Categoría: Opinión

  • Derecho y naturaleza: tres perspectivas

    Derecho y naturaleza: tres perspectivas

    Germán Burgos

    Ph.D. Investigador ILSA. Profesor universitario.

    09 de Marzo de 2023

    La relación entre el Derecho como expresión de la cultura con la naturaleza como aquello hasta cierto punto incontrovertible puede identificarse a lo largo de diversos planos que muestran la complejidad mediante la cual se ha construido el binomio cultura/naturaleza. Antes de abordar esta discusión, no podemos perder de vista de que lo que consideramos como natural es parcialmente producto del lenguaje desde donde construimos y enunciamos ese ámbito pretendidamente externo y ajeno a nuestra voluntad. Naturalizar algo lo hace de cierta forma incuestionable, aceptable, asumible como inevitable, de manera similar a la determinación según la cual no nos es posible dejar de respirar voluntariamente, dado que es algo natural.

    Como parece obvio para cualquier cultor del Derecho, la primera relación nos ubica en el terreno de la identificación de un derecho natural desdoblado en diversas leyes que se entienden como marco inevitable y recto de nuestro comportamiento. A partir de un orden natural intocable, proveniente de la voluntad de Dios o de la identificación racional, se postuló desde la hobbesiana ley de que los contratos están para ser cumplidos hasta los planteamientos de los primeros atisbos del derecho internacional según el cual los indígenas deberían ser considerados como criaturas humanas con razón aunque bárbaras y, por ello, colonizables, según Vitoria.

    La invocación de la naturaleza en este caso pretendía fundar un orden incontrovertible y legitimado en un pasado remoto que estaba debidamente resuelto por Dios o la razón. Como es de todos conocido y se enunció anteriormente, las distintas versiones del iusnaturalismo entraron en crisis en razón de la dificultad de identificar con claridad y consensuadamente el contenido del mismo. Kelsen sería el autor que con mayor claridad daría el puntillazo fundamental el iusnaturalismo, lo cual no significa que siga siendo la trinchera de cierto pensamiento conservador contra los avances del constitucionalismo liberal relativo a asuntos como la familia o la orientación sexual que siguen siendo entendidas como “realidades naturales”.

    Una segunda perspectiva es la que nos plantea que el Derecho sería una forma de proyectar y, a su vez, contrarrestar cierta idea de la naturaleza. En línea con lo anterior, la idea de los derechos humanos expresada entre otros en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, postula que las libertades individuales, la defensa de la dignidad e integridad de las personas es un punto de partida natural que debe ser aceptado. Nacemos libres e iguales, aunque en honor a la verdad es el derecho el que nos libera en clave individual y nos iguala en términos normales.

    Complementariamente, la otra cara de lo antes afirmado es la idea de que el Derecho es capaz de enfrentar las constricciones negativas de nuestra biología natural. Así, si bien somos desiguales en diversas maneras, el Derecho busca igualarnos a través de ciertos criterios. Aun cuando no somos libres frente a las constricciones de la enfermedad y la muerte, al menos hasta ahora, se emblematiza la salud como un derecho y la facultad de decidir libremente nuestra muerte bajo ciertas condiciones. En suma, el Derecho proyecta una idea de una supuesta naturaleza humana, la cual es igualmente enfrentada en los planos de la desigualdad y la no libertad según ciertos criterios biológicos.

    En tercer, y último lugar, están las formas en que el Derecho, como otras tantas ciencias, reconoce y acepta los avatares de la naturaleza, es decir, no quiere necesariamente transformarlos, si no admitirles y regularlos según diversos cauces jurídicos. Si bien el hombre moderno especialmente ha logrado transformar la naturaleza, en muchos casos lo que ha hecho es imitarla sea entendiendo el rompimiento de ciertos átomos para la energía nuclear o canalizando los ríos según su cauce para el riego o la producción de energía eléctrica. En el fondo es el reconocimiento de las leyes de la naturaleza, las cuales no se pueden transformar. Esto mismo pasa desde el Derecho con la idea de nacimiento y muerte.

    Estas dos situaciones fundamentales de cualquier ser humano son incontestables, pero se han convertido en materia de diversos debates relacionados, entre otros temas, con cuándo comienza la vida, cuál es la libertad de decisión de las mujeres, cuándo se considera a alguien muerto, cuándo puede decidirse legítimamente sobre la misma etc. En suma, la corroboración de lo planteado al inicio de este texto, a saber, que seguimos a merced, al menos desde el Derecho, de una construcción artificial de la naturaleza vía el lenguaje jurídico.

  • No es un hobby; es una carrera académica

    No es un hobby; es una carrera académica

    Liliana Estupiñán Achury

    No es un hobby; es una carrera académica Algunos/as profesores/as, especialmente los del mundo del Derecho, equiparan la docencia por algunas horas como un interesante hobby que, incluso, harían de forma gratuita. Magistrados/as, jueces/zas, abogados/as, litigantes, consultores/as y más, no todos/as expertos/as en formación, pero con grandes conocimientos técnicos o experticia en la práctica profesional, van y vienen de los salones de clases. Una modalidad valiosa que en Colombia se identifica con la categoría de catedráticos/as. Sin duda esta clase de docentes es muy importante para el mundo profesional, pero no es sobre ellos/as en donde recae la gran tarea de construcción de la academia, el conocimiento científico y el de universidad.

