternativos, diversidad genética, acción climática, derechos ambientales y sociales, entre otros. Las discusiones anteriormente planteadas en este articulo traen consigo múltiples restos en el abordaje y participación de las mujeres y sus comunidades en cuanto a la concepción, aprovechamiento y conservación de recursos genéticos, la principal pregunta que nos atañe es ¿Cuáles serán las estrategias de articulación entre instrumentos internacionales, Estados y comunidades organizadas para el avance en asuntos de acceso justo y respetuoso a recursos genéticos que contengan perspectivas territoriales y de género?
El reto también converge en tres puntos que expone el Protocolo de Nagoya y que denomina fundamental para el papel que desempeñan las mujeres en el ejercicio de conservación de la biodiversidad, “(i) preservación del conocimiento tradicional (Art. 12); (ii) aumento de las capacidades de las mujeres (Art. 22); y (iii) el acceso a recursos financieros (Art 25).” (Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbelt (GIZ) GmbH, 2018). Esta última es de vital urgencia para las organizaciones de mujeres en Colombia, porque, aunque existen múltiples agendas y estrategias para la conservación, el problema principal radica en el acceso a recursos económicos y el acceso a tierras.
Para finalizar, parte fundamental de la discusión, y que muchas veces no es tenida en cuenta en las agendas internacionales para la sostenibilidad, tiene que ver con que las mujeres que están cercanas a los recursos genéticos derivados de la biodiversidad, diferente a las visiones de las instituciones y los Estados, muchas veces no perciben a la naturaleza como recursos que les sirven a la humanidad, o como bienes que brindan servicios a las personas, puesto que su relación con la biodiversidad se construye a partir de la reciprocidad y de manera relacional no dualista, su interés principal no surge de la conservación por la supervivencia de la vida humana, sino de la conservación por reconocimiento y respeto a la naturaleza como el centro de la vida en el planeta. Ya bien lo han dicho múltiples naciones y pueblos indígenas, lo han ratificado las críticas a la colonialidad y la potencia extractivista y neoextractivista, y resuena hoy en día a través de los feminismos del Sur global: si las agendas internacionales no le apuestan al cuidado como centro de la vida, (un cuidado que reconoce a la naturaleza y la biodiversidad como sujeto de derechos y no como recurso) no es posible pensarse un futuro sostenible.
Investigador y presidente de ILSA. Integrante del Centro de Pensamiento Amazonias (CEPAM) Twitter: @Freddy_Ordonez
Freddy Ordóñez Gómez*
El pasado 23 de octubre se conmemoró por primera vez el Día Nacional de Reconocimiento a las Mujeres Buscadoras de Víctimas de Desaparición Forzada, una fecha que quedó establecida en la Ley 2364 del 18 de junio de 2024, en homenaje al aporte que estas hacen a la consecución de la verdad, la justicia, la reparación, la no repetición, la memoria histórica, los derechos humanos y a la búsqueda de las víctimas de desaparición forzada.
En Colombia, según el tomo 4 del informe final Hay futuro si hay verdad de la Comisión de la Verdad 1, se estima que el universo de víctimas de desaparición forzada entre 1985 y 2016 es de 121.768 personas, pero pueden llegar a ser de 210.000, según la Comisión. El texto también reseña, citando al Centro Nacional de Memoria Histórica, cómo este crimen se desarrolló en 1.107 municipios del país, el 99 % de estas entidades político-administrativas. De otra parte, a nivel departamental, Antioquia presenta la mayor cantidad de casos de desaparición forzada entre 1985 y 2016 (23%), seguido del Valle del Cauca y Meta (7 %), y Bogotá (4 %).
El citado informe, presenta también una lectura temporal del delito. Así, señala que a finales de la década de 1970 hay un incremento en las desapariciones forzadas, como consecuencia de la Doctrina de Seguridad Nacional, el fortalecimiento de la inteligencia militar y la adopción del Estatuto de Seguridad por el gobierno de Julio César Turbay. Posteriormente, entre los años ochenta y noventa, la barbarie paramilitar implicó la desaparición forzada y asesinato de personas a través de prácticas que impedían el reconocimiento de las víctimas y el hallazgo de los cuerpos. Después de los hechos del Palacio de Justicia, entre 1985 y 1988, solo en Bogotá, los servicios de inteligencia desaparecieron a 259 personas, acusadas por estos de tener vínculos con grupos guerrilleros. Desde 1988, con la elección popular de alcaldes, se empezó a cometer este crimen como forma de eliminar a candidatos y a activistas de izquierda, consolidándose la desaparición forzada como una práctica contrainsurgente con participación de agentes estatales. Con la década de 1990 y la Estrategia Nacional contra la violencia del gobierno Gaviria, la expansión paramilitar de las ACCU y la conformación de las AUC, así como con el afianzamiento territorial de las guerrillas, el delito continuó implementándose, para finalmente encontrar dos picos en los años 2002 y 2007, durante la implementación de la política de seguridad democrática de Álvaro Uribe Vélez y en relación con la comisión de ejecuciones extrajudiciales; y tener hoy la continuidad de las desapariciones de la mano de los grupos armados surgidos con posterioridad a las AUC.
