LA TIERRA Y LA VIDA

Bajo un modelo de desarrollo y consumo que ignora los bienes comunes.

Ismael Díaz

Vicepresidente de ILSA

Hace más de 50 años que se hizo un primer llamado a la acción en defensa de la tierra, la cual estaba y sigue estando frente a una constante contaminación del aire, la tierra y el agua; a la deforestación; a un desarrollo restringido a lo económico, basado en la explotación minero-energética; la amenaza de una guerra nuclear, entre otros.

Después de tanto tiempo, no queremos aprender de la historia y se siguen los mismos patrones que atentan contra el planeta tierra, ignorando que lo que el ser humano haga a este, afecta directamente a todos los seres vivos. Si no reaccionamos ya, los efectos e impactos del presente, se incrementaran a  mediano y largo plazo, llegando a un punto de no retorno.

Es así, como desde la mitad del siglo pasado Rafael Elizalde Mac-Clure; decía que la crisis de hoy no es una crisis nueva sino una crisis vieja y que somos varias las generaciones cómplices de no haber cambiado nuestra conciencia en relación con el planeta. Nos dice que desde el año 1958, existían muchos pronunciamientos sobre la condición humana y la situación del planeta tierra, dejándonos una observación que nos sirve en el presente: “El hombre tiene casi deshecho su propio nicho en la biosfera, ha roto la cadena de la supervivencia; no está consciente de su infinita pequeñez dentro del universo y procede en nuestro micro planeta como si su especie fuera la única que existe”1. Hoy se puede observar que la crisis persiste, es por esto que el día de la Tierra no es cualquier día, sino que debe ser un momento de reconocer que hay una crisis producida por nuestras propias manos, por patrones ligados al sistema económico hegemónico, capaz de desarrollar alteraciones y cambios planetarios, un modelo de desarrollo depredador y consumista que privilegia el acaparamiento, el sometimiento y una forma de interactuar con el planeta y la vida en él. Se requiere tomar una conciencia socioecológica, porque, de lo contrario, nuestra lucha contra el cambio climático no será efectiva, no habrá justicia socioambiental y una eliminación de la pobreza extrema sin una conciencia socioambiental y ecológica y de entender que hay que defender y cuidar nuestra casa común, como lo recomendaba el Papa Francisco. 

Adquirir una conciencia socioecológica requiere superar esa postura cómoda de ser un simpatizante y pasar a un activista y militante que proponga tesis disruptivas como el rechazo a ver la naturaleza como algo inagotable y subordinada al modelo hegemónico de desarrollo, y reconociendo de paso la indivisibilidad e interdependencia del ser humano como sociedad y como parte de la naturaleza. Por lo tanto, es con la superación del modelo subyugante de crecimiento económico basado en un consumo de desenfrenado y de una acumulación inequitativa centrada en unos pocos y en un “sálvese quien pueda”, para dar paso a una conciencia y acción donde se reconozca las tradiciones milenarias donde entendamos que somos tierra, de la tierra y retornaremos a la tierra y por lo tanto dejar de arriesgar la supervivencia del planeta, nuestra casa común, tarea que solo le compete al ser humano, pensando más allá de los humanos.

Dicho lo anterior, debemos cuidar nuestro planeta con medidas concretas, como eligiendo gobiernos capaces de reconocer y recoger las voces y propuestas de ambientalistas, ecologistas, así como de aquellas voces disruptivas, pero propositivas, provenientes de sus propios gobiernos, del sector privado, de los movimientos socioambientales, y de una creciente proclama de ciudadanos y ciudadanas que trabajan en pro de la justicia ambiental, de la conservación de la vida en la tierra, del cuidado de ecosistemas, de los animales y de la tierra misma. 

PROBLEMAS QUE AFECTAN LA VIDA DE LA TIERRA Y EN LA TIERRA

El ser humano, ha dejado de verse como un todo con los demás seres vivos y como parte de la tierra misma y se ha dado a la tarea de asignar un reconocimiento simbólico para cada uno de los elemento de ella: día del aire, del agua, del medio ambiente, de la tierra etc, y si bien eso es importante y un avance aun minúsculo, la protección de estos es un esfuerzo que debe ser un propósito de todos los días de nuestra existencia, pues de lo contrario tendremos que acogernos a las voces fatalistas que profetizan el fin de nuestra madre tierra como la definen los pueblos y comunidades ancestrales.