    De hecho, una cosa es el hobby o unas cuantas horas para el ejercicio de la formación y, otra, la dedicación exclusiva al mundo académico. Es decir, gozar de una carrera académica, cuyo ingreso complejo, hoy está vinculado, entre otros requisitos, a la exhibición de un título de doctor/a o magíster, segunda lengua, experticia profesional pero también formación en pedagogía, producción académica y más. Una puerta de ingreso que va desde jóvenes investigadores/as, profesores/as asistentes, auxiliares, asociados/as, titulares y hasta eméritos/as (diversas categorías se observan). En principio, una carrera lenta que se forja con máxima disciplina, años y concentración.

    Es precisamente, en clave de carrera académica en donde las instituciones educativas, especialmente las facultades de Derecho cifran parte de su gran labor de construcción de comunidad científica. ¿Qué hace un profesor/a?: prepara y planea clases, orienta, evalúa, presenta proyectos, lidera proyectos académicos y de cooperación, construye artículos, libros y diversos materiales sometidos a evaluación nacional e internacional, funge como evaluador/a de producción académica, diligencia formatos, formatos y formatos, participa en diversas convocatorias, entre otras la de MinCiencias para lograr categorizaciones que hoy son y que mañana se pierden, revisa su índice H y todos aquellos necesarios para medir citación e inserción en el mundo científico, lidera grupos y líneas de investigación, trabaja en redes de conocimiento y de impacto social, apoya en la construcción de políticas públicas, presenta conceptos, apoya en la creación de registros calificados, programas de evaluación y autoevaluación de programas o de las propias instituciones, lee, lee, lee, lee, lee, lee y escribe y escribe, presenta ponencias, estancias académicas conferencias nacionales e internacionales, direcciona revistas científicas, lidera procesos de extensión, programas asignados, acompaña a los/as semilleros/as, direcciona tesis de investigación y hasta doctorales y, con el tiempo, logra algún tipo de prestigio (a veces ni eso). Si a estas tareas se le aplica la perspectiva de género, suelen ser ellas las de las grandes tareas muchas veces invisibilizadas y no reconocidas, ante la lógica patriarcal o los manels que cunden en la mayoría de las instituciones. Las mujeres llevan parte extenuante de las tareas administrativas, ellos dirigen y presentan ponencias (cuando tienen el nivel para ello). Si aplicamos interseccionalidad, la cosa se agrava, ni hablar de la provincia, de las universidades populares (no de élite), sin duda el territorio y el origen hacen de las suyas en esto de la academia.

    Nota. Es importante señalar que no todos/as hacen las mismas funciones, algunos/as son más docentes, otros/as más investigadores/as y/o administrativos/as.

    Por supuesto, que el último perfil en comento, el de carrera académica, dista de la caracterización del catedrático/a (profesor/a por horas) que apenas entra y sale de los salones. Insisto, muy importante, pero no es en ellos/as en donde se cifra la construcción de universidad de alto nivel, de perspectiva crítica e intelectual de las instituciones. Toda una construcción de estados del arte, marcos teóricos y epistemológicos solamente posibles en redes e investigación de alto nivel.

    Para que una universidad cuente con un verdadero y “exclusivo” equipo profesoral que marque áreas de conocimiento, se requiere de la existencia de verdaderas carreras académicas, bien remuneradas, apoyadas institucionalmente, con contratos de trabajo (revisar la situación laboral o de contratación de cientos y de miles de docentes que se exhiben en los documentos de solicitud de registros académicos, muchas mañas para soportar el mercado), y estos como mínimo a término indefinido, incentivos, buen trato, reconocimientos por los esfuerzos y más. Hacer una carrera académica no es un hobby; es todo un proyecto de vida.

    Siento que las universidades, no todas, ante las lógicas del mercado y la crisis propia de la fase de pospandemia, han agravado de manera hasta inhumana la situación de cientos y miles de profesores/as en Colombia, una tendencia que puede ser mundial. Al final, son ellos/as las que cargan el proceso de reconstrucción, ¿por qué tan duros/as con los/as que hacen la gran tarea de la formación? Muchas instituciones están quebradas o en severa crisis, se durmieron y ahora la competencia abruma, otras no tienen direcciones expertas en el mundo académico (aquí también pervive la puerta giratoria de los tribunales a la academia) y, así las cosas, todo tiende a perecer, otras, sencillamente se olvidaron de que esto de la carrera, además de no ser un hobby, es fundamental para la máxima calidad y la formación.

    Desalentador panorama veo en Colombia, nadie hace nada, nadie opina nada, todos/as tienen miedo de perder los puestos (aplica para las privadas -no todas-, supongo que las públicas presentan otro diagnóstico). La educación superior tampoco es un hobby, pero es parte de la solución que esperan millones de jóvenes de un país que hace poco vivió tremendo estallido social. Pues sin profesores/as de alto nivel difícilmente podremos hacer del mundo académico algo serio y digno para ellos/as, más allá de generar cartones. Preocupados/as por los ranking a los que poco accedemos ante la pauperización, uno que otro scopus no dará la entrada a nada.

    El negocio está en crisis en varias de las universidades y, en tal caso, poco de derechos y garantías para la construcción de la academia, por lo menos de esa que nos sacará del bajo nivel de reconocimiento en que nos tienen todavía a nivel internacional.

    ¿Y los/as estudiantes? Mejor intento responder esa pregunta en otra columna de catarsis.

