Categoría: Boaventura de Sousa Santos

  • EUROPA, ESTADOS UNIDOS Y CHINA- Boaventura de Sousa Santos

    Las declaraciones del embajador estadounidense en entrevista con el diario Expresso del 26 de septiembre ofenden a los portugueses y violan los códigos diplomáticos. Amenazó que los Estados Unidos dejarían de considerar a Portugal como un aliado en cuestiones no solamente económicas sino también de seguridad si Portugal adoptara (así sea parcialmente) la tecnología 5G de Huawei. Sabemos que este es el estilo agresivo de injerencia en los asuntos internos de los países vasallos o”repúblicas bananeras”. Las declaraciones del embajador, sin embargo,
    tienen un tiempo y un contexto precisos.
    Como el objetivo geoestratégico de Estados Unidos es debilitar o desmantelar la UE (comenzó con el Brexit) para obligar más fácilmente a los países europeos a alinearse en la nueva guerra fría -la guerra contra China,Portugal es el objetivo exacto, no sólo porque se considera uno de loseslabones débiles de la UE,sino también porque presidirá la UE en los próximos meses. Las autoridades portuguesas han reaccionado de la única manera posible, pero las grandes decisiones son de la UE. ¿Qué decisión tienen que tomar? Europa se enfrenta a una bifurcación decisiva: o se fragmenta o profundiza su integración. El análisis que propongo se basa en la idea de que la integración es mejor que la fragmentación, suponiendo que sólo es posible profundizar la integración respetando la autonomía de cada país y democratizando las relaciones entre ellos.
    No viene al caso mirar aquí toda la larga tradición histórica que conecta Europa (especialmente el Mediterráneo) con China e India, miembros del mismo supercontinente, Eurasia, donde surgió la Edad de Bronce y dio lugar a la primera revolución urbana, unos tres mil años antes de nuestra era. Es suficiente recordar que durante muchos años ha habido comercio y tecnología en esta región y que, si en ciertos períodos prevaleció Occidente, en otros prevaleció Oriente. Esta alternancia pareció romperse a partir del siglo XV con el péndulo apuntando a la región europea. Con la expansión bloqueada por tierra por el Imperio Otomano, Europa se convirtió en el lugar de nacimiento de los imperios transatlánticos que tuvieron sucesivamente como protagonistas a Portugal, España, Holanda, Francia e
    Inglaterra. Un largo período que terminó en 1945 (en el caso de las colonias de Portugal, en 1975). Desde entonces, el único imperio digno del nombre ha sido el de los EE. UU. Hace unos años se ha hablado del declive de este imperio y del surgimiento del imperio chino, aunque sea discutible si Chinaya es (de nuevo) un imperio. Durante varios años, estudios de los servicios de inteligencia de los EE. UU (CIA) han previsto que China en 2030 será la primera economía del mundo.
    Todo nos lleva a creer que nos enfrentamos a un imperio descendiente y a un imperio ascendente. La pandemia ha llegado a dar una nueva intensidad a los signos que apuntan a esto. Entre ellos señalo los siguientes.
    En primer lugar, China fue una de las principales economías del mundo durante varios siglos hasta el comienzo del siglo XIX. Representaba entonces del 20% al 30% de la economía mundial. Desde entonces, su declive comenzó y en 1960 China representó sólo el 4% de la economía mundial. A partir de la década de 1970 China comenzó a resurgir, y hoy representa el 16%. La pandemia ha hecho aún más evidente que China es la fábrica del mundo. Mientras Donald Trump vocifera contra el “virus chino”, el personal médico y de enfermería está esperando ansiosamente la llegada del nuevo suministro de material de protección personal de China. Los estudios de dos grandes bancos alemanes, el Commerzbank y el Deutsche Bank muestran que China recuperará las pérdidas del PIB causadas por la pandemia a finales de este año, mientras que Europa y Estados Unidos seguirán enfrentando una severa recesión. El peso del consumo interno de China en el PIB es ahora del 57,8 por ciento (en 2008 fue del 35,3 por ciento), es decir, un peso cercano al de los países más desarrollados. Se ha escapado de los medios occidentales que, ante la intensificación de la guerra fría por parte de los Estados Unidos, China propone adoptar una política de mayor autosuficiencia o autonomía que le permita seguir exportando al mundo sin depender tanto de las importaciones de alta tecnología. Entre los países europeos, Alemania puede ser una de las más afectadas, junto con Japón y Corea del Sur.