Tomado de: La deforestación del Amazonas y su impacto en la biodiversidad – Iberdrola

Seguramente es muy difícil priorizar los problemas que afectan la tierra, pero si es de reconocer que el principal causante de estos problemas es el ser humano, concretamente el modelo económico hegemónico que no concibe la tierra como bien común, sino como medio de producción, susceptible de apropiación privada y particular, pasando  a la sobreexplotación y el acaparamiento a escala planetaria. El caso de América Latina es muy disiente de lo expuesto: el 1% de los propietarios controla más del 50 % de la tierra agrícola, lo que deja a la mayoría de la población sin un sustento que le permita su autonomía para disfrutar de una vida digna, desconociendo a los más vulnerables el derecho a la tierra, y los necesarios límites a la expansión de la frontera agrícola, promoviéndose la tala de bosques; y, por supuesto, los daños causados por la visión desarrollista basada en la extracción de materiales mineroenergéticos, atentando contra otros seres vivos, afectando el agua, los bosques, la fauna, la flora y microorganismos, todos fundamentales para la vida en la tierra.

El proceso de industrialización y desarrollo productivo en los países del norte Global, al basarse den hidrocarburos y minerales fósiles, ha vertido a la atmósfera gases que han aumentado la temperatura de la tierra en 1.1 grados celsius en los últimos 100 años, generando lo que hoy conocemos como calentamiento global. Este fenómeno del calentamiento global desde hace ya algún tiempo ha venido provocando fenómenos climáticos extremos y de contrastes, como sequias prolongadas, después de periodos de fuertes inviernos, aparición de plagas y enfermedades, entre otros. 

El poblamiento de la tierra ha ido de la mano de una constante y desenfrenada urbanización, la concentración humana e industrial urbana generan más del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero, yendo de la mano de la reducción de tierras agrícolas fértiles, hábitats y ecosistemas naturales, selvas, páramos, humedales y fuentes de agua, indispensables para la estabilidad del planeta. 

Finalmente habría que decir que al conmemorar un nuevo día de la tierra en este 2026, planteamos algunas razones y posturas frente a esta efeméride como aporte al reconocimiento e importancia del cuidado del planeta.

Para nuestra institución la principal preocupación la encontramos en el modelo económico, que está centrado en una mirada de cosificación, apropiación y explotación del planeta como si sus recursos fueran inagotables, generando cambios de orden planetario, el capitaloceno, ya que la crisis global corresponde y es resultado de una forma histórica específica de organizar poder, trabajo, naturaleza y acumulación: el capitalismo. Expresiones de este sistema son las prácticas extractivistas depredadoras y criminales con el ambiente y el apropiamiento de ecosistemas estratégicos indispensables para la vida del planeta. El capital, además tiene como premisa privatizar, mercantilizar, monetizar y comercializar todos aquellos aspectos de la naturaleza a los que tiene acceso, es la colonización de nuestro mundo de vida.

Recogemos las lecturas del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), cuando afirma que Colombia es uno de los países más megadiversos del mundo; que en su territorio cuenta con el 10% de la biodiversidad del planeta, sus múltiples ecosistemas suman aproximadamente 2.070.408 km2, de igual forma es de reconocer que en la actualidad Colombia cuenta con 61 áreas protegidas, siendo la ultima la Serranía Manacacías que alberga en su interior 12 ecosistemas en un área de 68.030 hectáreas2. Habría que decir que el Sistema de información sobre Biodiversidad en Colombia da cuenta de la existencia de 79.831 especies, de las cuales 32.055 pertenecen a la fauna y alrededor de 37.718 a la flora; por lo anterior, las resistencias al sistema económico hegemónico, las demandas de justicia social, la construcción de Otras economías, deben ir de la mano de las banderas ecológicas, ambientales y bioculturales, en la defensa de la Tierra como ser superior y un todo sistémico que junto a otros seres vivos hacen posible la existencia de la vida misma.

  1. Jonathan Barton, instituto para el desarrollo sustentable UC & instituto de Geografía e investigador CEDEUS. 2021 ↩︎
  2.  Cesar Paz-y Miño. Investigador en Genetica. Universidad UTE. Para Notimercio, 20 ABRIL 2025 ↩︎