  • El silencio de los intelectuales

    El silencio de los intelectuales

    Boaventura de Sousa Santos*

    *Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial. Texto enviado a OtherNews por el autor, el 21.02.23

    Traducción de Bryan Vargas Reyes

    Cada pueblo caminaba por las calles de Europa con una pequeña antorcha en la mano; y ahora, he aquí el fuego. (Jean Jaurès, 25 de julio de 1914, seis días antes de ser asesinado por un fanático militarista)

    Los intelectuales no tienen el monopolio de la cultura, de los valores o de la verdad, y mucho menos el monopolio de aquello que debería ser entendido por cualquiera de estos «dominios del espíritu», como se decía antiguamente. Tampoco pueden renunciar a denunciar lo que, en su opinión, consideran ser destructivo de la cultura, de los valores y de la verdad, especialmente cuando esta destrucción supuestamente ocurre en nombre de la cultura, los valores y la verdad. Los intelectuales no pueden dejar de saludar al sol antes de que nazca el día, pero tampoco pueden evitar advertir que muchas nubes pueden nublar el cielo antes de que caiga la noche e impedir que se disfrute la claridad del día.

    En Europa estamos asistiendo al alarmante (re)surgimiento de dos realidades destructivas de los «dominios del espíritu»: la destrucción de la democracia, con el crecimiento de las fuerzas políticas de extrema derecha; y la destrucción de la paz con la naturalización de la guerra. Cualquiera de estas destrucciones está legitimada por los valores que pretende destruir: la apología del fascismo se hace en nombre de la democracia y la apología de la guerra en nombre de la paz. Todo esto es posible porque la iniciativa política y la presencia mediática están siendo entregadas a las fuerzas belicistas y a las fuerzas conservadoras de derecha o extrema derecha. Las medidas de protección social para que la población sienta en el presupuesto y en la convivencia que la democracia es mejor que la dictadura son cada vez más escasas debido a los costos de la guerra en Ucrania y al hecho de que las sanciones económicas en contra del “enemigo”, que supuestamente debían causar daño al enemigo, están, de hecho, causando daño a los pueblos europeos cuyos gobiernos se aliaron con Estados Unidos.

    La destrucción de la paz y la democracia se debe generalmente a la constitución desigual y paralela de dos círculos de libertades autorizadas, es decir, las libertades de expresión y acción aceptadas por los medios de comunicación y el poder político. El círculo de libertades autorizadas para posiciones progresistas que defienden la paz y la democracia disminuye cada vez más, mientras que el círculo de libertades autorizadas para posiciones conservadoras que hacen apología de la guerra y la polarización fascista sigue creciendo. Los comentaristas progresistas están cada vez más ausentes de los grandes medios de comunicación, mientras que los conservadores dejan pasar semanalmente páginas enteras cargadas de una mediocridad espantosa. Veamos los principales síntomas de este vasto proceso en curso.

    1. La guerra de información sobre el conflicto entre Rusia y Ucrania se ha desarrollado hasta ahora de tal manera que incluso los comentaristas con cierto sentido común conservador se someten a ella con repugnante sumisión. Un ejemplo entre muchos de los medios corporativos europeos: en el comentario semanal de un canal de televisión portugués (SIC, 29 de enero de 2023), un conocido comentarista, generalmente una persona de buen criterio dentro del campo conservador, dijo más o menos esto: «Ucrania tiene que ganar la guerra porque si no gana, Rusia invadirá otros países de Europa». Más o menos lo mismo que los televidentes estadounidenses escuchan todos los días de la mano de Rachel Maddow en el canal de televisión MSNBC. ¿De dónde viene este absurdo sino del consumo excesivo de desinformación? ¿Se les habrá olvidado que la Rusia postsoviética quería unirse a la OTAN y a la UE y fue rechazada, y que la expansión de la OTAN en las fronteras de Rusia, en contra de lo que le fue prometido a Gorbachov, podría ser una preocupación defensiva legítima por parte de Rusia, incluso si es ilegal invadir Ucrania, como condené desde primera hora? ¿No sabrán que fueron Estados Unidos y Reino Unido quienes boicotearon las primeras negociaciones de paz poco después de la guerra haber comenzado? Y si, por hipótesis, Zelensky quisiera abrir negociaciones con Putin, ¿creen que solo lo detendría la extrema derecha ucraniana? ¿Estados Unidos o Reino Unido lo permitirían? ¿No han pensado los comentaristas ni por un momento que una potencia nuclear enfrentada a la eventualidad de la derrota en la guerra convencional puede recurrir a las armas nucleares, y que esto puede causar una catástrofe nuclear? ¿Y no se dan cuenta de que en la guerra de Ucrania se explotan dos nacionalismos (ucraniano y ruso) para someter a Europa a una dependencia total de Estados Unidos y detener la expansión de China, el país con el que Estados Unidos está realmente en guerra? ¿Que Ucrania es hoy la prefiguración de lo que Taiwán será mañana? Curiosamente, en este vértigo ventrílocuo de la propaganda, nunca se dan detalles sobre lo que significa la derrota de Rusia. ¿Conducirá al derrocamiento de Putin? ¿La balcanización de Rusia?

    2. La ideología anticomunista que ha dominado el mundo occidental durante los últimos ochenta años está siendo reciclada para fomentar hasta la histeria el odio antirruso, a pesar de que se sabe que Putin es un líder autocrático, amigo de la derecha y de la extrema derecha europea. Se prohíben los artistas, músicos y deportistas rusos, y se eliminan los cursos sobre cultura y literatura rusas, tan europeas como la francesa. En la primera reunión internacional del club P.E.N. después de la Primera Guerra Mundial, celebrada en mayo de 1923, los escritores alemanes fueron prohibidos como parte de la estrategia de humillar la potencia vencida en el Tratado de Versalles de 1919. La única voz disidente fue la de Romain Rolland, Premio Nobel de Literatura en 1915. Él, que había escrito tanto contra la guerra, y específicamente contra los crímenes de guerra de los alemanes, tuvo el coraje de declarar, «en nombre del universalismo intelectual»: «No someto mis pensamientos a las fluctuaciones políticas y dementes de la política».