    La imagen que nos llega de los Estados Unidos es casi lo contrario de todo esto. El extraordinario dinamismo de los Estados Unidos a finales de la década de 1940 y en las dos décadas siguientes ha desaparecido hace mucho tiempo. Históricamente inclinado a considerar la guerra como un medio para resolver conflictos, Estados Unidos ha estado gastando en aventuras militares la riqueza que se podría invertir en el país. Desde 2001, el gasto militar ha ascendido a 6 trillones de dólares. Recientemente, el expresidente Jimmy Carter lamentó que en 242 años de existencia Estados Unidos sólo había estado en paz durante 16 años. Por el contrario, desde la década de 1970 China no ha estado en guerra con ningún país (aunque haya tensiones regionales), y se estima que hoy en día produce tanto cemento en tres años como Estados Unidos a lo largo del siglo XX. Mientras China construye una gran clase media, Estados Unidos la destruye. Los tres estadounidenses más ricos tienen tanta riqueza como los 160 millones de estadounidenses más  pobres. En el ranking de libertad de prensa del World Press Índex, Estados Unidos ha estado cayendo y ahora ocupa el puesto 45 (varios países europeos están en la cima de la tabla, Portugal ocupa el décimo lugar y China el puesto número 177). La conducta política de Donald Trump es lo opuesto a todo lo  que hemos aprendido de positivo de los Estados Unidos y ahora corre el riesgo de poner al país al borde de una guerra civil. Pero, por peligroso y caricaturado que sea, Trump no es la causa del declive de Estados Unidos, es más bien un producto de esto.
    Europa (especialmente la que tiene la mejor tasa de desarrollo humano) se ha beneficiado de la apertura de China al comercio internacional y de las relaciones pacíficas que se han establecido desde entonces entreEstados Unidos y China. Estos hechos han eximido a la UE de tener una verdadera política exterior. Todo indica que este período ha llegado a su fin y que Europa se verá obligada a elegir. Europa, históricamente muy violenta, tanto internamente como mundialmente, no tiene velas imperiales hoy en día y parece querer preservar un patrimonio creíble de defensa de los valores democráticos, la convivencia pacífica y los derechos humanos. Los imperios siempre son malos para las regiones que están sujetas a ellos. Se puede decir que las regiones que no pueden disputar el poder imperial ganan más al aliarse a un imperio ascendente que a un imperio descendiente.
    Pero, por otro lado, nada nos garantiza que el imperio chino sea mejor para los europeos que el imperio americano. La única manera de preservar los valores de la democracia, la convivencia pacífica y los derechos humanos parece ser mantener una autonomía relativa hacia ambos. Sólo esta relativa autonomía permitirá a Europa profundizar su integración discutiendo los términos de su inserción en la nueva era, que parece ser menos una nueva era de globalización que una era de muros tecnológicos (y muchos otros muros no menos peligrosos).
    Esto significa que ningún país europeo debe ser chantajeado. La experiencia internacional de la última década nos dice que China acepta la idea de una autonomía relativa y que, cuando es necesario, sabe retirar sus ánimos expansivos. Por el contrario, las presiones muy poco diplomáticas en curso son una advertencia de que los Estados Unidos no aceptan la idea de autonomía relativa. Si Europa no sabe resistirse/resistir, estará iniciando un doloroso viaje hacia su fragmentación.

