Autor: ILSA

  • Quince tesis sobre el partido-movimiento


    Boaventura de Sousa Santos

    Quince tesis sobre el partido-movimiento

     

    1. No hay ciudadanos despolitizados; hay ciudadanos que no se dejan politizar por las formas dominantes de politización, sean partidos o movimientos de la sociedad civil organizada. Los ciudadanos y las ciudadanas no están hartos de la política, sino de esta política; la inmensa mayoría de la ciudadanía no se moviliza políticamente ni sale a la calle a manifestarse, pero está llena de rabia en casa y simpatiza con los que se manifiestan; en general, no se afilian a partidos ni participan en movimientos sociales ni están interesados en hacerlo, pero cuando salen a la calle solo sorprenden a las élites políticas que han perdido el contacto con “las bases”.
    1. No hay democracia sin partidos, pero hay partidos sin

    Una de las antinomias de la democracia liberal en nuestro tiempo es que se basa cada vez más en los partidos como forma exclusiva de agencia política, mientras que los partidos son internamente cada vez menos democráticos. Como la democracia liberal, la forma tradicional de partido ha agotado su tiempo histórico. Los sistemas políticos democráticos del futuro deben combinar la democracia representativa con la democracia participativa en todos los niveles de gobierno. La participación ciudadana debe ser multiforme y multicanal. Los propios partidos deben estar constituidos internamente por mecanismos de democracia participativa.

    1. Estar a la izquierda es un punto de llegada y no un punto de partida y, por lo tanto, se demuestra en los

    La izquierda tiene que volver a sus orígenes, a los grupos sociales excluidos que ha olvidado durante mucho tiempo. La izquierda dejó de hablar o de saber hablar con las periferias, con los más excluidos. Quien habla hoy con las periferias y con los más excluidos son las iglesias evangélicas pentecostales o los agitadores fascistas. Hoy en día, el activismo de izquierda parece limitarse a participar en una reunión del partido para hacer un análisis de la situación (casi siempre escuchar a los que están haciendo). Los partidos de izquierda, tal como existen hoy, no pueden hablar con las voces silenciadas de las periferias en términos que estas entiendan. Las izquierdas deben reinventarse.

    1. No hay democracia, hay democratización.

    La responsabilidad de la izquierda radica en que es la única que realmente sirve a la democracia. No la limita al espacio-tiempo de la ciudadanía (democracia liberal). Por el contrario, lucha por ella en el espacio de la familia, la comunidad, la producción, las relaciones sociales, la escuela, las relaciones con la naturaleza y las relaciones internacionales. Cada espacio-tiempo exige un tipo específico de democracia. Solo democratizando todos los espacios-tiempos se podrá democratizar el espacio-tiempo de la ciudadanía y la democracia liberal representativa.

    1. El partido-movimiento es el partido que contiene en sí a su

    Para ser un pilar fundamental de la democracia representativa, el partido-movimiento debe construirse a través de procesos no representativos, sino más bien participativos y deliberativos. Esta es la transición de la forma tradicional de partido a la forma de partido-movimiento. Consiste en aplicar a la vida interna de los partidos la misma idea de complementariedad entre democracia participativa / deliberativa y democracia representativa que debe orientar la gestión del sistema político en general. La participación / deliberación concierne a todos los dominios del partido-movimiento, desde la organización interna hasta la definición del programa político, desde la elección de los candidatos a las elecciones hasta la aprobación de líneas de acción en la situación actual.

    1. Ser miembro de la clase política es siempre

    Tal calidad no permite ganar más que el salario medio en el país; los parlamentarios electos no inventan temas ni toman posiciones: transmiten los que surgen de las discusiones en las estructuras de base. La política de partidos debe tener rostros, pero no está hecha de rostros; idealmente, existen mandatos colectivos que permiten la rotación regular de representantes durante la misma legislatura; la transparencia y la rendición de cuentas deben ser completas; el partido es un servicio ciudadano a los ciudadanos y por lo tanto debe ser financiado por ellos y no por empresas interesadas en capturar el Estado y vaciar la democracia.

    1. El partido-movimiento es una contracorriente contra dos

    Los partidos convencionales sufren de un fundamentalismo antimovimiento social. Consideran que tienen el monopolio de la representación política y que este monopolio es legítimo precisamente porque los movimientos sociales no son representativos. A su vez, los movimientos adolecen de un fundamentalismo antipartido. Consideran que cualquier colaboración o articulación con las partes, comprometen su autonomía y diversidad y siempre acaba en un intento de cooptación.

    Mientras la democracia representativa esté monopolizada por partidos antimovimiento y la democracia participativa por movimientos o asociaciones sociales antipartidos, no será posible la vinculación entre democracia representativa y participativa, en detrimento de ambas. Es necesario vencer a los dos.

    • El partido-movimiento combina la acción institucional con la acción extrainstitucional

    Los partidos tradicionales favorecen la acción institucional, dentro de los marcos legales y con la movilización de instituciones como el Parlamento, los tribunales, la Administración pública. Por el contrario, los movimientos sociales, aunque también utilizan la acción institucional, suelen recurrir a la acción directa, las protestas y manifestaciones en calles y plazas, las sentadas, la difusión de agendas a través del arte (artivismo). En vista de esto, la complementariedad no es fácil y debe construirse con paciencia.

    Hay condiciones políticas en las que las clases que están en el poder son demasiado represivas, demasiado monolíticas; hay otras en las que son más abiertas, menos monolíticas y hay mucha competencia entre ellas. A mayor competencia entre las élites, se abren más brechas para que el movimiento popular y la democracia participativa ingresen a través de ellas. Lo importante es identificar las oportunidades y no desperdiciarlas. Con frecuencia se desperdician por razones de sectarismo, dogmatismo, arribismo.

    La práctica de los movimientos a menudo tiene que oscilar entre lo legal y lo ilegal. En algunos contextos, la criminalización de la impugnación social está reduciendo la posibilidad tanto de lucha institucional como de lucha legal extrainstitucional. En tales contextos, la acción colectiva pacífica puede tener que enfrentar las consecuencias de la ilegalidad. Sabemos que

    las clases dominantes siempre han utilizado la legalidad y la ilegalidad a su conveniencia. No ser clase dominante radica precisamente en tener que afrontar las consecuencias de la dialéctica entre legalidad e ilegalidad y protegerse al máximo.

    1. La revolución de la información electrónica y las redes sociales no son, en sí mismas, un instrumento incondicionalmente favorable al desarrollo de la democracia

    Por el contrario, pueden contribuir a manipular la opinión pública hasta tal punto que el proceso democrático puede quedar fatalmente desfigurado. El ejercicio de la democracia participativa requiere hoy más que nunca encuentros presenciales y discusiones presenciales. Hay que reinventar la tradición de células partidarias, círculos ciudadanos, círculos culturales, comunidades eclesiásticas de base. No hay democracia participativa sin una estrecha interacción.

    1. El movimiento de partidos se basa en la pluralidad no polarizada y el reconocimiento de competencias

    Una pluralidad no polarizada es aquella que permite distinguir entre lo que separa y lo que une a las organizaciones y promueve articulaciones entre ellas a partir de lo que las une, sin perder la identidad de lo que las separa. Lo que las separa solo se suspende por razones pragmáticas.

    El partido-movimiento debe saber combinar cuestiones generales con cuestiones sectoriales. Los partidos tienden a homogeneizar sus bases sociales y a enfocarse en temas que abarcan a todos o a grandes sectores. Por el contrario, los movimientos sociales tienden a centrarse en temas más específicos, como el derecho a la vivienda, la inmigración, la violencia policial, la diversidad cultural, la diferencia sexual, el territorio, la economía popular, etc. Trabajan con lenguajes y conceptos distintos a los utilizados por los partidos.

    Los partidos pueden sostener una agenda política más permanente que los movimientos. El problema con muchos movimientos sociales radica en la naturaleza de su estallido social y mediático. En un momento tienen una gran actividad, están en la prensa todos los días, y al mes siguiente están ausentes o entran en reflujo y la gente no va a reuniones o asambleas. La sostenibilidad de la movilización es un problema muy grave porque, para lograr una cierta continuidad en la participación política, se necesita una articulación política más amplia que involucre a los partidos. A su vez, los partidos están sujetos a transformar la continuidad de la presencia pública en una condición para la supervivencia de cuadros burocráticos.

    1. El partido-movimiento prospera en una lucha constante contra la

    Se pueden generar dos inercias: por un lado, la inercia y reflujo de los movimientos sociales que no logran multiplicar y densificar la lucha y, por otro, los partidos que no modifican en absoluto sus políticas y quedan sujetos al estancamiento burocrático. Superar estas inercias es el mayor desafío para la construcción del partido-movimiento.