    3. La democracia está siendo tan vaciada de contenido que puede ser defendida instrumentalmente por aquellos que la usan para destruirla, mientras que aquellos que sirven a la democracia para fortalecerla contra el fascismo son considerados izquierdistas radicales. Fue unánime el coro occidental para celebrar los eventos de la plaza Maidan de Kiev en 2014, donde comenzó la guerra de hoy. Aunque las banderas de las organizaciones nazis fueron claramente visibles en las protestas, a pesar de la furia popular dirigida contra un presidente elegido democráticamente, Víctor Yanukovych, a pesar de que las escuchas telefónicas revelaron que la neoconservadora estadounidense, Victoria Nuland, había indicado los nombres de aquellos que asumirían el poder en caso de una votación, incluida la de una ciudadana estadounidense, Natalie Jaresko, que más tarde sería nombrada nueva Ministra de Finanzas…de Ucrania, a pesar de todo esto, estos eventos, que fueron un golpe bien orquestado para ahuyentar a un presidente pro-russo y convertir a Ucrania en un protectorado estadounidense, se celebraron en todo Occidente con la vibrante victoria de la democracia. Nada de esto fue incluso tan absurdo como el hecho de que el diputado de la oposición venezolana, Juan Guaidó, se proclamara presidente interino de Venezuela en una plaza de Caracas en 2019, y eso fue suficiente para que Estados Unidos y muchos países de la UE lo reconocieran como tal. En diciembre de 2022, fue la propia oposición venezolana la que puso fin a dicha farsa.

    4. La dualidad de criterios para juzgar lo que está sucediendo en el mundo asume proporciones aberrantes y se ejerce casi automáticamente para fortalecer a los apologistas de la guerra, estigmatizar a los partidos de izquierda y normalizar a los fascistas. Los ejemplos son tantos que cuesta seleccionarlos. Doy algunos de ellos. En Portugal, por ejemplo, el comportamiento ruidoso e insultante de los miembros del partido de extrema derecha Chega en el parlamento es muy similar al comportamiento de los parlamentarios del partido nazi en el Reichstag desde que ingresó en el Parlamento alemán a principios de la década de 1920. Hubo intentos de detenerlos, pero la iniciativa política les pertenecía y las condiciones económicas los favorecían. En mayo de 1933, estaban promoviendo la primera quema de libros en Berlín. ¿Cuánto tiempo esperarán los portugueses? El segundo ejemplo. Siguiendo una orientación derechista global muy patrocinada por las instituciones de contrainsurgencia de Estados Unidos, los gobiernos izquierdistas que no pueden ser derrocados por golpes suaves deben ser desgastados por acusaciones de corrupción. Forzarlos a lidiar con problemas de gobernabilidad y de crisis permanente para que no puedan gobernar estratégicamente. En Portugal, al parecer, solo hay corrupción en el Partido Socialista. Para los medios de comunicación conservadores hegemónicos, todos los ministros del gobierno socialista, hasta que se demuestre lo contrario, son considerados corruptos. No es difícil encontrar ejemplos similares en otros países.

    En el plano internacional me refiero a dos ejemplos evidentes. Ahora está prácticamente establecido que la explosión de los gasoductos Nord Stream en septiembre de 2022 fue obra de Estados Unidos (como, por cierto, había prometido Joe Biden), con la eventual colaboración de aliados. Si fue o no fue su responsabilidad, deberá ser investigado sin demora por una comisión internacional independiente. Lo que parece claro es que la parte perjudicada, Rusia, no tenía ningún interés en destruir la infraestructura cuando le bastaría cerrar el grifo. El 8 de febrero de 2023, el respetado periodista estadounidense Seymour Hersh reveló con información concluyente que fue Estados Unidos quien planeó desde diciembre de 2021 la explosión de los gasoductos Nordstream 1 y Nordstream 2[1]. Si es así, estamos ante un delito grave que configura un acto de terrorismo de Estado. Debería ser de gran interés para Estados Unidos, el Estado que se afirma como un defensor de la democracia global, averiguar qué sucedió. ¿Era esta la única forma de obligar a Alemania a unirse a la guerra contra Rusia? ¿El sabotaje de los gasoductos pretendía acabar con la política de mayor autonomía energética para Europa en relación con EE. UU. iniciada por Willy Brandt? Con la energía cara y las empresas cerradas, ¿no fue esta una forma eficaz de detener el motor económico de la UE? ¿Quién se beneficia de ello? ¿Se incluyó en el cálculo el injusto sacrificio impuesto a las familias alemanas de pasar por un invierno sin un calor razonable? El más profundo silencio pesa sobre este acto terrorista.