  • LO VERNÁCULO Y LO UTÓPICO- Boaventura de Sousa Santos

    Consultar cualquier diccionario moderno de lenguaje escrito nos lleva a concluir
    que lo vernáculo y lo utópico son conceptos opuestos. Mientras que lo vernáculo (del
    latín, vernaculus,) significa que es propio de un lugar o una región, lo utópico (de Utopía,
    título del famoso libro de Thomas More [1516]) significa lo que caracterizaría a un
    gobierno imaginario en ningún lugar específico. En sentido figurado, mientras que lo
    vernáculo es lo correcto, puro, de la tierra; lo utópico es lo fantasioso, imaginario,
    quimérico. En este texto, trato de demostrar que, contrariamente a esta aparente
    contradicción y al consenso de los diccionarios al respecto, hay más complicidad entre
    los dos términos de lo que se puede imaginar, y que estas complicidades se han hecho
    más visibles en los últimos tiempos.
    El título de este texto se inspiró en la obra de uno de los teóricos marxistas más
    notables y olvidados del siglo pasado, Teodor Shanin, quien llevó a cabo trabajos pioneros
    para rescatar la riqueza, diversidad y carácter dinámico del pensamiento de Karl Marx
    (contra todas las ortodoxias, marxistas y no marxistas). Shanin se dedicó, en particular, a
    mostrar la importancia de la obra inédita de Marx después de la publicación del primer
    volumen de Das Kapital en 1867 (la última obra importante que publicó en vida) hasta
    su muerte en 1883, titulado “Marx tardío”, nada más y nada menos que 30.000 páginas
    de notas. Hasta la publicación de El Capital, y a pesar de haber leído más que ningún otro
    teórico europeo contemporáneo sobre la historia de las sociedades no europeas, es decir,
    las asiáticas, Marx las analizó desde una perspectiva eurocéntrica, evolutiva, centrada en
    la idea de que tales sociedades representaban etapas anteriores y desesperadamente
    anticuadas de las sociedades capitalistas desarrolladas de Europa. Incluso en el caso de
    éstas, la única que analizó con impresionante detalle y lucidez fue Inglaterra, la economía
    capitalista más desarrollada de su tiempo.
    Atento a los movimientos revolucionarios que surgían en el centro de Europa y
    que no eran compatibles con el modelo de revolución proletaria que había teorizado, Marx
    comenzó a darles una atención privilegiada en lugar de ignorarlos o encuadrarlos por la
    fuerza en su teoría. Si esto es cierto en el caso de la Comuna de París de 1871, lo es aún
    más en el caso del movimiento populista revolucionario ruso de base campesina, muy
    fuerte en las décadas de 1870 y 1880. Para comprender lo que estaba sucediendo en Rusia,
    Marx comenzó a estudiar ruso de forma obsesiva (como si se tratara de “una cuestión de
    vida o muerte”, como se quejaba su mujer en una carta a Engels, fiel compañero y
    colaborador de Marx). Desde entonces hasta su muerte, la heterogeneidad de las historias
    y transformaciones sociales se convirtió en un hecho central en las reflexiones de Marx.
    Las consecuencias teóricas fueran inmediatas: no existen leyes monolíticas de desarrollo
    social; no hay una, pero sí varias vías para llegar al socialismo, y los análisis de El Capital
    sólo son totalmente válidos para el caso de Inglaterra; el campesino, lejos de ser un
    obstáculo o un residuo histórico, puede, en determinadas circunstancias, ser un sujeto
    revolucionario. Todo esto sonaba extraño, teóricamente impuro y “poco marxista” a los
    ojos de la mayoría de los marxistas de finales del siglo XIX. Esta evolución del
    pensamiento de Marx llegó a ser considerada un signo de debilidad mental asociada con
    la vejez, y una de las cuatro versiones de la carta de Marx a una populista rusa, Vera
    Zazulich, fue censurada por marxistas rusos y sólo fue publicada en.…1924.
    Curiosamente, las mismas críticas de impureza teórica fueron dirigidas a Lenin por sus
    camaradas después de 1905-7.
    ¿Cuáles eran después de todo los pecados de Marx? Eran dos. Por un lado,
    habiendo valorado contextos y experiencias locales, vernáculas, a pesar de que se desvían
    de estándares supuestamente universales. Por otro lado, atribuir valor positivo e incluso
    utópico a lo antiguo, aparentemente residual (la comuna campesina rusa basada en la
    propiedad comunitaria y la democracia de base, aunque siempre bajo la vigilancia del
    estado despótico zarista) y desafiaba, con su voluntarismo y moralismo, las leyes
    objetivas (y no morales) de la evolución social que él mismo había descubierto.
    Todo esto parece historia de un pasado lejano y sin relevancia para nuestro
    presente y futuro, pero de hecho no lo es. Este tipo de debate, sobre la necesidad de
    buscar en las tradiciones las energías y pistas para mejorar el futuro y, en general, sobre
    las dificultades de la teoría pura, sea la que sea, para dar cuenta de la realidad siempre
    rebelde y siempre en movimiento, ha acompañado todo el siglo pasado, y creo que nos
    acompañará en el siglo actual. Por ejemplo, mencionaría dos contextos muy diferentes en
    los que el debate estuvo presente (si es que no lo sigue siendo). Dejo de lado el hecho de
    que ninguno de los procesos revolucionarios que se estabilizaron en el siglo pasado fueron
    dirigidos por la clase obrera en los términos precisos previstos por la teoría marxista,
    desde las revoluciones rusas de 1905 y 1917 hasta la revolución mexicana de 1910, desde
    las revoluciones chinas de 1910, 1927-37 y 1949 hasta la revolución vietnamita de 1945
    y la revolución cubana de 1959. En todos ellos, el protagonista era el pueblo trabajador
    oprimida en el campo y en la ciudad, y en algunos de ellos los campesinos jugaron un
    papel decisivo.
    El primer contexto fue la descolonización en el subcontinente asiático
    (especialmente en la India) y en África. En todos los procesos de independencia, el dilema