De acuerdo con la Comisión, el principal responsable de las desapariciones forzadas en el país ha sido el paramilitarismo, con 52 % de los 121.768 casos. Las víctimas abarcaron un universo muy amplio de personas: dirigentes y militantes de izquierda, integrantes de organizaciones guerrilleras, sindicalistas y líderes sociales y populares, población socialmente marginada, personas vulnerables y discriminadas, así como aquellas que no se adaptaban al orden impuesto por el actor armado; todos fueron desaparecidos, a todas y todos sus familiares los han estado buscando, ante una institucionalidad y una sociedad que durante mucho tiempo negó o invisibilizó estos crímenes.
Quienes padecieron el ocultamiento y el rechazo fueron los familiares, aquellos que buscaban a sus desaparecidos en medio de un clima de discriminación, revictimización e impunidad, siendo la búsqueda una labor fundamentalmente desplegada por mujeres: de acuerdo con la Fundación Nydia Erika Bautista, el 95 % de los casos de los territorios que acompaña, son mujeres quienes asumen la búsqueda de sus desaparecidos, son ellas las buscadoras, las “portadoras de la memoria de sus muertos y desaparecidos, [quienes] evitan que el resto de la sociedad caiga anestesiada por el olvido”2. De acuerdo con esta Fundación las principales protagonistas de la búsqueda son madres (59 %), seguidas por las esposas o compañeras de las víctimas (14 %), las hermanas (13 %) y las hijas (4 %); mujeres que en este trasegar han soportado además violencia de género, indefensión, desconocimiento de sus derechos y despojo de sus proyectos de vida, como muy acertadamente recuerda la exposición de motivos de la iniciativa legislativa base de la Ley 2364; pero no por ello han desistido:
El silencio y ocultamiento permanente y deliberado del paradero de las víctimas por los perpetradores durante años e incluso décadas, ha obligado a las madres, esposas, hermanas y otros familiares a «raspar la tierra» y «escarbar las orillas de ríos», con la esperanza de desenterrar la justicia. La vida cotidiana se transformó, ya no solo por los impactos de la desaparición forzada, sino por las exigencias diarias que implica buscar la verdad sobre los desaparecidos.3
Por este padecimiento y revictimización, se reconoció en la Ley 2364 a las mujeres buscadoras como sujetos de especial protección constitucional, debiendo el Estado desplegar una serie de deberes y medidas para su cuidado integral. De igual forma, con la norma es ahora deber del Estado garantizar su participación efectiva en las políticas públicas de paz y de construcción de la verdad, sensibilizar a los servidores públicos que las atienden y a la sociedad en general, prevenir y responder a los casos de violencia basada en género y otros delitos que se cometan contra ellas, generar información y adelantar un registro único de mujeres buscadoras, así como solicitar el reconocimiento mundial de las mujeres buscadoras de víctimas de desaparición forzada.
El 23 de octubre es un día para que la sociedad colombiana, cada año, reconozca que las mujeres buscadoras han hecho del amor por sus desaparecidos una lucha contra la impunidad, una fuerza que les permite abrazar al otro, a la otra, a ese desaparecido de alguien más, y juntarse colectivamente para hacer memoria, para ser reclamo, para reafirmarse como buscadoras, construir una identidad y un lugar político, para persistir y resistir, para llenarse de esperanzas.
Fuentes
1. COMISIÓN PARA EL ESCLARECIMIENTO DE LA VERDAD. (2022). Hay futuro si hay verdad. Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Tomo 4. Hasta la guerra tiene límites. Violaciones a los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivas. Bogotá: CEV.
2. COMISIÓN PARA EL ESCLARECIMIENTO DE LA VERDAD. (2022). Hay futuro si hay verdad. Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Tomo 7. Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armado. Bogotá: CEV, p. 252.