    El segundo ejemplo. La violencia de la ocupación colonial israelí sobre Palestina se intensifica. Desde principios de año, Israel ha matado a 35 palestinos; el 26 de enero asaltó el campamento de refugiados de Jenin en el West Bank y mató a otras 10 personas, incluidos 2 niños. Un día después, un joven palestino mató a siete personas fuera de la sinagoga de un asentamiento israelí en la sección oriental de Jerusalén, que fue ocupada ilegalmente por Israel. La violencia existe en ambos lados, pero la desproporción es brutal, y muchos actos de terrorismo por parte de Israel (a veces cometidos con impunidad por colonos o por militares en los denominados “checkpoints”) ni siquiera se denuncian. No hay enviados de los medios de comunicación occidentales para informar de lo que está sucediendo en los territorios ocupados, donde se produce la mayor violencia. No tenemos imágenes insoportables del sufrimiento y muerte en el lado palestino (a excepción de imágenes furtivas de teléfonos móviles). La comunidad internacional y el mundo árabe no dicen nada. A pesar de la inmensa desproporción de la violencia entre los dos lados de la guerra, no hay ningún movimiento para enviar armas para Palestina, contrario a lo que sí se está haciendo con Ucrania. ¿Por qué la resistencia de los ucranianos es justa y la de los palestinos no lo es? Europa, el continente donde tuvo lugar el holocausto judío, está en el origen remoto de los crímenes cometidos contra Palestina, pero hoy muestra una odiosa complicidad con Israel. La UE está trabajando arduamente para establecer un tribunal para juzgar los crímenes de guerra. Pero hipócritamente, solo los crímenes cometidos por Rusia. Como en los años que precedieron a la Primera Guerra Mundial, los llamamientos al europeísmo (la paneuropea, como se llamaba entonces) son cada vez más llamamientos a la guerra cargados con una retórica para encubrir el sufrimiento injusto y la pérdida de bienestar que se está imponiendo a los pueblos europeos sin haber sido consultados sobre la necesidad o conveniencia de la guerra.

    ¿Por qué hay tanto silencio sobre todo esto?

    Frente a todo esto, quizás el silencio más incomprensible sea el de los intelectuales. Incomprensible, porque los intelectuales afirman a cada paso tener una mayor clarividencia que la de los mortales comunes. Sabemos por experiencia histórica que, en los períodos inmediatamente anteriores al estallido de las guerras, todos los políticos dicen que están en contra de la guerra mientras contribuyen a ella. En estas condiciones el silencio es pura complicidad con los señores de la guerra. Contrariamente a lo sucedido a principios del siglo XX, no hay fuertes declaraciones de intelectuales reconocidos por la paz o por la «independencia de espíritu» y en defensa de la democracia. Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, tres imperialismos estaban presentes: el ruso, el británico y el prusiano. No había duda para nadie de que el más agresivo era el imperialismo prusiano.

    Curiosamente, en ese momento no se escuchó a grandes intelectuales alemanes manifestarse contra la guerra. El caso de Thomas Mann merece una reflexión. En noviembre de 1914, escribió un artículo en la Neue Rundschau[2] titulado Gedanken im Kriege (Pensamientos en tiempos de guerra) en el que defendía la guerra como un acto de Kultur (es decir, Alemania, como él mismo añadiría) contra la civilización. Para él, la Kultur era la sublimación de lo demoniaco (die Sublimierung des Damonischen) y estaba encima de la moral, de la razón y de la ciencia. Y concluía, “la ley es amiga de los débiles, quisiera nivelar el mundo, pero la guerra hace aparecer la fuerza” (Das Gesetz ist der Freund des Schwachen, mochte gern die Welt verflachen, aber der Krieg lasst die Kraft erscheinen)[3]. Según él, Kultur y militarismo eran hermanos. En 1919, publicó el libro Consideraciones de un apolítico[4] en donde defendería la política del Kaiser y afirmaba que la democracia era una idea antialemana. Felizmente para la humanidad, Thomas Mann cambió sus ideales y se transformó en uno de los grandes críticos del nazismo. Por el contrario, en el lado ruso, las voces críticas contra el imperialismo ruso, desde Kropotkine hasta Tolstoi, desde Dostoievski hasta Gorki, siempre han sido bien notorias.

    Hay muchas preguntas que los intelectuales tienen la obligación de responder. ¿Por qué se habrán callado? ¿Seguirá habiendo intelectuales, o lo que queda es una pobre clericultura?

    [1]https://seymourhersh.substack.com/p/how-america-took-out-the-nord-stream?r=5mz1&utm_campaign=post&utm_medium=web

    [2] Revista literaria alemana trimestral con sus más de 100 años de historia ininterrumpida, es una de las publicaciones culturales más antiguas de Europa.

    [3] Citado por Romain Rolland Au-dessus de la mêlée. Paris, Paul Ollendorf, 1915, 59.

    [4] Betrachtungen eines Unpolitischen, Berlim, S. Fischer Verlag

  • Los imperialismos

    Los imperialismos

    Boaventura de Sousa Santos*

    *Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial. Texto enviado a OtherNews por el autor, el 21.02.23

    Traducción de Bryan Vargas Reyes

    Desde el principio condené enérgicamente la invasión de Ucrania por parte de Rusia, pero desde ese momento subrayé que ha habido una fuerte provocación estadounidense para que esto sucediera con el objetivo de debilitar a Rusia y detener a China. En la Guerra de Ucrania, el imperialismo estadounidense, el imperialismo ruso y el imperialismo chino se enfrentan. Estoy en contra de todo imperialismo y admito que en el futuro el imperialismo ruso o el imperialismo chino pueden ser los más peligrosos, pero no tengo ninguna duda de que en este momento el imperialismo más peligroso es el de Estados Unidos. Saca ventaja en dos áreas, la militar y la financiera. Nada de esto garantiza la longevidad de este imperialismo. De hecho, he argumentado que está en declive, pero la decadencia en sí misma puede ser uno de los factores que explica la mayor peligrosidad de hoy.