    Trabajando con experiencias concretas, se advierte que los partidos que tienen vocación de poder suelen afrontar bien el tema de los desequilibrios en el espacio público. Pero como compiten por el poder, no quieren transformarlo, quieren tomarlo. Los movimientos sociales, por el contrario, saben que las formas de opresión provienen tanto del Estado como de actores económicos y sociales muy fuertes. En algunas situaciones, la distinción entre opresión pública y privada no es demasiado importante. Los sindicatos, por ejemplo, tienen

    una experiencia notable en la lucha contra los actores privados: jefes y empresas. Tanto los movimientos sociales como los sindicatos están hoy marcados por una experiencia muy negativa: los partidos de izquierda nunca dejaron de cumplir sus promesas electorales al llegar al poder tanto como lo han hecho últimamente. Este incumplimiento provoca que la descalificación de partidos sea cada vez mayor en más países. Esta pérdida de control sobre la agenda política solo puede recuperarse a través de los movimientos sociales en la medida en que se articulan con los nuevos partidos-movimiento.

    • La educación política popular es la clave para sostener el partido-movimiento.

    Las diferencias entre partidos y movimientos son superables. Para ello es necesario promover el conocimiento mútuo a través de nuevas formas de educación política popular: círculos de conversación, ecologías de saberes, talleres de la Universidad Popular de Movimientos Sociales; discusión de posibles prácticas de articulación entre partidos y movimientos (presupuestos participativos, plebiscitos o consultas populares, consejos sociales o gestión de políticas públicas). Hasta ahora, las experiencias son principalmente a escala local. Debe desarrollarse la complementariedad a escala nacional y mundial.

    • El partido-movimiento va más allá de la articulación entre partido y movimiento social. Después de más de cuarenta años de capitalismo neoliberal, de colonialismo y de un patriarcado siempre renovado, con una concentración escandalosa de la riqueza y destrucción de la naturaleza, las clases populares, el pueblo trabajador, cuando estalla o irrumpe indignado, tiende a hacerlo fuera de los partidos y los movimientos sociales. Ambos tienden a sorprenderse e ir tras la movilización. Además de los partidos y los movimientos sociales, es necesario contar con los movimientos espontáneos, con su presencia colectiva en las plazas públicas. El partido-movimiento debe ser consciente de estos estallidos y solidarizarse con ellos sin intentar dirigirlos o
    1. Vivimos en un período de luchas Corresponde al partido-movimiento ser freno sin perder de vista las luchas ofensivas.

    La ideología de que no hay alternativa al capitalismo —que, de hecho, es una tríada: capitalismo, colonialismo (racismo) y patriarcado (sexismo) — acabó siendo interiorizada por gran parte del pensamiento de izquierda. El neoliberalismo logró conjugar el fin supuestamente pacífico de la historia con la idea de crisis permanente (por ejemplo, la crisis financiera). Esta es la razón por la que vivimos hoy en el dominio del corto plazo. Sus demandas deben ser satisfechas porque quienes tienen hambre o son víctimas de violencia de género, no pueden esperar a que llegue el socialismo para comer o ser liberados.

    Pero no se puede perder de vista el debate civilizador que plantea la cuestión de las luchas ofensivas y de medio plazo. La pandemia, si bien hizo del corto plazo una máxima urgencia, generó la oportunidad de pensar que hay alternativas de vida y que si no queremos entrar en un período de pandemia intermitente, debemos prestar atención a las advertencias que nos está dando la naturaleza. Si no cambiamos nuestras formas de producir, consumir y vivir, nos dirigiremos hacia un infierno pandémico.

    1. Solo el partido-movimiento puede defender la democracia liberal como punto de partida y no como punto

    En un momento en que los fascistas están cada vez más cerca del poder -cuando no lo han alcanzado ya-, una de las luchas defensivas más importantes es la defensa de la democracia.

    La democracia liberal es de baja intensidad porque es poca. Acepta ser una isla relativamente democrática en un archipiélago de despotismo social, económico y cultural. Hoy en día, la democracia liberal es un buen punto de partida, pero no un punto de llegada. El punto de llegada debe ser una articulación profunda entre democracia liberal, representativa y democracia participativa, deliberativa. En este momento de luchas defensivas, es importante defender la democracia liberal representativa para neutralizar a los fascistas y radicalizar desde ella la democratización de la sociedad y la política. Solo el partido-movimiento puede librar esta lucha.

  • As portas abertas no Chile

    As portas abertas no Chile

    Carlos Frederico Marés

    O povo chileno buscava construir, de forma pacífica e eleitoral, um Estado Socialista sob a direção de Salvador Allende quando, em 1973, sofreu um violento golpe de Estado sabidamente auspiciado pelos Estados Unidos e pelas ditaduras da América Latina. O golpe chileno de 1973 foi de todos o mais violento, com tentáculos por várias partes do mundo, espalhando o terror da Operação Condor. A tal ponto e com tal descaramento que em 1976 matou, com atentado à bomba, Orlando Letelier, ex-embaixador do Chile nos EUA e ex-ministro de Allende, voz poderosa de denúncia dos atropelos da ditadura, não em Santiago, mas na Embassy Row, Washington, D.C., no coração do Império. O terror de Estado, como se vê, não tinha limites nem fronteiras. 

    A violência, tortura, mortes e opressão impuseram um sistema econômico neoliberal que deveria servir de modelo para todas as economias dependentes: privatização da saúde, da educação, dos transportes, privatização das terras, negando direitos a camponeses e indígenas, precarização das relações de trabalho, privatização das águas, dos minérios e de tudo que pudesse ser transformado em mercadoria, mesmo que destruísse a natureza, os povos, as culturas e os direitos. O modelo foi implantado à força, mas detalhada e competentemente regulamentado por leis. Amarrado em legislações de duvidosa legitimidade, foi sendo construído um hábil sistema jurídico que suportava a economia predatória, de difícil reversão, pensado para sobreviver mesmo depois de afastada a ditadura formal, estruturado como estado neoliberal, de parcas e insuficientes políticas públicas sociais e fortíssimo aparato policial repressor.  

    Por isso mesmo, os juristas tiveram papel crucial. Orientada por Jaime Guzmán, a ditadura organizou um sistema constitucional e judiciário para impedir qualquer mudança, mesmo depois de seu fim. A Constituição elaborada e aprovada em 1980 praticamente impossibilitava sua reforma. As poucas e difíceis mudança havidas tiveram que ser aprovadas por dois terços do Parlamento, receber a sanção do Presidente da República e o crivo de um Tribunal Constitucional formado por sete membros, com mandato certo, eleitos de tal forma pelos órgãos do Estado que garantisse uma maioria sempre fosse conservadora. Por isso, quando a Presidenta socialista Michelle Bachelet, atendendo a grande mobilização estudantil, fez aprovar a reforma do ensino, a Corte Constitucional negou sua aplicação por violação a regras formais constitucionais e a educação continuou privada, cara e acessível apenas para as elites e a presidenta em dívida com a sociedade. Era a força do Estado autocrático que se mantinha apesar do sonho transformador da presidenta e do povo.

    O povo, apesar da intensa propaganda contrária levada a cabo pelo próprio Governo, quis. 78% dos votantes disseram sim.

    O povo chileno empobreceu. Quando as famílias não puderam mais pagar as escolas, os mais velhos perderam sua aposentadoria, os camponeses viram secar suas semeaduras pela apropriação privada da água e os indígenas perderam suas fontes de vida, terra e água, se iniciou uma grande rebelião no país, o povo saiu para as ruas. Sem saídas, acossado por uma mobilização que fazia lembrar os anos 70 do século XX, o governo da mais conservadora direita acenou com a possibilidade de mudanças constitucionais para reformar o sistema. Era a chance de mudar, mais uma vez pela via eleitoral, o destino do Chile. 

    As elites, apoiadas pelos discípulos de Jaime Guzmán, prepararam uma arapuca ao amável e combativo povo chileno. Primeiro, houve um plebiscito para saber se o povo desejava ou não uma nova constituição. O povo, apesar da intensa propaganda contrária levada a cabo pelo próprio Governo, quis. 78% dos votantes disseram sim. Massivamente derrotada, a direita armou uma constituinte de improvável sucesso. Foram convocadas eleições para sua formação mas, qualquer mudança somente seria aceita se dois terços dos eleitos aprovassem a nova regra sob pena de manter a velha e opressiva ordem neoliberal. Quer dizer, para qualquer mudança seria necessário somar 67% dos votos. O status quo estaria mantido com magros 33% dos votantes. A arrogante e confiante direita chilena tinha certeza que isso seria conseguido com certa facilidade, mas não quis arriscar muito e organizou eleições que em tudo favoreciam o partido da direita e enfraquecia os de esquerda, possibilitando candidaturas independentes, com a clara intenção de dividir as propostas de mudança. As eleições escolheriam 155 deputados constituintes, bastaria a vontade 52 para obstar qualquer regra nova. Estava mantido o direito de veto da minoria, o que significaria a continuidade da velha Constituição neoliberal de Pinochet e Guzmán. Na contramão de todos processos constituintes, o chileno foi montado como uma reforma constitucional baseada na velha ordem, travando a vontade expressa dos 78% que votaram no plebiscito e pelo povo na rua. Quem de fora olhava tinha a certeza de que haveria mudanças para que tudo continuasse no mesmo. Mas não foi assim que procederam os movimentos sociais e militantes independentes. Saíram às ruas de porta em porta angariar votos, apesar da pandemia. Era preciso confiar.