    entre dificultades u oportunidades estaba presente, el hecho de que las realidades locales
    estaban tan alejadas de las realidades europeas estudiadas por Marx que solo con muchas
    adaptaciones podrían imaginarse revoluciones nacionalistas de vocación socialista en
    versión marxista. En el caso de India, el debate se calentó dentro de las fuerzas
    nacionalistas: por un lado, la posición de Nehru, que asociaba el socialismo con la
    modernización en India, en términos cercanos a los de la modernización europea; por el
    otro, Gandhi, para quien la riqueza de la cultura india y las experiencias comunitarias
    ofrecían la mejor garantía de una liberación real. En 1947 prevaleció la posición de Nehru,
    pero la tradición gandhiana se ha mantenido viva y activa hasta el día de hoy. En África,
    el lapso va desde 1957 (la independencia de Ghana) hasta 1975 (la independencia de las
    colonias portuguesas). Bajo pena de cometer alguna omisión, creo que los cuatro líderes
    más notables en la lucha de liberación anticolonial fueron Kwame Nkrumah (Ghana),
    Julius Nyerere (Tanzania), Leopold Senghor (Senegal) y Amílcar Cabral (GuineaBissau).
    Todos ellos vivieron intensamente en el debate sobre el valor del vernáculo
    africano y todos ellos buscaron, incluso de manera diferente, neutralizar el eurocentrismo
    de Marx e imaginar futuros para sus países que valorizasen la cultura, las tradiciones y
    las formas de vida africanas. Cada uno a su manera contribuyó a la idea del socialismo
    africano que reclamaba la diversidad de los caminos hacia el desarrollo en los que el
    humanismo africano tomaba el lugar del progreso unilineal y a toda costa, y en el que las
    experiencias ancestrales de la vida comunitaria tenían más prioridad que la lucha de
    clases. En todos ellos estaba presente la posibilidad de que lo vernáculo local y ancestral
    se convirtiera en la idea movilizadora de una utopía de liberación. Obviamente, como en
    el difunto Marx, que ninguno de ellos conocía, lo vernáculo tendría que ser adaptado para
    dar rienda suelta a su potencial utópico.
    Cuando, en 1975, las entonces colonias portuguesas ascendieron a la
    independencia, las condiciones del debate habían cambiado profundamente debido al
    contexto externo y también al conocimiento de la evolución de las experiencias anteriores
    de independencia en el continente. Aun así, la tensión entre lo vernáculo y lo utópico se
    manifestó de múltiples maneras. Por poner sólo un ejemplo, en Mozambique, el partido
    Frelimo comenzó adoptando una posición hostil hacia todo lo que era tradicional porque
    veía en él un pasado irreparablemente adulterado por la violencia colonial. Por lo tanto,
    fue hostil a la continuidad de las autoridades tradicionales que administraban justicia
    informalmente, por parte de miembros de la comunidad y utilizando los sistemas de
    justicias africanos. Sin embargo, el desmantelamiento de este sistema de autoridades
    comunitarias provocó tal perturbación en las formas de convivencia pacífica en las
    comunidades, donde la justicia oficial no llegó para nada, que el gobierno revirtió y
    legitimó, ya en 2000, a estas autoridades, que hoy operan en paralelo a los juzgados
    comunitarios. De manera similar, en Guinea-Bissau y Cabo Verde, los tribunales de
    tabanca persistieron con el nombre tribunales de zona.
    El segundo contexto, muy diferente y mucho más reciente, tuvo lugar en México
    con el levantamiento zapatista en Chiapas en 1994, y en Bolivia y Ecuador, con los
    procesos constituyentes que siguieron a las victorias en las elecciones presidenciales de
    Evo Morales (2006) y Rafael Correa (2007). La experiencia zapatista representa una de
    las combinaciones más complejas entre lo vernáculo y lo utópico, combinando a día de
    hoy los ideales de liberación social y política con la valorización de la cultura y las
    experiencias comunitarias de los pueblos indígenas del sur de México. Una comprensión
    contrahegemónica de los ideales de derechos humanos se articula con una afirmación
    radical de autogobierno e innovación constante de lo propio y lo ancestral. A su vez, las
    dos experiencias democráticas en Bolivia y Ecuador ocurrieron después de décadas de
    movilización de los pueblos indígenas, de modo que las cosmovisiones ancestrales
    indígenas imprimieron de forma decisiva su marca en las Constituciones de Ecuador
    (2008) y Bolivia (2009). La idea del desarrollo fue sustituida por la idea del buen vivir,
    la concepción de la naturaleza como recurso natural fue sustituida por la concepción de
    la naturaleza como Pachamama, la madre-tierra que debe ser cuidada y cuyos derechos
    están específicamente consagrados en el Artículo 71 de la Constitución Ecuatoriana. La
    articulación entre lo vernáculo y utópico, entre el pasado y el futuro, reunió el entusiasmo
    de los movimientos ecologistas urbanos de muchos países que, sin conocer la filosofía
    indígena, se sintieron atraídos por el respeto que surgió de ella y por los valores del
    cuidado de la naturaleza y la conciencia ecológica que los movilizó. Como había sucedido
    antes con los zapatistas, el nuevo e innovador énfasis en lo vernáculo y lo local, creó lenguajes que trascendieron el lugar y se integraron en narrativas emancipadoras cosmopolitas con un registro anticapitalista, anticolonialista y antipatriarcal.
    Esta tensión creativa entre lo vernáculo y lo utópico no terminó con las experiencias históricas que acabo de mencionar. Me atrevo a pensar que nos acompañará en este siglo, ciertamente fortalecido por las alternativas que se abren en el período postpandemia. Cada vez es más evidente que si las sociedades y las economías no adoptan
    formas de vida distintas de las basadas en la explotación injusta e ilimitada de los recursos naturales y los recursos humanos, la vida humana en el planeta estará en riesgo de extinción.