3. COMISIÓN PARA EL ESCLARECIMIENTO DE LA VERDAD. (2022). Hay futuro si hay verdad. Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Tomo 5. Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistencias. Bogotá: CEV, p. 273.
En ILSA nos sumamos a la COP 16, por eso, integrantes de nuestro equipo de investigadoras e investigadores, así como delegaciones de las comunidades y procesos organizativos de mujeres con los que trabajamos, ya nos encontramos en Cali para participar de las diferentes actividades que desde la sociedad civil se adelantan en el marco de la Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica en su decimosexta reunión.
Son de especial interés de ILSA las conclusiones que en esta conferencia se lleguen sobre la forma de alcanzar una Paz con la Naturaleza, así como el balance que se haga y las medidas que se adopten para la consecución de las Metas de actuación Kunming – Montreal para 2030, especialmente con relación a las metas:
Metas de especial interés para ILSA
Meta 1: Planificar y gestionar todas las zonas para reducir la pérdida de biodiversidad
Meta 3: Conservar el 30% de las tierras, aguas continentales y marinas
Meta 7: Reducir la contaminación a niveles que no sean perjudiciales para la biodiversidad
Meta 8: Minimizar el impacto del cambio climático en la biodiversidad y aumentar su resiliencia
Meta 10: Mejorar la biodiversidad y la sostenibilidad en la agricultura, la acuicultura, la pesca y la silvicultura
Meta 11: Restaurar, mantener y mejorar las contribuciones de la naturaleza a las personas
Meta 14: Integrar la biodiversidad en la toma de decisiones a todos los niveles
Meta 19: Aumentar considerable y progresivamente, de modo eficaz y oportuno, y con fácil acceso a fin de ejecutar las estrategias y planes de acción nacionales en torno a la diversidad biológica, Reforzando el papel de las acciones colectivas, incluidas las de los pueblos indígenas y las comunidades locales, las actuaciones centradas en la Madre Tierra y los planteamientos basados en criterios no mercantiles
Meta 21: Garantizar la disponibilidad y accesibilidad de los conocimientos para orientar las acciones en materia de biodiversidad
Meta 22: Garantizar la participación de todos en la toma de decisiones y el acceso a la justicia y a la información relacionada con la biodiversidad
Meta 23: Garantizar la igualdad de género y un enfoque con perspectiva de género en las acciones en materia de biodiversidad
Nuestro plan de trabajo institucional tendrá presente los balances, conclusiones, agendas, marcos de acción y medidas que se adopten en la COP 16, así como los compromisos que adquiera el gobierno colombiano para garantizar la participación de las comunidades locales, pueblos indígenas y afrocolombianos en la gestión y gobernanza de la biodiversidad, al iguql que en las orientaciones hacia un modelo económico que no priorice la extracción, sobreexplotación y contaminación de la naturalez.
Nuestra Agenda COP16
21 de octubre
Panel: Biodiversidad, crisis climática y derechos humanos
Hora: 12:30 PM
Lugar: Banco de occidente- Salón Café (Cra 3 #8-13 San Pedro)
Desde la Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (PCDHDD), de la que formamos parte, se organiza este panel en el que exponen Claudia Naranjo, del Grupo Guillermo Fergusson, y Luis Orlando Orozco, de Apopesca. Acompañamos a quienes exponen y a la plataforma en esta actividad.
23 de octubre
Panel:Relación simbiótica con el bosque de robles y su biodiversidad como aporte a las transiciones justas y la justicia climática
Hora: 3:30 PM
Lugar: Banco de la República – Sala de música (Cll. l7 #4-69 San Pedro)
En este panel, nuestra integrante del equipo de investigación, Mayerli Díaz, moderará un diálogo entre mujeres defensoras de derechos socioambientales, territoriales y ecofeministas, que contará además con la participación de dos mujeres jóvenes de los procesos acompañados por ILSA.
23 de octubre
Panel: Hacia las agendas de paz: abordando los conflictos ambientales en el Bajo Atrato
Hora: 12:30 PM – 1:15 PM
Lugar: Banco de la República, sala de música. Cali, Colombia
Desde la Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (PCDHDD), de la que formamos parte, se organiza este panel en el que exponen Claudia Naranjo, del Grupo Guillermo Fergusson, y Luis Orlando Orozco, de Apopesca. Acompañamos a quienes exponen y a la plataforma en esta actividad.