    A primeira vitória dos movimentos populares e sociais foi obter uma reserva de 17 cadeiras para os povos originários, 7 cadeiras ao povo Mapuche, 2 ao povo Aimara e 1 para cada um dos povos atacamenho, chango, colla, diaguita, kawéskar, quechua, rapanui, yagán. Os próprios povos escolheriam seus representantes. Em seguida as mulheres conseguiram que a Assembleia Constituinte tivesse paridade de gênero. As duas vitórias somadas, porém, não garantiriam os 67% de votos reformadores, mas era um alento, uma novidade no mundo racista e machista das elites brancas, masculinas e ricas. Os sonhadores viram nisso um sopro de esperança, mas a receita pensada pela direita parecia que ia funcionar, proliferaram pelo país abundantes candidaturas avulsas e houve um efetivo enfraquecimento dos partidos de esquerda. Do outro lado, todas as forças conservadoras se aliaram ao lado de uma coligação sob a direção do Presidente da República em segundo mandato, Sebastián Piñera, era impossível não obter os 52 votos necessários para o veto. A direita nunca obtivera menos do que isso. A festa de vitória antecipada da direita era contida, mas real e insinuada pela propaganda oficial. 

    Dia 16 de maio as urnas começam a ser abertas. Os sonhadores esfregaram os olhos para saber se realmente estavam acordados ou ainda viviam um de seus melhores sonhos inalcançáveis. Estava escondida uma terceira vitória para além dos originários e mulheres, os jovens votaram e foram votados, em massa. Dos 155 constituintes, a unidade de direita obteve apenas 37 cadeiras, 15 menos do que as necessárias ao veto. As discussões que irão ser travadas na constituinte não serão em vão. 118 cadeiras foram obtidas pelas forças que pregavam mudanças, 15 a mais, portanto, das necessárias para aprovação de mudanças, independente de qualquer voto de direita. Maioria de mulheres, jovens e feministas. Está claro que nem as trinta e sete cadeiras de direita, nem as outras cento e dezoito são blocos monolíticos, mas haverá discussão e as grandes mudanças podem até não serem aprovadas, mas não serão singelamente vetadas, argumentos serão esgrimidos, opções serão feitas. As dificuldades serão imensas, principalmente em pontos sensíveis que atinjam o coração do neoliberalismo.

    O resultado não foi menos surpreendente e auspicioso, Irací Hassler, comunista, 30 anos, foi eleita prefeita de Santiago; Macarena Ripamonti, militante da organização Revolução Democrática, 29 anos, foi eleita prefeita de Viña del Mar, a emblemática cid
    ade jardim do Pacífico, menina dos olhos da elite chilena.

    O Chile amanheceu, então, com as portas abertas, expondo uma face sorridente, sábia e com o olhar pregado no futuro. Entre os povos originários, a mais votada foi Francisca Linconao Huircapan, 62 anos, perseguida, processada, criminalizada, que é uma autoridade espiritual mapuche, uma “machi”, e carrega 500 anos de resistência nas costas e saberá liderar as mudanças necessárias aos povos, terá voz e voto pela primeira vez na história do mundo colonial. 

    Foram eleitos, também novos prefeitos e alguns governadores (três, de dezesseis regiões, nas demais haverá segundo turno em junho). O resultado não foi menos surpreendente e auspicioso, Irací Hassler, comunista, 30 anos, foi eleita prefeita de Santiago; Macarena Ripamonti, militante da organização Revolução Democrática, 29 anos, foi eleita prefeita de Viña del Mar, a emblemática cidade jardim do Pacífico, menina dos olhos da elite chilena. Com o detalhe de que em Santiago dos dez conselheiros (vereadores) oito são mulheres, de esquerda e dois homens, de direita. A lista poderia continuar, longa e expressiva de jovens comprometidas com movimentos sociais, militantes, independentes, que têm a mudança como desafio e a esperança como combustível. É provável que nem todas as mudanças sonhadas sejam alcançadas, mas o Chie já não será o mesmo depois de promulgada a Constituição, a esperança voltará a ter força redobrada. 

    Quase 50 anos depois da experiência pacifista e democrática de Salvador Allende, sufocada em sangue, jovens que não a viveram mas a conheceram pela memória de seus pais e pelas dramáticas consequências da opressão, têm em suas mãos as rédeas e o timão que conduzirão a nação ao futuro, promovendo mudanças necessárias na opressiva sociedade dominada pelo capital internacional, sem pátria, sem escrúpulos e sem sentimentos humanos. Conseguirão? No Chile onde tudo tem dono, da gota d’água ao minério de cobre, da escola às estradas e ruas, da aposentadoria do retirado ao financiamento do curso técnico, será possível mudar pelo voto? Só o futuro, próximo, dirá, mas este maio pandêmico no Chile abriu as portas para mudanças e Salvador Allende revive em cada jovem ‘alcaldesa’, ‘alcalde’ e constituinte, alimentando a esperança de alcançar um mundo onde seus netos e bisnetos possam viver, sonhar e rir.

  • La asistencia militar: un estado de excepción oculto en la ley e inconstitucional

    Freddy Ordóñez Gómez

    31 de mayo del 2021

    El pasado 1° de mayo, el presidente Iván Duque declaró que la “asistencia militar seguirá vigente en los centros urbanos donde existe un alto riesgo para la integridad de los ciudadanos y donde se requiere emplear toda la capacidad del Estado para proteger a la población” y que ésta se mantendría “en coordinación con alcaldes y gobernadores, hasta que cesen los hechos de grave alteración del orden público”. Posteriormente, el 28 de mayo, se expidió el Decreto 575 de 2021, que emite órdenes relacionadas con la asistencia militar que desde ese día se ponía en funcionamiento en diferentes territorios del país. Surge la pregunta: ¿Cuál es el decreto por medio del cual entró en vigencia la asistencia militar de la que supimos el 1° de mayo?

    Con una protesta popular que cumple un mes de estar extendida en diferentes ciudades y municipios (cubiertos hoy por el mencionado decreto), 43 asesinatos presuntamente cometidos por la fuerza pública en el marco de las manifestaciones y 236 denuncias sobre abusos policiales por vulneración de derechos humanos en el marco de las protestas y ante la expedición del Decreto 575 se hace necesario un análisis de la figura.

    La asistencia militar fue establecida en el artículo 170 de la Ley 1801 de 2016, el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana (CNSCC), indicándose que es “el instrumento legal que puede aplicarse cuando hechos de grave alteración de la seguridad y la convivencia lo exijan, o ante riesgo o peligro inminente, o para afrontar emergencia o calamidad pública, a través del cual el Presidente de la República, podrá disponer, de forma temporal y excepcional de la asistencia de la fuerza militar”*. En sentido similar, la política marco de convivencia y seguridad ciudadana (PMCSC) estipula (7.19) su condición excepcional, su carácter temporal y la exclusividad de su implementación en manos del presidente.

    Una lectura comparativa del artículo 170 de la Ley 1801 con los artículos 213 y 215 de la Constitución, permite ver que las situaciones que llevan a declarar los Estados de Conmoción Interior y Estados de Emergencia económica, social y ecológica son idénticos a los que permiten al presidente hacer uso de la figura de asistencia militar: “grave perturbación del orden público que atente de manera inminente contra la estabilidad institucional, la seguridad del Estado, o la convivencia ciudadana” y hechos que “constituyan grave calamidad pública”, señalan los artículos Superiores reseñados.

    La temporalidad se presenta como una característica de la asistencia militar, pero ni el CNSCC ni la PMCSC delimitan el tiempo de vigencia: establece la Política Marco que solo podrá mantenerse siempre que sea estrictamente necesaria y concluirá una vez se haya superado la situación que justificó su existencia. Contrario a ello, la Constitución es clara en indicar los días que podrán mantenerse las figuras de los artículos 213 y 215. Ahora bien, mientras los estados de excepción deben regirse por las disposiciones constitucionales, los tratados internacionales de derechos humanos y las leyes estatutarias correspondientes, en la asistencia militar se hace referencia a su sujeción a “estrictos requisitos derivados de la norma, protocolos y al marco jurídico del uso de la fuerza”, sin que haya alguna mención a derechos humanos o a la Constitución. Finalmente, es importante señalar que la decisión es presidencial y solamente media frente a ésta un concepto del Ministro de Defensa.

    Si bien los estados de excepción de los artículos constitucionales 213 y 215 se orientan fundamentalmente a permitir al Gobierno expedir decretos legislativos, la Ley Estatutaria 137 de 1994 (artículo 38) faculta al Gobierno, durante el Estado de Conmoción Interior, a restringir la circulación e imponer toques de queda, utilizar temporalmente bienes, establecer restricciones a la radio y a la televisión, limitar la celebración de reuniones y manifestaciones e impartir las órdenes necesarias para asegurar el abastecimiento. Situaciones como las reseñadas han sido implementadas, como es de público conocimiento, durante el mes de mayo como parte de la asistencia militar y se pueden ver en el Decreto 575 de 2021 (artículo 1, numerales 2, 3 y 6).

    En síntesis, la Asistencia Militar creada con la Ley 1801, vigente durante el último mes y establecida para 8 departamentos, 2 distritos y 11 municipios desde el 28 de mayo, fue la forma de tener una figura de “estado de excepción” de carácter no constitucional (de rango legal), sin las limitaciones de la Carta, discrecional y sin controles: se está ante el presidente y las FF.MM. cogobernando territorios, actuando por fuera del orden establecido en 1991, se está ante la particular militarización que ha caracterizado a la restringida democracia colombiana.