  • LA DERECHA Y EL SIEMPRE DESEADO BLANCO DE LA EDUCACIÓN- Boaventura de Sousa Santos

     
    Los movimientos translócales de ideas, filosofías, visiones de mundo,doctrinas sobre la vida, la política y la sociedad son tan antiguos como ladifusión del uso de metales, el comercio, la escritura y las primerascivilizaciones urbanas de la Edad de Bronce hace 3000 o 4000 AC.Ciertamente se originó en Mesopotamia y lo que hemos llegado a llamar el  antiguo Oriente Medio, estos intercambios se extendieron por esta vasta área de Eurasia, que más tarde comenzamos a dividir entre Occidente (Europa) y Oriente (especialmente China y la India). Hoy sabemos que Mesopotamia fue el lugar de nacimiento de la cultura griega y que estaba presente en el norte de la India en los primeros siglos de la Era Común, mucho antes de que se convirtiera en un patrimonio europeo, que, por cierto, sólo fue posible gracias a la magnífica traducción de los textos griegos emprendida en Baghdad por los árabes de la dinastía Abássida a partir de mediados del siglo VIII, una época que se conoció como la Edad de Oro del Islam.
     
    A lo largo de los siglos, estos movimientos de ideas siempre han tenido un origen local (a veces en varios lugares simultáneamente) y desde allí se han extendido y se han convertido en movimientos globales. Los intercambios, las influencias cruzadas y las adaptaciones locales siempre han sido una constante del movimiento de ideas. El protagonismo de Europa en estos movimientos es muy tardío. Sólo comienza en el siglo XVI y, para muchos, sólo en los siglos XVIII y XIX. Para limitarme a los últimos cien años, podemos decir que la marca europea sobre las ideas políticas está presente en los siguientes movimientos globales contemporáneos:
     
    liberalismo, socialismo, derechos humanos, conservadurismo. Este último es una contracorriente en relación con los demás, ya que, si bien están formados por la tensión entre la regulación y la emancipación social, donde se producen avances en la mejora de las condiciones de vida de las mayorías y la inclusión social, el conservadurismo da plena prioridad a la regulación social y se opone a las ideas de mayorías e inclusión social (de ahí su racismo y sexismo).
     
    El conservadurismo tiene tres características principales: Al ser un movimiento de carácter global, se afirma como contrario a la globalización; siendo tan moderno como los otros tres, se presenta como un regreso al pasado, una reacción que puede ser tanto moderada (derecha) como extremista (extrema derecha); tiene una visión muy selectiva de la soberanía nacional que no le impide que sea subordinado a la globalización capitalista neoliberal.
     