25 al 27 de octubre
Estaremos participando del Encuentro Nacional Ambiental. Territorio, autonomía y biodiversidad. Evento que convocamos junto con diferentes procesos organizativos de la sociedad civil, para dialogar sobre las problemáticas ambientales del orden global y regional, sobre los espacios vitales y las luchas que desarrollan las comunidades y organizaciones en los territorios.
LSA participa en la COP 16 en Cali, enfocándose en metas de biodiversidad y organizando eventos sobre crisis climática y derechos humanos.
COPsulas
Asistimos a panel sobre Biodiversidad, Crisis climática y Derechos Humanos…
Desde ILSA estuvimos apoyando y participando en el panel Biodiversidad, Crisis climática y Derechos Humanos convocado por la PCDHDD. Es relevante mencionar que este espacio trajo a la COP-16 las voces de las organizaciones territoriales que no pudieron participar por falta de garantías, pero además provocó una deliberada conversación entre participantes indígenas y campesinos que se sumaron a la preocupación de que se logren mayores compromisos en la zona azul para que se cumplan las metas propuestas y este deje de ser un espacio global para mercantilizar la naturaleza.
Moderamos panel sobre ecosistemas y transiciones justas…
El pasado 23 de octubre en la COP 16 estuvimos moderando el panel La relación simbiótica de los bosques de robles, los páramos, la ciénaga y la biodiversidad: un aporte a las transiciones justas y la justicia climática, donde algunas de las panelistas fueron mujeres jóvenes del Páramo de Pisba y el Lago de Tota que hacen parte de los procesos territoriales que ILSA acompaña. De igual forma, estuvimos en esta jornada con nuestra coparte The Primate’s World Relief and Development Fund, PWRDF, y nuestra organización aliada ComunicArte.
Nuestra directora ejecutiva asistió a varios eventos sobre mujeres rurales y ambientalistas…
Nuestra directora ejecutiva, María Eugenia Ramírez Brisneda, ha asistido a varios conversatorios, foros y mesas de mujeres, al igual que al Encuentro Internacional ECOOVIDA 2024, eventos centrados en los aportes de las mujeres rurales, las defensoras ambientales, el liderazgo de las mujeres en el cuidado de la naturaleza, la construcción de paz, la justicia ambiental y el cuidado de la vida; espacios donde se ha destacado el ecofeminismo y sus apuestas políticas, los riesgos del liderazgo de las mujeres y su participación en los diálogos de paz.
“Han sido encuentros variados y diversos en los que tuvimos la oportunidad de compartir las experiencias y el trabajo de ILSA”, indicó María Eugenia para nuestro equipo de comunicaciones.
También hizo presencia en el conversatorio Hacia las agendas de paz: abordando los conflictos ambientales en el Bajo Atrato, organizado por el CINEP/PPP y la plataforma Vamos Por La Paz, de la que ILSA es parte.
*Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial. Texto enviado a OtherNews por el autor, el 21.02.23
os últimos tiempos han dado muchos motivos para el pesimismo. Han sido muchas y muy fuertes las amenazas a tres fuentes de estabilidad y civilidad en las relaciones sociales: la democracia, la paz y la garantía mínima de sostenibilidad ecológica. El espíritu del tiempo, al tiempo que degrada las instituciones, las relaciones entre los ciudadanos y el Estado y las relaciones entre los Estados, degrada también las relaciones entre las personas en los lugares de trabajo, las comunidades y las familias y, por último, degrada las relaciones entre la vida humana y la vida no humana, que comúnmente llamamos naturaleza, como lo demuestran los fenómenos meteorológicos extremos, cada vez más frecuentes y extremos.
Pero como es propio de los humanos, en medio de la tormenta hay señales de calma, en el túnel más profundo de la angustia hay esperanza en la luz al final del túnel, en medio de la opresión siempre hay alguien que resiste, en medio del conformismo siempre hay alguien que dice no, como nos cantaba el fallecido cantante de la resistencia antifascista en Portugal, Adriano Correia de Oliveira. En «tiempos oscuros», título de un libro de Hannah Arendt, necesitamos valorar todo lo que pueda rescatar la dignidad de la vida humana. Al fin y al cabo, el gran enigma es que existimos en lugar de no existir. En un universo en el que han tenido que coincidir tantas cosas para que surjan seres particularmente conscientes, seres que son conscientes de la existencia de su propia conciencia y reflexionan sobre ella.