  • De la participación a la pertenencia


    Boaventura de Sousa Santos

    Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

    De la participación a la pertenencia

    Un fantasma recorre el mundo: el regreso de la extrema derecha. Se trata de un movimiento global con ritmos nacionales muy diferentes. Tiene muchas similitudes con lo que sucedió en las décadas de 1920 y 1930, pero también presenta diferencias. Analizo unas y otras con la convicción de que la historia solo se repite si dejamos que eso suceda. Estamos ante movimientos que surgen en medio de crisis sociales por venir y que explotan cuando las crisis estallan. En la década de 1920, fue la Primera Guerra Mundial y la crisis financiera que siguió, que estallaría en 1929. Hoy se trata de la crisis de acumulación de capital frente a las concesiones que este tuvo que hacer al pueblo trabajador después de la Segunda Guerra Mundial para poder competir políticamente y con paz social con la opción socialista del bloque soviético. La reacción comenzó en la periferia del sistema (golpes de Estado en Brasil en 1964 y en Chile en 1973) y se convirtió en un programa global cuando en 1975 la Comisión Trilateral declaró que la democracia estaba sobrecargada debido a un exceso de derechos. Fue el ataque a los derechos económicos y sociales, a la socialdemocracia, un ataque en el que los propios partidos socialistas colaborarían, con la tercera vía de Tony Blair. Tras el ataque a las Torres Gemelas (2001) y la crisis financiera (2008) comenzó el ataque a los derechos cívicos y políticos. Las condiciones para la reaparición de la extrema derecha estaban creadas.
    La crisis pandémica y el periodo de pandemia intermitente en el que vamos a entrar pueden ser el detonador de la explosión de la extrema derecha. Para evitarlo, solo hay una solución: impedir que se agrave la crisis social, lo que no fue posible en los años 1930. Hoy, los Estados Unidos de Biden iniciaron un vasto programa de regeneración de ingresos y de inversión pública a contracorriente, contra todo lo que predicaron durante el apogeo del neoliberalismo. La Unión Europea, patéticamente, parece más presa del neoliberalismo que Estados Unidos y siempre rehén del capital financiero internacional. Alemania cumple en Europa el papel que Estados Unidos desempeña a escala mundial: exporta el neoliberalismo, pero en este momento no lo sigue internamente. Saber hasta qué punto los programas de recuperación y resiliencia podrán contener la grave crisis social que se aproxima es una pregunta abierta, una crisis que actualmente tiene tres puntos de ruptura: Colombia, Brasil y la India. Portugal tendría unas condiciones privilegiadas para evitar lo peor si supiera actuar como Alemania y los países nórdicos: servirse de Europa como jefe sin servir a Europa como empleado.

    La segunda similitud/diferencia se refiere a la relación entre democracia y extrema derecha. La similitud es que la extrema derecha utiliza la democracia con el único propósito de destruirla. Lo hace de muchas maneras. La principal consiste en promover una lógica de pertenencia, sea nacionalista o racista, contra la lógica de participación propia de la democracia. La diferencia es radical y, por tanto, invisible. Participamos en una realidad contribuyendo a construirla (sociedad, democracia), mientras que pertenecemos a una realidad ya plenamente construida (nación, raza, etnia, casta), ya sea la construcción real o inventada. La pertenencia confiere seguridad a quien pertenece en la misma medida que excluye a quien no pertenece. En tiempos de crisis, esta seguridad es preciosa. Las opciones en las que se basan la participación y la pertenencia son muy diferentes. En la participación, se elige entre; en la pertenencia, se elige contra. El objetivo es alcanzar el poder democráticamente para luego no ejercerlo de manera democrática. Como, por ahora, el objetivo todavía no se ha logrado, la extrema derecha seduce fácilmente a las fuerzas de la derecha democrática, a las que ofrece el trampolín de la llegada al poder. La derecha, por su parte, confía en poder domesticar a la extrema derecha y esta, en subvertirla. Fue así en Alemania en la década de 1920. Lo que puede suceder hoy en otros países es una cuestión abierta. En Portugal, los intelectuales de derecha, interesados o no en la promoción de la extrema derecha, siguen la misma línea discursiva: estamos prestando demasiada atención a la extrema derecha y esto la favorece. Exactamente como en Alemania a finales de la década de 1920.

    La tercera similitud/diferencia se refiere a la lucha ideológica. Esta lucha tiene cuatro frentes: el discurso de odio dirigido a los que no pertenecen (ya sea judío, gitano, negro, homosexual, comunista, izquierdista y, finalmente, demócrata); la infiltración de los medios de comunicación; la sustitución de la política por la moral; la seducción de los estratos sociales descontentos y emergentes. Con diferencias, se están activando todos los frentes. En Portugal, el discurso de odio tuvo un estallido estremecedor durante los debates presidenciales y se pudo entender que los medios públicos estaban infiltrados. Esta sospecha se hizo realidad con lo ocurrido recientemente en la agencia pública de noticias, Lusa. En una noticia publicada, un periodista identificó como “negra” (en portugués, “preta”) a una diputada suplente del Partido Socialista. En Portugal, el término “negro” es un término racista, altamente ofensivo. El sustituto del discurso de odio es la dramatización de todos los errores del gobierno, especialmente si es de izquierda. Comparativamente, el gobierno portugués tiene uno de los mejores desempeños en la conducción de la pandemia y los portugueses lo entendieron cooperando cívicamente con las políticas. Sin embargo, quienes siguen las noticias más mediáticas (incluidas las de la televisión pública), solo ven noticias de fracasos groseros, una dramatización que pretende apoyar la idea difundida por la extrema derecha de la “enfermedad de la democracia” y de los “claveles negros”, que pueden justificar “gobiernos de salvación nacional”. Hoy en día, la extrema derecha dispone de las redes sociales, una herramienta poderosa, sobre todo porque el modelo de negocio que subyace en ellas no les permite intervenir salvo en casos extremos. Hoy, el discurso antipolítico y moralista es la lucha contra la corrupción y, especialmente en algunos países, el conservadurismo evangélico o católico. Ambos discursos son proyectos globales y tienen su origen en la extrema derecha estadounidense. Hoy, uno de los grupos emergentes son las mujeres. De cara a las elecciones municipales y locales, el partido de extrema derecha (Chega) recluta en las redes sociales “mujeres dinámicas e inteligentes”.

    La cuarta similitud/diferencia se refiere a la reinvención del pasado. Consiste en convertir las victorias en derrotas y las derrotas en victorias. En Alemania, la paz posible después de la Primera Guerra Mundial se convirtió en humillación nacional; la derrota, en algo que solo no se evitó debido a la debilidad de los gobernantes democráticos. Hoy, en Portugal, los intelectuales de derecha aprovechan subliminalmente el desliz de la participación hacia la pertenencia para elogiar el fascismo colonial de Salazar porque devolvió el orgullo nacional a los portugueses, dio más calidad a la dirección política y, sobre todo, no fue corrupto. Nada de esto tiene que ser cierto para ser efectivo. Es sorprendente (pero con antecedentes históricos) que algunos de estos intelectuales olviden activamente que ellos mismos fueron excluidos de la pertenencia a la sociedad fascista precisamente porque quisieron ejercer participación política. A su vez, el fin del colonialismo, la victoria fundacional de la democracia portuguesa, es transformado en una derrota humillante. Por tanto, de ahí a convertir la revolución del 25 de abril de 1974 en un acto terrorista hay un paso.

    Para detener la deriva de la participación en pertenencia, la historia podría enseñarnos algo si quisiéramos aprender. Aquí hay una lista realista de propuestas. El agravamiento de las desigualdades y de la crisis social deben evitarse a toda co
    sta con políticas de cohesión eficaces. Los servicios públicos deben refinanciarse y repensarse, especialmente en las áreas de salud y educación. La corrupción debe ser eficazmente combatida. La oposición de derecha democrática debe perder la ilusión de poder domesticar a la extrema derecha. Los partidos socialistas que controlan gobiernos de izquierda (en Portugal, PS) deben ayudar al resto de partidos a su izquierda (en Portugal, Partido Comunista y Bloque de Izquierda) a poder invertir en la participación, ya que son las primeras víctimas de la deriva de la pertenencia (las próximas víctimas serán los socialistas). A su vez, los partidos a la izquierda de los partidos socialistas deben asumir que su adversario principal es la derecha y la extrema derecha, y no los socialistas. Los medios de comunicación públicos deben ser escrupulosos a la hora de liquidar el huevo de la serpiente donde se esté incubando. Si la pereza democrática afecta al sindicato de periodistas o a la entidad reguladora de los medios de comunicación, es de esperar que la comunidad PALOP (Países Africanos de Lengua Oficial Portuguesa) suspenda la autorización de Lusa para operar en sus países hasta que el periodista racista sea despedido. De lo contrario, pronto se multiplicará por muchos.