    La dinámica del imperialismo estadounidense parece imparable, siempre alimentada por la creencia de que la destrucción que provoca o incita tendrá lugar lejos de sus fronteras protegidas por dos vastos océanos. Por lo tanto, tienen un desprecio casi genético por otros pueblos. Estados Unidos siempre dice que interviene por el bien de la democracia y solo deja destrucción y dictadura o caos tras su paso.

    La última y quizás más extrema manifestación de esta ideología se puede leer en el último libro del neoconservador Robert Kagan (casado con la neoconservadora, Victoria Nuland, subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos del gobierno del presidente Joe Biden), The Ghost at the Feast: America and the Collapse of World Order, 1900-1941 (Nueva York, Alfred Knopf, 2022). La idea central de este libro es que Estados Unidos es un país único en el mundo en su deseo de hacer a las personas más felices, más libres y ricas, luchando contra la corrupción y la tiranía dondequiera que existan. Son tan maravillosamente poderosos que habrían evitado la Segunda Guerra Mundial si hubieran intervenido militar y financieramente a tiempo para obligar a Alemania, Italia, Japón, Francia y Gran Bretaña a seguir el nuevo orden mundial dictado por Estados Unidos.

    Todas las intervenciones estadounidenses en el extranjero han sido altruistas, por el bien de los pueblos intervenidos. Según Kagan, desde las primeras intervenciones militares en el extranjero —la guerra hispanoamericana de 1898 (con el propósito de dominar Cuba desde entonces hasta hoy), y la guerra filipino-estadounidense de 1899-1902 (contra la autodeterminación de Filipinas y que resultó en más de 200.000 muertos)— Estados Unidos siempre ha intervenido con fines altruistas y por el bien de los pueblos.

    Este monumento a la hipocresía y el ocultamiento de verdades incómodas ni siquiera considera la trágica realidad de los pueblos indígenas y la población negra de Estados Unidos sometidos al exterminio y la discriminación más violentos en el momento de estas intervenciones supuestamente liberadoras en el extranjero. El registro histórico revela la crueldad de esta mistificación. Invariablemente, las intervenciones han sido dictadas por los intereses geopolíticos y económicos de Estados Unidos, en los que, además, Estados Unidos no son una excepción. Por el contrario, este siempre ha sido el caso para todos los imperios (ver la invasión de Rusia por Napoleón y Hitler).

    Los registros históricos muestran que la prevalencia de los intereses imperiales de Estados Unidos a menudo ha llevado a borrar las aspiraciones de autodeterminación, libertad y democracia y a apoyar a los dictadores sedientos de sangre que resultó en devastación y muerte, la Guerra del Plátano en Nicaragua (1912), el apoyo al dictador cubano Fulgencio Batista y la operación militar en Bahía Cochinos de 1961, el apoyo al golpe militar en Brasil en 1964 y la caída de Salvador Allende en Chile (1973); del golpe contra el presidente Mohammad Mossaddegh, democráticamente elegido de Irán, (1953) al golpe de Estado contra Jacobo Árbenz, también democráticamente elegido, de Guatemala (1954); de la invasión a Vietnam para poner fin a la amenaza comunista (1965) a la invasión de Afganistán (2001), supuestamente para defenderse de los terroristas (que no eran afganos) que atacaron las Torres Gemelas de Nueva York, después de haber apoyado en los veinte años anteriores a los muyahidines contra el gobierno comunista respaldado por la Unión Soviética; de la invasión de Irak en 2003 para eliminar a Saddam Hussein y sus armas de destrucción masiva (que no existían), a la intervención en Siria para defender a los rebeldes que eran en su mayoría (y son) islamistas radicales; de la intervención, a través de la OTAN, en los Balcanes sin autorización de la ONU (1995), a la destrucción de Libia (2011).

    Siempre hubo «razones benevolentes» para estas intervenciones, que siempre tuvieron cómplices y aliados locales. ¿Qué quedará de la mártir Ucrania cuando termine la guerra (todas las guerras acaban algún día)? ¿En qué situación quedarán los otros países de Europa, especialmente Alemania y Francia, todavía dominados por la falsa idea de que el Plan Marshall fue la expresión de la filantropía desinteresada de Estados Unidos, a la que deben infinita gratitud y solidaridad incondicional? ¿Cómo quedará Rusia? ¿Qué equilibrio se puede hacer más allá de la muerte y la destrucción que la guerra siempre causa? ¿Por qué no hay un fuerte movimiento en Europa por una paz justa y duradera? Aunque la guerra se está librando en Europa, ¿están los europeos esperando que surja un movimiento contra la guerra en Estados Unidos para enlistarse en él con buena conciencia y sin riesgo de ser considerados amigos de Putin o comunistas?

  • Adiós a Europa

    Adiós a Europa

    Boaventura de Sousa Santos*

    Un nuevo-viejo fantasma se cierne sobre Europa: la guerra. El continente más violento del mundo en términos de muertes en conflictos armados en los últimos cien años (para no retroceder en el tiempo e incluir las muertes sufridas por Europa durante las guerras religiosas y las muertes infligidas por los europeos a los pueblos sometidos al colonialismo) se encamina hacia un nuevo conflicto bélico, ochenta años después del conflicto más violento hasta el momento, con unos ochenta millones de muertos.