    Después de la Segunda Guerra Mundial, el eje de esta difusión de ideas se trasladó al Atlántico Norte, debido a la supremacía de los Estados Unidos. Pasó luego a hablarse de eurocentrismo. Estos cuatro movimientos de ideas tienen tres facetas importantes: ocurren simultáneamente, pero se alternan en la predominancia; se adaptan creativamente a diferentes contextos locales; se centran en los procesos educativos porque allí se forman las próximas generaciones que pueden reproducirlos.
     
    El período en el que vivimos marca una transición hacia el predominio del conservadurismo. Pero es una transición muy incierta debido principalmente a los nuevos problemas que ha planteado la pandemia del nuevo coronavirus. Señalan ideas (por ejemplo, nuevas relaciones con la naturaleza, alternativas al desarrollo, relaciones entre Occidente y Oriente) que no encajan en las versiones dominantes del liberalismo, el socialismo o los derechos humanos. Vivimos, por lo tanto, las transiciones de señales contrarias que a veces dan la apariencia de estancamiento o agotamiento ideológico. Hoy, me centro en el predominio global del conservadurismo, tanto en su versión moderada y extrema, y en sus recientes manifestaciones en el área de la educación en Brasil, India, Colombia y Portugal.
     
    Antes de la pandemia, esta ascendencia era particularmente visible en países tan diferentes como el Reino Unido, EE. UU., Brasil, India, Filipinas, Hungría, Polonia, Turquía, Rusia, Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia, Israel Guinea-Bissau, Marruecos, Egipto, y Camerún. La pandemia creó un problema inesperado para la derecha: los países en los que estaba en el poder eran aquellos en los que la protección de la vida era, en general, más deficiente.
     
    Los gobiernos de derecha no sólo han demostrado ser incompetentes para proteger la vida, sino que en algunos casos extremos (Estados Unidos y Brasil) han tomado medidas que han puesto en riesgo la vida de los ciudadanos. Sin embargo, no está claro que en los próximos procesos electorales los castiguen en las urnas. El riesgo existe y, para prevenirlo, asistimos al desarrollo más preocupante posible: el conservadurismo de derecha se desliza hacia la extrema derecha. En Estados Unidos, Donald Trump ante la perspectiva de perder las elecciones, impulsa campañas masivas de desinformación, utilizando fuerzas militares y movilizando milicias neonazis de extrema derecha, que podrían poner al país al borde de una nueva guerra civil, especialmente si Trump no logra manipular con éxito los procesos electorales y pierde elecciones. Brasil puede seguir el mismo camino en 2022.
     
    Como indiqué, uno de los objetivos privilegiados del nuevo (viejo) conservadurismo de derecha y de extrema derecha es la educación. Cito cuatro casos a modo de ejemplo. En Brasil, pueden identificarse dos acciones principales. La primera consiste en la iniciativa “Escuela Sin Partido”,creada en 2004 con el objetivo de supuestamente eliminar el “adoctrinamiento ideológico” en las escuelas.
     
    A partir de 2013, con el giro de la política brasilera para la derecha (intensificando la desinformación por parte de la extrema derecha por vía de las fakenews, persecución políticojudicial al Partido de los Trabajadores (PT) en el ámbito de la operación de Lava-Jato, especialmente en contra de la Presidenta Dilma Rousseff en 2016, y la elección de Jair Bolsonaro en 2018) la “Escuela Sin Partido” intensificó su acción con decenas de proyectos de ley presentados a los órganos legislativos en los varios niveles de gobierno (municipal, estatal y federal) con medidas que violaban los derechos humanos fundamentales, la libertad de cátedra y la propia Constitución, un conjunto ideológico altamente conservador cuya inconstitucionalidad ha sido cuestionada por varios organismos nacionales e internacionales.
     
    La segunda acción consiste en el ataque multifacético a las universidades públicas, que implica, en particular, recortes presupuestarios con la consecuente falta de financiación y el cuestionamiento del sistema democrático para la elección de los rectores de las universidades públicas federales. El gobierno de Jair Bolsonaro ha ido ignorando la elección de rectores progresistas e incluso ha nombrado rectores-interventores como en la época de la dictadura que imperaba en el país entre 1964 y 1985.
     