  • La CIDH solicita anuencia a visita de trabajo en Colombia tras presuntas violaciones de derechos humanos en el contexto de las protestas sociales

    Washington D.C. – La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) solicitó una visita de trabajo a Colombia para observar en terreno la situación de los derechos humanos en el entorno de las protestas sociales que dieron inicio el 28 de abril. Al tiempo en que confía en el compromiso de salvaguarda de los más altos estándares de derechos humanos por parte del Estado, espera la respuesta de esta solicitud a la mayor brevedad posible.

    En el marco de su mandato de monitoreo permanente a la situación de derechos humanos en el país, la CIDH ha recibido diversas denuncias de presuntas violaciones a los derechos humanos producto del uso excesivo de la fuerza durante las protestas sociales. La información recibida señala, entre otras, la existencia de personas fallecidas y desaparecidas, hechos de violencia sexual, tortura y tratos crueles, inhumanos y degradantes en contra de manifestantes, abusos contra personas defensoras y ataques a personas indígenas. De igual manera, recibió información sobre agresiones y actos vandálicos contra agentes de policía y propiedades del Estado.

    En las últimas semanas, la Comisión Interamericana ha recibido miles de solicitudes para llevar a cabo una visita de observación a fin de monitorear y dar respuesta a la situación de derechos humanos en Colombia por parte de distintos representantes de la sociedad civil, movimientos sociales, estudiantiles, académicos, juristas, representantes políticos, entre otros. En ese sentido, la CIDH se propone, durante su visita, a mantener reuniones con autoridades del Estado, los más amplios sectores de la sociedad civil, víctimas de violaciones a los derechos y otros actores relevantes.

    Finalmente, la Comisión Interamericana reitera al Estado de Colombia su disposición para apoyar en la superación de la crisis, y reafirma que mantiene su compromiso indeclinable con las víctimas de violaciones a los derechos humanos en el país.

    La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión Interamericana tiene el mandato de promover la observancia y la defensa de los derechos humanos en la región y actúa como órgano consultivo de la OEA en la materia. La CIDH está integrada por siete miembros independientes que son elegidos por la Asamblea General de la OEA a título personal, y no representan sus países de origen o residencia.

  • La política del color: el racismo y el colorismo

    La política del color: el racismo y el colorismo

    Boaventura de Sousa Santos
    8 de mayo del 2021

    Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

    La piel es nuestra mayor barrera protectora natural. ¿Por qué el color de la piel tiene un significado social infinitamente mayor que el color de la pupila de los ojos? Tanto en la tradición cristiana (incluido el secularismo en el que se prolongó) como en la tradición budista, la oscuridad y la claridad fueron metáforas conceptuales que pretendieron explicar el perfeccionamiento de la persona humana en sus relaciones con los poderes que la trascienden. Se refieren a movimientos del conocimiento y de la vida interior. La trayectoria de la oscuridad a la claridad está abierta a todos los seres humanos. Y, de hecho, la máxima claridad (por ejemplo, en presencia de la divinidad) puede convertirse en la máxima oscuridad, siendo ejemplo de ello el horror divino de George Bataille, o en el máximo el silencio del universo, en el caso de José Saramago.

    Sin embargo, con la moderna expansión colonial europea, sobre todo a partir del siglo XVI, la oscuridad y la claridad se utilizaron progresivamente para distinguir entre seres humanos, para clasificarlos y jerarquizarlos. Fue entonces cuando la oscuridad y la claridad se movilizaron como factores identitarios, para definir los colores de la piel de los seres humanos, transfiriendo a esta definición significados antiguos. Si antes tales significados partían de la idea de la condición común de los humanos, a partir de entonces el color de la piel constituirá uno de los vectores fundamentales de la línea abisal que distingue a los humanos de los subhumanos, la distinción que subyace al racismo. Una vez aplicado a la piel humana como factor determinante, el color pasó a designar características “naturales” que definen desde el principio los tránsitos sociales permitidos y prohibidos. Lo “natural” se convirtió en una construcción social concebida como un factor extrasocial de la legitimidad de la jerarquía social definida a partir de las metrópolis coloniales. El “negro” se convirtió en “color”, símbolo de lo negativo, y el “blanco”, “la ausencia de color”, en símbolo de lo positivo. Así surgió el racismo moderno, uno de los principales y más destructivos prejuicios de la modernidad eurocéntrica. Como bien analiza Francisco Bethencourt, el racismo, a pesar de no ser un rasgo exclusivo occidental, asumió con la expansión colonial europea un papel central en la clasificación jerárquica de las poblaciones (Racismos: das Cruzadas ao século XX, 2015).

    A pesar de haber experimentado muchas mutaciones, el prejuicio racial ha mantenido una notable estabilidad. Por un lado, la inmensa diversidad de rasgos fisiológicos y tonos de color de piel no impiden que el prejuicio se adapte y se reconstituya incesantemente según los contextos, a veces pareciendo un residuo del pasado, a veces resurgiendo con renovada virulencia. Por otro lado, su naturaleza insidiosa se deriva de su “disponibilidad” para ser interiorizado por aquellos y aquellas que son víctimas de él, en cuyo caso unos y otras pasan a evaluar su existencia y su papel en la sociedad en función del canon de la jerarquía racial. Por último, la lógica racial del color se insinúa tan profundamente en la cultura y el lenguaje que está presente en contextos tan naturalizados que parecen no tener nada que ver con los prejuicios. Por ejemplo, en el espacio de la comunidad de países de lengua portuguesa (por lo menos en Brasil y en Portugal) los niños aprenden que el lápiz de color beige es el lápiz del color de la piel.

    La primacía otorgada a la visión en el análisis eurocéntrico del mundo hace que el color de la piel sea una de las variaciones más visibles entre los humanos. Está relacionada con las respuestas a la radiación ultravioleta. La piel más oscura, con más melanina, protege a las poblaciones originarias de regiones cercanas al ecuador. Por tanto, en su origen es una respuesta físico- biológica al medio ambiente. ¿Cómo es que, si bien el origen de la humanidad se dio en regiones con mayor radiación ultravioleta, el color de la piel terminó convirtiéndose en un marcador de deshumanización? Fue un largo proceso histórico que, en algunos contextos, evolucionó para convertir la piel clara y la piel oscura en connotaciones de una rígida jerarquía social, lo que llamamos racismo y colorismo. La percepción del color dejó de ser una característica física de la piel para convertirse en un marcador de poder y una construcción cultural. El siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX fueron la época del apogeo de la explicación científica de las diferencias raciales, de las que resultaba, lógicamente, la jerarquía social y la recomendación de no mestizaje, de la eugenesia, del apartheid y de la eliminación de lo que se consideraban razas inferiores (por ejemplo, Nancy Stepan, The Idea of Race in Science: Great Britain 1800-1960, 1982). El concepto de “under man” (subhumano) ganó popularidad con el libro del estadounidense Lothrop Stoddard, The Revolt Against Civilization: The Menace of the Under-Man, publicado en 1922, que se convertiría en el manual de los nazis. Tras la Segunda Guerra Mundial y ante la catástrofe genocida del nazismo y del fascismo, el paradigma de la ciencia racista se fue desmontando. Hoy, los estudios genéticos muestran que, como las clasificaciones raciales no se traducen en diferencias genéticas importantes, no tiene sentido hablar de raza como categoría biológica. De hecho, la variación genética entre grupos raciales es pequeña en comparación con las diferencias genéticas dentro del mismo grupo. En otras palabras, la ideología racista sobrevive al desmantelamiento de las “bases científicas” del racismo.

    A pesar del descrédito de la base científica del racismo, el racismo como ideología permanece e incluso se ha acentuado en los últimos tiempos. Las características morfológicas del rostro, el cabello o el color de la piel siguen utilizándose como marcadores de discriminación racial, y en muchos países determinan las variaciones en la discriminación que se dirige contra diferentes grupos sociales racializados, ya sean negros, asiáticos, indígenas, gitanos o latinos, por no mencionar, dependiendo de la época y del contexto, a judíos, irlandeses, portugueses, españoles, italianos, eslavos. El color de la piel, en concreto, ha adquirido un significado particularmente insidioso al determinar diferencias sistemáticas de trato dentro de grupos que comparten la misma “identidad racializada” o “comunidad de color”. En las Américas, este fenómeno condujo a la formulación del concepto de colorismo para designar este trato diferencial. No hay colorismo sin racismo ni colonialismo. El colorismo potencia la complejidad y la gravedad de las narrativas y de las prácticas racistas y reitera la violencia epistémica y ontológica del proyecto colonial, una violencia aún más cruel cuando ocurre dentro de los grupos racializados. El código colorista establece que cuanto más “blanco” sea el color de la piel, mayor es la probabilidad de que alguien sea candidato a los privilegios de la blanquitud, pero, al igual que ocurre con la identidad racial, la definición del color de la piel es una construcción social, cultural, económica y política. Los estudios sociales del color de la piel muestran que la identificación y la clasificación del color de la piel varían de una sociedad a otra e incluso dentro de la misma sociedad. Es oportuno recordar que Bethencourt decidió estudiar la historia del racismo para responder a esta pregunta: ¿cómo es posible que la misma persona sea considerada negra en Estados Unidos, de color en el Caribe o en Sudáfrica y blanca en Brasil? Yo añadiría otras dos preguntas. ¿Por qué la clasificación varía dentro del mismo país? En el caso de la sociedad brasileña, quien es considerado blanco en Bahía puede ser considerado negro en
    São Paulo. ¿Y puede la clasificación variar en el tiempo?