En política, el mundo ha sido parco en proporcionarnos líderes que despierten nuestra particular admiración. La pequeña política de los negocios y de las crisis actuales y permanentes invita a la aparición de políticos pequeños, a veces muy pequeños. Esta tercera década del milenio ha sido especialmente parca y, por ello, merecen especial atención los líderes que destacan.
En el contexto actual, hay dos tipos posibles de políticos competentes. El primer tipo se refiere a los políticos que gestionan de la mejor manera posible la política actual que les imponen las fuerzas políticas nacionales e internacionales. Esta debería ser la obligación de cualquier buen dirigente político en los tiempos que corren. Por poner algunos ejemplos, creo que el mejor ejemplo a nivel nacional, que yo sepa, es el Presidente Lula da Silva de Brasil, sobre todo porque lo está haciendo en las peores condiciones posibles (hegemonía social y mediática de la derecha y un Congreso mayoritariamente de derechas). En materia de política internacional, dos líderes políticos portugueses competentes entran en esta categoría: António Guterres, Secretario General de la ONU, y António Costa, Presidente electo del Consejo Europeo. Cualquiera de estos políticos (sólo podemos especular sobre António Costa) puede considerarse un líder competente dentro del campo de maniobra autorizado que se les ha otorgado. Son líderes competentes en la gestión del pasado porque presiden formas de institucionalización nacional o internacional que, como he dicho, muestran signos de estar al borde del colapso, ya sea el colapso de la democracia o el colapso de la paz. Corren el riesgo de ser los sepultureros de las instituciones que fueron elegidos para salvar.
Por esta razón, la atención debe centrarse en el otro tipo de políticos, los buenos políticos del futuro, los políticos que se atreven a comprometerse públicamente con cuestiones que van más allá del campo de maniobra que las fuerzas políticas nacionales e internacionales quieren imponerles. Son los políticos que utilizan su posición para ampliar el estrecho margen de las libertades autorizadas. Estos políticos corren graves riesgos precisamente por la desobediencia civil y política que conlleva su práctica.
Para mí, el líder político más distinguido del mundo es Gustavo Petro, Presidente de Colombia. Conozco al Presidente Petro desde hace muchos años, pero tengo que decir que me sorprendió cuando leí su primer discurso en la primera Asamblea General de la ONU a la que asistió. Era la primera vez que oía al presidente de un país hablar con tanta competencia técnica y convicción política sobre el gran problema tabú de nuestro tiempo: la probabilidad de la sexta extinción, la extinción de la especie humana debido a la catástrofe ecológica que se avecina. Demostró claramente que si no dejamos de consumir gas, petróleo y carbón, la humanidad corre el riesgo de extinguirse.
Podemos imaginar la amenaza que esto supone para todos los intereses económicos, políticos y financieros y para los poderes que los representan. Este es el tema más radicalmente vetado por las fuerzas políticas internacionales que controlan la agenda política mundial (y por tanto la de la ONU) sobre el cambio climático y su rosario de COPs periódicas e inútiles. Es el tema que por excelencia va más allá de las libertades autorizadas porque desafía el (des)orden capitalista y neocolonialista dominante. Fue uno de los discursos más importantes pronunciados en el gran auditorio de la ONU desde su fundación.
A partir de ese momento, sentí que Petro era un político marcado por los poderes dominantes del mundo, un blanco a abatir. Le dieron un poco más de tiempo, esperando que su discurso fuera una manifestación fugaz, una vanidad pasajera de un político nuevo en la escena internacional con ganas de hacerse un nombre. Lo cierto es que Gustavo Petro ha mantenido el mismo discurso en todas las reuniones internacionales a las que ha asistido, y lo ha hecho cada vez con mayor habilidad y vehemencia. Como consecuencia, ha tenido algunos momentos de fricción con algunos de sus aliados continentales más importantes, en particular con Lula da Silva.
Su más reciente e incisivo discurso tuvo lugar el 27 de septiembre en el congreso organizado por la corte constitucional en la ciudad de Manizales. Es un discurso antológico. Cito un paso especialmente importante:
“En la reunión de Davos (Suiza) de hace dos años, donde me invitaron la gente que llegaba allí, que dicen ser los ricos del mundo, súper ricos, le llaman ahora, billonarios, con ‘b’ larga, por la enorme cantidad de dinero que han acumulado, expresaban en sus propias palabras que la humanidad estaba viviendo una pluricrisis, fue el nombre que se inventó: la pluricrisis. Varias crisis al mismo tiempo.