    En India, desde que Narendra Modi y su partido (BJP) llegaron al poder (2014) ha habido un ataque sin precedentes contra la libertad académica. El sistema universitario indio es muy diverso y está compuesto por
    universidades públicas y privadas, centrales (o federales) y estatales, universidades para minorías, universidades religiosas, etc. Los ataques a las universidades públicas centrales son los que han tenido más publicidad. Se
    intensificaron a partir de 2014 aunque anteriormente habían estado dirigidos por la organización juvenil del partido que ahora está en el poder.
     
    Tanto profesores como líderes estudiantiles han sido criminalizados bajo la ley antiterrorista y las reuniones o encuentros promovidos por estudiantes o profesores han sido prohibidas con el pretexto de abordar temas políticamente sensibles. Al igual que ha sucedido en otros países, los ataques directos a la libertad académica se han complementado con ataques indirectos, es decir, con la precariedad de los contratos de los docentes, el nombramiento de administradores impuestos por el Estado, la supervisión ideológica de los planes de estudios y el nombramiento sistemático en los principales puestos universitarios de ideólogos de derecha y partidarios del BJP, a menudo sin las calificaciones académicas necesarias.
     
    En Colombia, el conservadurismo ha tenido como objetivo constante la universidad pública y el pensamiento crítico. Mediante acusaciones temerarias, estigmatizaciones y montajes judiciales se ha querido incriminar a lo largo de los últimos años a profesores y estudiantes y así poder vincularlos a grupos terroristas. Pero no se han quedado solo allí. Recordemos que también han amenazado y atacado la vida de aquellos profesores “que incomodan”, quienes, muchas veces, hacen parte también del movimiento universitario en defensa de la educación pública o de los sindicatos de sus respectivas universidades.
     
    Cuando no han logrado doblegar a los protagonistas de la lucha por la educación pública, la estrategia optada por estos grupos retardatarios ha sido desfinanciar y ahogar presupuestalmente el sistema universitario público transfiriendo fondos a las universidades privadas. Las políticas de la derecha, y sobre todo de la derecha neoliberal, luchan contra la idea de universidad pública y su respectivo proyecto de país cada vez más incluyente y solidario, que obviamente el neoliberalismo no está dispuesto a permitir. En esta vía, el capitalismo universitario desea transformar la idea de universidad en una idea de empresa, para así colocar a los profesores como proletarios y dejar a los estudiantes en el plano de meros consumidores. En ultimas, quieren una universidad y una escuela “sin ideología”, pero que en la práctica estará dotada con toda la ideología del mercado.
     
    En Portugal, el conservadurismo de extrema derecha, que siempre existió antes y después de la Revolución del 25 de abril de 1974, hoy tiene un partido, Chega, que reúne a su alrededor a todos los movimientos neonazis y nacionalistas que nunca se conformaron con la derrota que sufrieron con la Revolución. Su estrategia a futuro se basará en la capitalización del descontento que puede causar la crisis económica y social derivada de la pandemia.
     
    El conservadurismo moderado se vio inmovilizado por la pandemia porque el consenso en la lucha contra la crisis de salud fue inicialmente abrumador y el gobierno de izquierda mostró eficacia y coherencia en las medidas a corto plazo. Desesperado en busca de una agenda que pueda atraer a sus partidarios, la encontró recientemente en la disputa sobre el carácter obligatorio u opcional de la asignatura de Ciudadanía y Desarrollo en la educación secundaria. Dicha asignatura es obligatoria.
     
    La polémica surgió cuando los padres de dos estudiantes de Vila Nova de Famalicão (al norte del país) invocaron la objeción de conciencia para no permitir que sus hijos asistieran a la asignatura, con el argumento de que los temas de esta eran una responsabilidad familiar. Los estudiantes reprobaron por ausencias, fueron admitidos por la escuela para pasar de nivel, el Ministerio de Educación rechazó el trámite y exigió que los estudiantes asistieran a un plan de recuperación, plan que los padres rechazaron, adelantando una medida cautelar que fue aceptada por el tribunal. La decisión de fondo está aún pendiente.
    Curiosamente, el conservadurismo y la derecha en Colombia aplicaron igualmente la receta de luchar contra la educación sexual en las escuelas. Llegando incluso a acusar al Acuerdo de Paz de 2016 de ser portavoz de la “ideología de género”. Múltiples marchas en contra de cartillas sobre educación sexual para las escuelas públicas y notificas falsas sobre el enfoque de género en el Acuerdo de Paz, dejaron entrever el carácter
    prejuicioso de un sector amplio de la sociedad.
     