    Cuando se habla críticamente del racismo, hay una gran tendencia a resaltar los daños, la violencia y la destrucción que causa en las poblaciones racializadas. No obstante, de esta forma, el color de los que causan el racismo se vuelve invisible. La piel de quien ejerce una actitud racista no tiene color, sobre todo en contextos donde el “color blanco” está asociado con el mantenimiento de privilegios heredados de la esclavitud y del colonialismo. Lo mismo podría decirse de la piel de los árabes sauditas en relación con los paquistaníes, filipinos o bangladesíes, o de los chinos en relación con los africanos. Así, se vuelven invisibles tanto el color de la piel como los privilegios que justifica ¿Por qué el análisis crítico del racismo incide principalmente en la discriminación que sufren los cuerpos racializados y omite los privilegios de los cuerpos no racializados? Al final, cuando se habla de “supremacía blanca” no se habla de la calidad del color, sino del poder y los privilegios que invoca. Mucho más allá de los contextos de la supremacía blanca (la blanquitud), el uso racista del color y de la ausencia de color siempre está ligado a la instrumentalización del poder y de los privilegios. Mencioné anteriormente el racismo de los chinos en China contra los africanos negros. Lo cierto es que la Corte Suprema de Sudáfrica dictaminó en 2008 que, con el fin de acceder a una discriminación positiva para promover el “empoderamiento económico de los negros”, los chinos nacidos en Sudáfrica eran considerados… negros.

    La conclusión urgente parece ser la siguiente: sólo razones políticas y luchas de poder pueden explicar la instrumentalización social del color de la piel; y, asimismo, solo ellas explican que el probable aumento de la multiplicidad de tonos de color de piel resultante del mestizaje o la crioulização no se traduzca en el fin del racismo y de la violencia e injusticia que causa. A pesar de la diversidad de contextos ya mencionada, históricamente el problema ha cobrado especial agudeza en los países donde existe una población considerada blanca, por pequeña que sea, pero en posiciones de poder, y asume distintos contornos en contextos diferentes. La investigación se ha centrado principalmente en cómo las diferencias en el color de la piel entre personas consideradas de la “misma raza” determinan diferencias de trato. El caso más tratado es el de los países que heredaron la violencia de la esclavitud, especialmente en el contexto estadounidense. Los análisis muestran consistentemente que, a pesar de avances muy significativos en el acceso a cargos públicos y privados de personas clasificadas como de raza negra (o de cualquier otra raza que no sea blanca), como resultado de las luchas contra la discriminación racial, especialmente durante los últimos cincuenta años, lo cierto es que las personas racializadas que accedieron a estos lugares tienen, en general, un color de piel más claro.

    A pesar de la inmensa diversidad de tonos de piel, el color de la piel marcó y marca no solo diferencias raciales, sino también diferencias de trato dentro de la misma identidad racial. El colorismo es quizás el arma más insidiosa del racismo para dividir a los grupos racializados. Por ejemplo, en los Estados Unidos, los esclavos negros de color más claro eran más caros y se buscaban para el trabajo doméstico en las casas de las plantaciones, mientras que los esclavos de color más oscuro estaban destinados al trabajo duro en los campos. De hecho, los traficantes de esclavos utilizaban las diferencias en el color de la piel para provocar la división entre los esclavos. Mucho después de la abolición de la esclavitud, el racismo y el colorismo no solo permanecieron, sino que se extendieron a nuevas categorías de población, por ejemplo, los inmigrantes europeos. Es decir, la matriz de exclusión basada en el racismo de la diferenciación fenotípica tiene un dinamismo tan cruel e insondable que se propaga “por analogía”. En los Estados Unidos a principios del siglo XX, los irlandeses, italianos y portugueses fueron considerados “blancos oscuros” y sólo gradualmente (¿y completamente?) su color de piel fue siendo “blanqueado”, acompañando su ascenso social. Pero después de todo, ¿fue el ascenso social el que blanqueó la piel o fue la piel sin matriz fenotípica la que facilitó el ascenso? La respuesta es obvia.

    La persistencia del racismo y el colorismo es evidente en esta instantánea fotográfica de Brasil. El 22 de marzo de 2018, el conocido periódico norteamericano Wall Street Journal publicó un reportaje titulado “La demanda de esperma estadounidense aumenta exponencialmente en Brasil”. Relataba que en los siete años anteriores la importación de semen estadounidense por mujeres brasileñas blancas, ricas, solteras y lesbianas había aumentado de modo extraordinario. Las preferencias eran para donantes de piel clara y ojos azules. Según Fairfax Cryobank, el mayor exportador de esperma a Brasil, este país fue el mercado de semen de mayor crecimiento. Mientras que en 2011 solo se habían importado 11 tubos de semen, en 2017 el número subió a 500 tubos. Según el periodista, la preferencia por los donantes blancos refleja la preocupación por el racismo “en un país donde la clase social y el color de piel están íntimamente ligados”. Para las consumidoras, “los niños de piel clara tendrán la expectativa de mejores salarios y un trato más justo por parte de la policía”. En los Estados Unidos, las mujeres negras con tonos de piel más claros y rasgos europeos tienden, al igual que en otras circunstancias, a tener más éxito en conseguir un trabajo, en una carrera profesional, en concursos de belleza o en videos musicales. En el caso de Brasil, el testimonio de Bianca Santana refleja esta dimensión del racismo estructural: “Mi piel no es retinta. Tengo el color del mestizaje brasileño, que tantas veces se ha utilizado para reafirmar el mito de la democracia social… Poder ser vista como blanca o, mejor, como no negra, me dio oportunidades que probablemente no tendría si mi piel fuese más oscura, como ocupar un puesto de coordinación en un colegio europeo de élite (https://revistacult.uol.com.br/home/colorismo-e-o- mito-da-democracia-racial/).

    El colorismo también ha existido dentro del mismo grupo racial cuando, por ejemplo, en el siglo XIX y principios del XX, los clubes de las élites negras en los Estados Unidos negaban el acceso a personas con el color más oscuro. La internalización del colorismo ha llevado y sigue conduciendo a prácticas de blanqueamiento de la piel y la demanda de productos blanqueadores ha crecido enormemente (Lynn Thomas, Beneath the Surface: a transnational history of skin lighteners, 2020). Pero, por otro lado, el colorismo también puede operar a la inversa, en contextos de comunidades altamente racializadas y como reacción de resentimiento: discriminar a las personas de piel más clara consideradas débiles o inferiores por ser producto de mezcla de razas.

    El color, el contracolor y el arco iris

    El color de la piel es un marcador esencialista en nuestras sociedades desiguales y discriminatorias y, como fenómeno político, puede utilizarse con diferentes orientaciones políticas y hasta como forma de compensación histórica. En 1903, el gran intelectual estadounidense negro W.E.B. Du Bois escribió proféticamente que el problema del siglo XX sería “la línea de color”, la “línea de la división racial por el color”. Así fue y así parece seguir siendo hasta bien entrado el siglo XXI. A mediados del siglo pasado, Franz Fanon mostró elocuentemente cómo el racismo actuaba a través de una fractura dialéctica entre el cuerpo y el mundo, entre el “esquema corporal”
    y el “esquema racial epidérmico”. El fenotipo epidérmico sería trivial si no existiera el racismo fenotípico.

    La lógica racial y colorista se utiliza tanto para excluir a los “otros” como para unir el “nosotros”. Ahí radica uno de los hilos con los que se teje la extrema derecha de nuestro tiempo. En el polo opuesto, el movimiento black is beautiful de los afroamericanos en la década de 1960, que luego se extendió a otros países (por ejemplo, en la Sudáfrica del apartheid), consistió en reivindicar el color y cambiar su connotación. Siempre que el color es politizado contra el racismo para unir la lucha antirracial y la lucha anticapitalista, el color de la piel tiende a perder el esencialismo y a relativizarse. Intensamente politizada, la lucha del Black Panther Party fue notable, especialmente en la década de 1970-1980, en un esfuerzo por abolir la relevancia de las diferencias de color de piel entre la comunidad negra. Y ayer, como hoy, queda abierta la cuestión de saber en qué medida grupos de varias razas, etnias y colores de piel pueden unirse en las luchas contra el capitalismo, el colonialismo, el racismo y el sexismo, para así aumentar las posibilidades de éxito de las luchas por una sociedad más justa. Los períodos de mayor optimismo han sido seguidos por períodos de mayor pesimismo con una circularidad inquietante. Dos cosas parecen seguras. Por un lado, los esencialismos identitarios tienden a dificultar la articulación de las luchas sociales contra la desigualdad y la discriminación. Por otro lado, no se puede confundir el cambio en el color del poder con el cambio en la naturaleza del poder. Después de todo, la burguesía negra estadounidense se ha preocupado por alcanzar el poder capitalista y no por cambiarlo (ver Barack Obama). Y no será diferente en otros lugares.