Recién pasábamos el covid, la enfermedad, existía en ese momento, como lo sufrimos aquí en Colombia, una escasez alimentaria que llevó a un crecimiento del hambre en todo el mundo por el precio de los insumos y de los alimentos mismos a escala mundial, originó la inflación en Colombia en el traspaso del gobierno, vivíamos la guerra que comenzaba Ucrania, vivíamos el colapso climático, lo vivimos aún, lo colocaban como una más de las crisis y el estancamiento económico. Las cinco crisis que dilucidaron en medio de su club social, que a través de medios de comunicación se expresan como ideas de la gente que más ha acumulado capital en el mundo hacia la humanidad.
Cinco crisis al mismo tiempo que, en mi opinión, están relacionadas y que ameritan un análisis pormenorizado de cada una de ellas, que no podríamos ahora, sino el por qué están interrelacionadas, ¿Por qué la guerra? ¿Por qué el hambre? ¿Por qué la pobreza y la desigualdad social que conlleva? ¿Por qué el estancamiento económico? Se correlacionan con el colapso climático que ya no llamo crisis.
Colapso climático
Ha cambiado el nombre, porque hace unos años se llamaba el cambio climático, no daba la noción de lo que significaba un simple cambio de clima que cualquier colombiano experimenta en un día, simplemente yéndose de viaje en su propio país, hacia el concepto de crisis climática mucho más descriptivo de lo que pasa.
Pero, a partir del comienzo de la quema de la selva amazónica en este mes, el concepto hay que desplazarlo de crisis a colapso, porque la quema de la selva amazónica, en la ciencia, es uno de los puntos de no retorno, concepto que ellos han construido, que nunca debimos haber alcanzado y ya lo estamos viviendo.
Este tema no lo pone en discusión la política, no es en el debate político, ni derechas ni izquierdas, que aparece el problema del colapso climático en la discusión humana.
Lo pone la ciencia y cuando la ciencia es la que inicia un debate es porque en realidad la política y los sistemas de ideas alrededor de la política, de la discusión política, se han quedado atrás completamente, han sido desfasadas. Yo le agregaría a la política la economía, mi profesión, porque es la economía la que genera la crisis o el colapso climático.
Y esto, digamos, es el punto central de este tema, no es como en las pasadas cinco extinciones de la vida en el planeta, que llevamos cinco, todas por razones climáticas, todas. Algún tipo de especie se salva y sobre esa se reproduce el siguiente ciclo vital hasta que llega un nuevo choque climático, desaparece y algo hace que aparezca una nueva especie, un nuevo sistema vital. Ha cambiado cinco y está la sexta vez en el planeta Tierra”.
Mientras el presidente Petro hablaba del punto de no retorno del colapso ecológico, sus enemigos políticos pensaban en otro punto de no retorno: acabar con su mandato presidencial mediante un golpe de Estado institucional, del tipo de los que derrocaron o inhabilitaron a otros presidentes progresistas en América Latina a partir de 2009: Manuel Zelaya en Honduras (2009), Fernando Lugo en Paraguay (2012), Dilma Rousseff (2016) y Lula da Silva en Brasil (2018), Evo Morales en Bolivia (2019), Rafael Correa en Ecuador (2020). Poco más de una semana después del discurso de Gustavo Petro en Manizales, el Consejo Nacional Electoral acusó al presidente Petro de fraude en la financiación de su campaña electoral de 2022, una acusación que podría llevar a la pérdida de su mandato presidencial por parte de la Camara de Representantes.
Hay muchas razones nacionales para esta movilización de los enemigos políticos de Petro, pero que no quepa duda de que a la lawfare o guerra jurídica que ahora comienza (o se manifiesta porque se viene anunciando desde hace tiempo) le seguirá la mediafare o guerra informativa y que la repercusión internacional que se le dará obedece a la necesidad de acallar una voz que estaba ganando demasiada credibilidad ante demasiada gente. Una voz y un mensaje que el capitalismo ha entendido mejor que nadie: la propuesta de Petro implica el fin del capitalismo y del neocolonialismo tal y como los conocemos hoy.
El capital internacional tiene una notable experiencia histórica en saber cómo engañar y dividir a la izquierda, y lo hará en este caso. Pero la experiencia histórica también nos demuestra que es mucho más difícil engañar al pueblo. Y en este caso, el pueblo colombiano conoce por experiencia propia, en sus comunidades, en sus bosques, en sus ríos, las consecuencias catastróficas de las que habla Petro. Si el pueblo colombiano se levanta en apoyo a Petro, el golpe fracasará. ¡No Pasarán!