    Todos los conflictos anteriores aparentemente comenzaron sin una razón fuerte, era opinión común que durarían poco tiempo y, en un principio, la mayoría de la población subsanada seguía haciendo su vida normal, yendo de compras y al cine, leyendo periódicos y disfrutando charlas amenas sobre política y cotilleo en las explanadas. Cada vez que surgía un conflicto violento localizado, había una convicción dominante de que se resolvería localmente. Por ejemplo, muy pocas personas (incluidos los políticos) pensaron que la Guerra Civil Española (1936-1939) y 500.000 muertos eran el presagio de una guerra más amplia, la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que las condiciones estaban allí.

    Aun sabiendo que la historia no se repite, es legítimo preguntarse si la actual guerra entre Rusia y Ucrania no es el presagio de una nueva guerra mucho más amplia. Se están acumulando señales de que un peligro mayor puede estar en el horizonte. A nivel de la opinión pública y del discurso político dominante, la presencia de este peligro se manifiesta en dos síntomas opuestos. Por un lado, las fuerzas políticas conservadoras ostentan no sólo la iniciativa ideológica sino una recepción privilegiada en los medios. Son polarizantes, enemigos de la complejidad y de la argumentación serena, usan palabras extremadamente agresivas y hacen encendidos llamamientos al odio. No les inquieta el doble criterio con el que comentan los conflictos y la muerte (por ejemplo, entre muertos en Ucrania y en Palestina),

    En esta corriente de opinión conservadora se mezclan cada vez más posiciones de derecha y extrema derecha, y el mayor dinamismo (agresividad tolerada) proviene de esta última. Este dispositivo pretende inculcar la idea del enemigo a destruir. La destrucción por las palabras predispone a la opinión pública a la destrucción por los hechos. A pesar de que en democracia no hay enemigos internos y sólo adversarios, la lógica de la guerra se transpone insidiosamente a supuestos enemigos internos, cuya voz debe ante todo ser silenciada. En los parlamentos, las fuerzas conservadoras dominan la iniciativa política; mientras que las fuerzas de izquierda, desorientadas o perdidas en laberintos ideológicos o cálculos electorales insondables, se refieren a un defensismo tan paralizante como incomprensible.

    La pulsión de muerte europea se extiende en dos frentes: la extrema derecha defiende el fascismo en nombre de la democracia; el secretario general de la OTAN defiende la guerra en nombre de la paz.

    Pero el espectro de un peligro mayor está señalado por un síntoma opuesto. Los observadores más atentos toman conciencia del fantasma que acecha a la sociedad y confluyen de manera sorprendente en sus inquietudes. En los últimos tiempos me he identificado mucho con los análisis de comentaristas a quienes siempre he reconocido como pertenecientes a una familia política diferente a la mía.

    Me refiero a textos de José Pacheco Pereira, Teresa de Sousa (publicado en este diario) o Miguel Sousa Tavares (Expresso). Lo que tenemos en común es la subordinación de las cuestiones de la guerra y la paz a las cuestiones de la democracia. Podemos diferir en lo primero y coincidir en lo segundo. Por la sencilla razón de que sólo el fortalecimiento de la democracia en Europa puede conducir a la contención del conflicto entre Rusia y Ucrania y su solución pacífica. Sin una democracia vigorosa, Europa caminará, sonámbula, hacia su destrucción.

    ¿Llegaremos a tiempo para evitar la catástrofe? Me gustaría decir que sí, pero no puedo. Los signos son muy preocupantes. Primero, la extrema derecha crece globalmente impulsada y financiada por los mismos intereses que se reúnen en Davos para salvaguardar su negocio. En la década de 1930, la gente le tenía mucho más miedo al comunismo que al fascismo; hoy, sin la amenaza comunista, temen la revuelta de las masas empobrecidas y proponen como única respuesta la represión policial y militar violenta. Su voz parlamentaria es la de la extrema derecha. La guerra interna y la guerra externa son dos caras de un mismo monstruo y la industria armamentística se beneficia por igual de ambas.

    En segundo lugar, la guerra de Ucrania parece más confinada de lo que realmente es. El flagelo actual, que azota las llanuras donde hace ochenta años murieron tantos miles de personas inocentes (principalmente judíos), tiene las dimensiones de una autoflagelación. Rusia hasta los Urales es tan europea como Ucrania, y con esta guerra ilegal, además de vidas inocentes, muchas de ellas de habla rusa, está destruyendo la infraestructura que construyó cuando era la Unión Soviética. La historia y las identidades etnoculturales entre dos países están mejor entrelazadas que con otros países que anteriormente ocuparon Ucrania y ahora la apoyan.

    Tanto Ucrania como Rusia necesitan mucha más democracia para poder poner fin a la guerra y construir una paz que no los deshonre. Europa es más vasta de lo que parece desde Bruselas. En la sede de la Comisión (u OTAN, que es lo mismo) domina la lógica de la paz según el Tratado de Versalles de 1919, y no la del Congreso de Viena de 1815. La primera humilló a la potencia vencida (Alemania) .y la humillación condujo a la guerra veinte años después; la segunda honró a la potencia vencida (la Francia napoleónica) y garantizó un siglo de paz en Europa. La paz de Versalles presupone la derrota total de Rusia, tal como la imaginaba Hitler. ¿Sus ideólogos pensaron que si la potencia perdedora tuviera armas nucleares no dejaría de usarlas? ¿Y que esto será el holocausto nuclear?