    Wittgenstein escribió (Observaciones sobre los colores, 1996: 17) que un pueblo de daltónicos tendría otros conceptos sobre los colores. ¿Sería esta una solución al racismo basada en el color de la piel? Si es correcta mi propuesta de que el racismo no reside en el color en sí, sino en la política del color centrada en la desigualdad de poder y en la concentración excluyente de privilegios, la respuesta es no. Si se mantiene la estructura de poder, el prejuicio no desaparecería, solo se expresaría de otra forma y con otra justificación.

  • Primavera en la pandemia 2021

    Liliana Estupiñán Achury

    La Octava Papeleta

    El Acuerdo de paz pretendió construir imaginarios y escenarios más amables para el desarrollo de la protesta pacífica en Colombia. La participación política, uno de los puntos del Acuerdo, hizo referencia a la necesidad de fortalecer la democracia, el ejercicio de la oposición, la participación real e igualitaria de las mujeres, así como también de las regiones, los pueblos ancestrales y de quienes nunca han tenido voz. Asimismo, hizo referencia al desarrollo de la protesta como derecho fundamental, sin la estigmatización de la que ha sido objeto durante varias décadas en Colombia.

    Algunos aspectos de este punto del Acuerdo se han desarrollado, otros no. Intervenir la democracia es afectar las élites enquistadas por siglos en el poder. Para la muestra un botón, la tediosa espera en la que están las dieciséis curules de la paz o de los territorios más afectados por el conflicto.

    En este escenario es entendible la movilización o la protesta social que ahora vivimos. Esa nueva primavera que se dio antes de la pandemia y ahora, sin miedo. Los movimientos sociales en todo el territorio nacional ya habían iniciado desde el año 2019. Todo un país rugiendo desde las regiones, los colores, la juventud, las mujeres y los pueblos ancestrales. Algo distinto, más allá de los partidos y de los tradicionales líderes políticos.

    Miles se movilizan ante las cifras de pobreza, hambre, proyectos legislativos desconectados de la realidad social, un ejecutivo desdeñoso e indiferente, cansancio, desesperanza y la búsqueda de un país más digno, en clave plural y de Estado social de Derecho. La Minga indígena, también nos habla, así como las guardias de los pueblos ancestrales y cimarrones. Pero también las cifras de la “fábrica de guerra” que en Colombia no para. El terror sigue presente en todos los territorios y asesina o desaparece al diferente. Últimamente se ha ensañado, como en la época de los falsos positivos, con nuestras (os) jóvenes.

    La paz es más barata que la guerra, pero la élite y el presente gobierno no lo entendieron o no lo quisieron entender. Preocupa también su desconocimiento de la fase actual de los Estados constitucionales, de los derechos humanos, de los animales y de la naturaleza, los estándares internacionales, los convencionales y el marco constitucional garante. Las y los jóvenes sí que entienden la nueva era.

    Poca institucionalidad pervive para proteger lo que queda de la versión inicial de la Constitución de 1991 -sometida a tantos cambios-. Actualmente, sin equilibrio de poderes ni organismos de control que la garanticen con neutralidad y contundencia. Ni siquiera sirven los llamados del Sistema Interamericano de Derechos Humanos en materia de orden público y uso de la fuerza pública, ni las diversas sentencias que conminan a su ejercicio en clave de derechos humanos y de dignidad. El desacato conlleva a la violación de más derechos y al escenario de horror institucional que estamos viviendo. Todos los días despertamos con más cifras de infamia. Protestar es tener un pase a la muerte en Colombia.

    Me pregunto si estamos ante una nueva papeleta. Recuerden que la Séptima, fue impulsada por las y los jóvenes hace 30 años, en medio de las bombas, el narcotráfico, la corrupción y un Estado fallido, una violencia que nunca han merecido y que no es su proceder político. Construimos en Asamblea Nacional Constituyente un texto innovador que combinó al Estado social de derecho con el neoliberalismo, y quizás es en este último, en donde reposa parte del veneno que hoy tiene tan indignado al país. La gran preocupación para muchos sectores, es que una “supuesta” octava papeleta puede ser cooptada por la élite que siempre se ha beneficiado de los movimientos sociales en Colombia, de manera astuta invoca pactos y supuestas “concertaciones” para hacer lo mismo de siempre.

    Todavía no sé si estamos ante un Chile, es posible que la pandemia frene nuevamente los ánimos, pero el movimiento está ahí, está vivo y merece vivir de largo aliento, la vida, ahora mismo, también es importante. Pero algo se gesta en clave de derechos humanos, siento que las y los jóvenes con su arte, amor y compromiso, no pararán (que sea en paz) hasta no lograr los cambios institucionales y legales que les han sido negados.

    Tomado de: https://www.laorejaroja.com/la-octava-papeleta-primavera-en-la-pandemia-2021/

  • Colombia en llamas: el fin del neoliberalismo será violento


    Boaventura de Sousa Santos

    Colombia en llamas: el fin del neoliberalismo será violento

     Colombia está en llamas. Actualmente es uno de los países con más número de muertos por covid-19, ocupando el cuarto lugar en la región después de Estados Unidos, Brasil y México, teniendo hasta la fecha tan solo el 3.5% de la población totalmente vacunada y siendo parte de los países que se niegan a apoyar la solicitud de liberación de las patentes de las vacunas. Es también el país que en 2020 contó con el 42,5% de su población en condición de pobreza monetaria y con el 15,1% de la misma en condición de pobreza monetaria extrema. A estos datos mínimos pero dicientes le podemos sumar que, tras la firma del acuerdo de paz de 2016, se han asesinado entre 700 y 1.100 personas defensores y defensoras de derechos humanos (las cifras varían entre las ONG y las instituciones gubernamentales). Las zonas que antiguamente fueron de dominio de las FARC- EP hoy están en disputa por parte de distintos grupos armados ilegales, los cuales no solo buscan intereses económicos (narcotráfico, minería ilegal) sino que también traen consigo un horrible y sangriento interés por el control sobre la población civil, afectando gravemente el tejido social, dando como resultado que esto es sólo la punta del iceberg del nuevo panorama que atraviesa el país.

    Es en este contexto, y tras casi 3 años bajo el gobierno de una derecha opositora al acuerdo de paz que, en medio de una pandemia que ha matado a miles de personas, el pueblo trabajador ha salido a las calles a levantar su voz en contra de una anunciada reforma tributaria que buscó, bajo la lógica del gobierno, recaudar 23 billones de pesos (algo cercano a 6.300 millones de dólares) para mejorar las finanzas públicas y financiar los programas de asistencia social. Si bien es cierto que el país necesita mejorar su sistema tributario, esta reforma planteaba aumentar el número de personas declarando y pagando impuestos sobre la renta con el aval, la visión y el marco conceptual del Fondo Monetario Internacional (FMI).

    Plantear la idea de que más personas sean las encargadas de tributar y financiar los gastos del Estado, en teoría, no suena descabellado, es más, llevaría a pensar que serían las personas de altos ingresos quienes más pagarían impuestos teniendo en cuenta los principios de progresividad, equidad y eficiencia tributaria consagrados en la Constitución Política de Colombia. Pero, según los datos del Banco Mundial, Colombia es uno de los países más desiguales de América Latina (el índice GINI es de 51,3), reflejando una política fiscal inadecuada y regresiva que posibilita una alta concentración del ingreso y la riqueza, ocasionado por ello un menor desarrollo, teniendo en cuenta que los ingresos y la riqueza se quedan en manos de un porcentaje muy pequeño de la población. La reforma planteada, se uniría al largo y complejo sistema tributario del país que no refleja una verdadera política progresiva y que está lleno de beneficios tributarios dirigidos a las personas con mayores ingresos.

    Podríamos afirmar que a partir de 2016 el pueblo trabajador ha inundado las calles y plazas de Colombia exigiendo la defensa de la paz y el cumplimiento de los acuerdos, la protección de los líderes sociales y la solidaridad con quienes han sido asesinados, así como el rechazo a propuestas de modificación de los regímenes pensionales, laborales y tributarios. Así, en los últimos 5 años Colombia ha visto sus calles recorridas por jóvenes, mujeres, indígenas, afros, docentes, pensionados y estudiantes que han generado hechos insólitos como presenciar una de las mayores manifestaciones en el país desde la década de 1970 como lo fue la llevada a cabo el 21 de noviembre de 2019 (21N). Gracias a este empoderamiento popular, y a pesar de la pandemia del covid-19, Colombia volvió a marchar del 09 al 21 de septiembre de 2020 para protestar en contra del abuso policial, del mal manejo del Gobierno ante la crisis económica y social provocada por la pandemia y para sentar una voz que dijera basta ya a las masacres en el país, las cuales no tuvieron tregua a pesar de las medidas de confinamiento. En especial hay que subrayar la Minga del Suroccidente Colombiano ocurrida en octubre de 2020 liderada por las organizaciones indígenas que emocionó por sus consignas y valentía y que logró movilizar a una gran parte de la sociedad en torno a sus exigencias tras su recorrido por el país, logrando la opinión favorable de millones de personas que los recibieron calurosamente en cada ciudad durante su viaje hasta la capital.