    En Portugal, personalidades de derecha, tanto seculares como religiosas, han publicado un manifiesto a favor del carácter opcional de la asignatura. No podían elegir un objetivo menos adecuado y un tiempo menos oportuno. Vivimos en medio de un período de crisis sanitaria que nos ha estado enseñando la necesidad de un consenso político sobre los temas de los que depende nuestro futuro y el de las generaciones que nos siguen. Educar para la ciudadanía, en todas sus expresiones, es ahora más urgente que nunca.
     
    En este contexto, afirmar libertades que pueden desestabilizar la educación de los jóvenes y cuestionar aún más sus expectativas adquiere una gravedad particular. Todo el mundo recuerda las manifestaciones en los Estados Unidos de las fuerzas de derecha y de extrema derecha contra el uso de máscaras y el distanciamiento sanitario. La repulsión fue general. En el caso de la educación sexual (porque este es el quid de la molestia) no está en cuestión la desobediencia a las directrices de la OMS, se trata de la violación de los tratados internacionales de derechos humanos que Portugal ha ratificado.
     
    Recordemos que el principio de igualdad de género y respeto por la diversidad sexual es ahora reconocido internacionalmente, y es de ahí que surge la demanda de educación sexual en las escuelas, que, además, está ocurriendo en toda Europa. Y para sorpresa de los conservadores portugueses, los estudios muestran que los padres estadounidenses, cualquiera que sea su orientación política, están abrumadoramente a favor de la educación sexual en la escuela. Entre otras motivaciones, muchas de ellas prefieren que la escuela trate temas que, por importantes que sean, pueden ser inconvenientes cuando se tratan en la intimidad familiar. Otros temen que, a falta de escuela, las redes sociales ocupen este espacio sin ningún
    control.
     
    La controversia que ha surgido en la sociedad portuguesa muestra hasta qué punto el Portugal profundo sigue siendo sexista (y ciertamente también racista, ya que los dos prejuicios van juntos, como muestran varios casos recientes). Hace cincuenta años las escuelas enseñaban que las mujeres debían obedecer a sus maridos, que no podían ocupar ciertos cargos porque carecían de capacidad física o mental, y que los homosexuales eran enfermos (si no criminales).
     
    Las transformaciones políticas que hemos atravesado y los movimientos sociales que les siguieron en favor de los derechos sexuales, y todo el movimiento mundial por los derechos humanos, fueron sedimentando una nueva cultura de paz y convivencia, de reconocimiento de la diferencia y de respeto por la diversidad. Esta cultura se solapa con siglos de prejuicios y siglos de privilegio, en los que tales prejuicios se han traducido y siguen traduciendo. La inercia social que esto causa se produce en todo momento, como en el presente caso.
     
    De ahí la necesidad de que la escuela participe activamente en el aprendizaje de una cultura democrática, no excluyente, promotora de los derechos humanos. Y las escuelas ciertamente lo hacen de una manera mucho más confiable que las redes sociales.
     
    A la luz de cualquiera de los tres movimientos globales de ideas de origen europeo (liberalismo, socialismo, derechos humanos), esta iniciativa del conservadurismo portugués significa una violación de los objetivos de inclusión social igualitaria que dominaron en los últimos cien años y, en Portugal, solo en los últimos cincuenta años. Debido a esta particularidad portuguesa, poner en duda la vigencia plena de la educación para la ciudadanía es particularmente grave. Es que, detrás de la convicción de los conservadores de la derecha moderada, se esconde la extrema derecha, probablemente con el objetivo de sobreponerse en la polarización que explotará a toda costa.
     
    La presencia de la jerarquía de la Iglesia católica, en abierta desobediencia al Papa Francisco, es una señal adicional de preocupación. No olvidemos que la jerarquía de la Iglesia católica portuguesa defendió el fascismo (y el colonialismo) hasta sus últimos momentos. Y, por supuesto, es particularmente importante que los tribunales no renuncien al hacer valer los derechos de igualdad y orientación sexuales consagrados en las leyes y la Constitución. Recordemos que en esta materia hubo decisiones recientes muy problemáticas y justificadas por motivos ilegales. No es opcional volver atrás. Los contratiempos en la educación son siempre un terrible presagio para la sociedad. Si la igualdad sexual fuera la ideología de género, la igualdad racial sería la ideología racial y la lucha contra la pobreza sería la ideología clasista. Y, en última instancia, la lucha contra el fascismo sería la ideología…democrática.