    Bajo este panorama el pueblo decidió a partir del 28 de abril (28A) de 2021 marchar en contra de la reforma tributaria y del gobierno indolente. La represión de las fuerzas policiales es brutal. El malestar ciudadano ha sido objeto de estigmatización y represión por parte de la fuerza pública, lo que ha llevado a que distintas organizaciones de derechos humanos registren entre el 28 de abril y el 05 de mayo un total de 1708 casos de violencia policial, 381 víctimas de violencia física por parte de la policía, 31 muertes (en proceso de verificación), 1180 detenciones arbitrarias en contra de los manifestantes, 239 intervenciones violentas por parte de la fuerza pública, 31 víctimas de agresión en sus ojos, 110 casos de disparos de armas de fuego por parte de la policía y 10 víctimas de violencia sexual por parte de fuerza pública. . De igual manera, la Defensoría del Pueblo (la figura del ombudsman en Colombia) señaló que se registraron 87 quejas por presuntas desapariciones durante las protestas del Paro Nacional del 28A.

    Lo que empezó como una fuerte oposición a una reforma impopular y a un ministro de hacienda que desconocía el valor de una docena de huevos (y en general de toda la canasta familiar), ha escalado al punto de no solo lograr que se retire dicha reforma en el congreso y que dicho ministro renuncie, sino que el presidente de la república Iván Duque Márquez ha propuesto un espacio de dialogo con distintos sectores de la sociedad civil, dialogo que hasta el momento parece ser solo entre las élites del país, desde arriba, y nunca desde abajo. Las organizaciones sociales saben por experiencia que de este gobierno nada bueno hay que esperar, pero como siempre lo han hecho no se rehúsan al dialogo. La primera victoria del movimiento ciudadano en las calles sobre el retiro de la reforma no llegó pacífica o gratuitamente. Además de las cifras antes mencionadas y recolectadas por las ONG del país, el Presidente Duque anunció la militarización del país antes de ceder al clamor social. A partir del 01 de mayo, las redes sociales y las calles colombianas han visto el horror de un despliegue militar típico de un estado de excepción dictatorial con la policía disparando en contra de manifestantes pacíficos y desarmados. Esta ha sido quizás la respuesta más violentamente represiva en tiempos de pandemia a nivel mundial.

    Particularmente en Cali las protestas tuvieron una intensidad muy especial debido a la movilización de las organizaciones indígenas después del cruel asesinato de Sandra Liliana Peña, gobernadora indígena de apenas 35 años quien proponía la recuperación de los conocimientos tradicionales y rechazaba la presencia de todos los actores armados en su territorio. Esta ciudad es el segundo centro urbano más negro de América del Sur, llena de contradicciones y luchas, y que ha visto como reprimen a su pueblo de la forma más aberrante posible. La situación es tal que, en medio de una reunión pacífica y transmitida en directo por las redes sociales, se puede observar al escuadrón antidisturbios haciendo presencia para dispersar la manifestación, causando la muerte de un joven frente a más de 1.000 espectadores que observaban a través de internet. Desde Siloé, una comuna (favela) en Cali, se denunció también que durante la noche del 04 de mayo no se pudo acceder al servicio de internet en la zona.

    La débil respuesta a
    la violencia policial por parte de las instituciones colombianas (tanto administrativas como judiciales) ha dado lugar para que civiles armados amenacen (y en ocasiones disparen) a los manifestantes bajo la idea de que son “vándalos” y “terroristas”. En Cali, los estudiantes hicieron circular el siguiente “diálogo”: “Tenemos 25.000 armas”, gritaba un hombre vestido de blanco desde su costosa camioneta parqueada frente a la Universidad del Valle (Univalle). “Nosotros tenemos una de las mejores bibliotecas del país”, le contestó un estudiante. En Pereira, el alcalde promovía un “frente común” que incluyera a miembros de la seguridad privada, al ejército y a la policía para “recuperar el orden y la seguridad ciudadana”, dando lugar a que un joven resultara herido con ocho balas y esté agonizando en un hospital de dicha ciudad.

    ¿Para dónde va Colombia?

    Esta pregunta es importante para Colombia, pero más allá de Colombia me parece ver en los recientes acontecimientos en Colombia el embrión de mucho de lo que pasará en el continente y en el mundo en las próximas décadas. Claro que cada país tiene una especificidad propia, pero lo que pasa en Colombia parece anunciar el peor de los escenarios que identifiqué en mi reciente libro sobre el periodo postpandemia (El Futuro Comienza ahora: de la pandemia a la utopía. Madrid: Akal. 2021). Este escenario consiste en la negación de la gravedad de la pandemia, la política de sobreponer la economía a la protección de la vida, y la obsesión ideológico-política de volver a la normalidad aun cuando la normalidad es el infierno para la gran mayoría de la población. Las consecuencias de la pandemia no pueden ser mágicamente frenadas por la ideología de los gobiernos conservadores, la crisis social y económica pospandemica será gravísima sobre todo porque se acumula con las crisis que preexistían a la pandemia. Será por eso mucho más grave. Las políticas de ayuda de emergencia por deficientes que sean combinadas con el ablandamiento económico causado por la pandemia van a causar un enorme endeudamiento del Estado y el agravamiento de la deuda será una causa adicional para más y más austeridad. Los gobiernos conservadores no conocen otro medio de lidiar con las protestas pacíficas del pueblo trabajador en contra de la injusticia social que no sea la violencia represiva. Así van a responder y el mensaje va a incluir la militarización creciente de la vida cotidiana. Lo que implica el uso de fuerza letal que fue diseñada para enemigos externos. La degradación de la democracia ya bastante evidente se profundizará todavía más.

    ¿Hasta qué punto el mínimo democrático que todavía existe colapsará dando lugar a nuevos regímenes dictatoriales?

    Este escenario no es especulación irrealista. Un reciente informe del FMI hace la misma previsión. Dicen los autores Philip Barrett y Sophia Chen1 que las pandemias pueden tener dos tipos de efectos sobre la agitación social: un efecto atenuante, suprimiendo la posibilidad de causar disturbios al interferir en las actividades sociales, así como un efecto contrario que aumente la probabilidad de malestar social y por consiguiente se generen disturbios o protestas en la medida en que la pandemia se desvanezca. Lo que no dicen es que las protestas serán motivadas por las mismas políticas que el FMI y las agencias financieras promueven en todo el mundo. Es tanta la hipocresía del mundo en el que vivimos que el FMI ignora u oculta las consecuencias de sus lineamientos. El pueblo colombiano merece y necesita de toda la solidaridad internacional. No estoy seguro si la tendrán abiertamente de las agencias internacionales que dicen promover los derechos humanos a pesar de que estos estén siendo violado tan gravemente en Colombia. Imaginemos por un momento que lo que está pasando en Colombia estuviese ocurriendo en Caracas, Rusia o cualquier otra parte del mundo declarado como no amigo de los EUA. Seguramente la OEA, el alto comisariado de la ONU, y el gobierno norte americano ya estarían en campo para denunciar los abusos y proponiendo sanciones a los gobiernos infractores. ¿Por qué la suavidad en los comunicados emitidos hasta la fecha? No se le puede escapar a nadie que Colombia es el mejor aliado de los EUA en América Latina, siendo el país que se ofreció para instalar siete bases militares de los EUA en su territorio (situación que afortunadamente no ocurrió por intervención de la Corte Constitucional). Las relaciones internacionales en el presente viven el momento más escandaloso de hipocresía y parcialidad: solamente los enemigos de los intereses norteamericanos cometen violaciones de los derechos humanos. No es nuevo, pero ahora es más chocante. Las agencias multilaterales se rinden a esta hipocresía y parcialidad sin ningún tipo de vergüenza. Los colombianos, eso sí, pueden esperar la solidaridad de todos los demócratas del mundo. En su valentía y en nuestra solidaridad reside la esperanza. El neoliberalismo no muere sin matar, pero cuanto más mata más muere. Lo que está pasando en Colombia no es un problema colombiano, es un problema nuestro, de las y los demócratas del mundo.

    Por el momento, las manifestaciones en Colombia no se ven próximas a finalizar y pese a que solo ha pasado una semana desde el inicio de las mismas debemos insistir en superar el miedo que ronda las calles del país e insistir en la esperanza de un futuro prometedor, más justo y en paz, para un país que ha querido terminar un conflicto de más de 50 años a través de un Acuerdo que agoniza bajo las garras del capitalismo abisal.

    1 Social repercussions of Pandemics. IMF Working Paper. 2021.

  • EVENTO | Colombia sin censura. La voz de sus protagonistas

    Ante la campaña de desinformación difundida por los medios tradicionales colombianos que invisibilizan la violencia y el abuso de poder por parte de la fuerza pública en el marco de las protestas ciudadanas, y ante la censura a los medios alternativos y en redes sociales, convocamos al foro virtual Colombia sin censura. La voz de sus protagonistas, un espacio con el que buscamos exponer la dura situación que se vive hoy día en nuestro país, así como las razones del descontento e inconformismo que llevaron a miles de colombianas y colombianos a salir a las calles y manifestarse en rechazo a la reforma tributaria, a la legislación en salud y a la política de pensiones, contra la corrupción, contra la violencia sistemática que se ejerce desde la Policía Nacional, el Ejército y el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD).

    Colombia está en emergencia, en Colombia nos están matando.

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