    Sin Rusia, Europa es la mitad de sí misma, económica y culturalmente. La mayor ilusión que la guerra de la información ha inculcado a los europeos en el último año es que Europa, una vez amputada de Rusia, podrá restaurar su integridad con el trasplante de Estados Unidos. Que se haga justicia a los EU: cuidan muy bien sus intereses. La historia muestra que un imperio en declive siempre busca arrastrar consigo sus esferas de influencia para retrasar su declive. Así Europa sabría cuidar de sus intereses.

    (*)  Director Emérito del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra y Coordinador del Observatorio Permanente de Justicia

  • Inglórios generais ii

    Inglórios generais ii

    Carlos Frederico Marés
    Carlos Frederico Marés

    Que eles tentaram o golpe, nenhuma dúvida. Mas algumas perguntas precisam ser respondidas: quem, como, quando, onde, por quê? Algumas parecem fáceis, mas sempre há um desdobramento, uma extensão que deixa uma pulga atrás da orelha. Por exemplo, o ‘como’. Será que os líderes, os ‘quem’, queriam quebrar tudo ou só tomar os palácios e esperar os salvadores da desordem? Ainda sobre os ‘quem’. Será que Bolsonaro, o Jair, liderava o movimento de forma secreta e astuta? (astuta é uma licença poética e secreta retórica) Ou havia outro senhor liderando para ele ou apesar dele? Digo senhor porque está descartada a hipótese da liderança ser de uma mulher, não ia ser tão grosseira, por isso que o Exército não tem mulheres no comando. Ou estou iludido? Há mais desdobramentos da questão ‘quem’. Mas vamos analisar tudo isso sem método, num livre pensar, afinal, parece que o golpe mesmo não teve método. Ou não terá sido benpensado na organização e execução escatológica?
    Os líderes, ou beneficiários dos atropelos e atrocidades de 8 de janeiro não estavam lá, isso é certo. Quer dizer, o ‘quem’ não estava lá. Lá havia pau mandado, nenhum general. Mas os líderes articuladores queriam mesmo depredar, rasgar quadros, quebrar estátuas, destruir cadeiras, vidros e mesas? Pelo menos queriam causar desordem tão grande que houvesse necessidade de restabelecer outra ordem diferente da do governo recém-empossado. Bolsonaro disse mais de uma vez: “vocês sabem o que fazer”, será que sabiam, teriam recebido orientação de quebrar tudo especialmente obras de arte? Ele mesmo provavelmente faria assim, atacaria sem dó quadros, estátuas etc, afinal pensa que arte é coisa de vocês sabem quem! Mas vejamos, se não tivesse quebradeira haveria ordem a reestabelecer? A ordem veio de um comandante: – quebrem tudo! Claro, cada um quebrou o que estava ao alcance ou o que lhe parecia mais divertido ou mais desordeiro. Quem arrancou a porta do armário do Ministro Alexandre de Morais imaginou, orgulhoso, que estaria fazendo um grande feito, que vergonha seria revelar as vestes talares do Ministro (nem talares são aquelas capinhas). Mas a ordem não foi individual: quebrem, cada um sabe como!
    Mas será que o grande chefe, general em comando queria restabelecer a ordem reempossando Bolsonaro? Duas hipóteses: não, encontraria alguém mais … astuto; sim, Bolsonaro incomoda pouco como chefe de estado, fica passeando de jet ski, moto, comendo pastel e derrubando os farelos, tudo bem pago pelo cartão corporativo, enquanto os mais astutos vão fazendo o que deve e precisa para não deixar o comunismo avançar, por exemplo, comprando viagra e conseguindo um carguinho a mais. Mas outras hipóteses são possíveis, é só pensar. Livre pensar. Juridicamente, e os fascistas gostam de dizer que obedecem à ordem jurídica, por isso roubaram o exemplar da Constituição do STF, era difícil reestabelecer Jair no poder, então, já que tem que inventar um jeito, poderiam instalar qualquer um na cadeira presidencial. As Forças Armadas já fizeram isso em 1964, sempre haverá um jurista criativo à disposição. A história saberá! Ou não será contada?
    Tem gente comparando o assalto aos palácios à invasão do Capitólio de 6 de janeiro de 2022. Pode ter sido a inspiração da turba, mas a ação pareceu mais com outra invasão de 90 anos atrás, o criminoso incêndio da Reichstag, em 27 de fevereiro de 1933. Mas, mais uma vez, como é que iriam encaixar a volta do Jair, que já era só um ex. Em Berlim botaram fogo no parlamento e puseram a culpa nos comunistas que tudo que queriam era um parlamento funcionando, mas uma polícia e um juiz parciais confirmaram que foram os comunistas, então, quem estava no poder, ficou. Mas os líderes do golpe de 8 de janeiro não esqueceram que a tática do Reichstag foi com polícia e juízes parciais, o que foi fácil de conseguir, mas sem câmeras e publicações ao vivo. Bem que alguns tentaram dizer que eram infiltrados petistas, mas os petistas não saíram nas fotos.

    O brilhante pensamento dos comandantes foi de que o assalto não poderia ser contido nem pela Polícia Militar do Distrito Federal, acéfala pelas férias do secretário Anderson, nem pela Polícia Federal, sem contingente de choque suficiente, nem pela Força Nacional, que não teria tempo de juntar soldados, restaria ao Exército Nacional, quem sabe ajudado pela marinha e pela Aeronáutica, salvar a pátria da mão dos vândalos.

    Uma coisa porém é certa, não houve invasão, nem incêndio. A turba pau mandada encontrou as portas abertas e sem resistência, então não dá pra dizer que houve invasão, tampouco houve incêndio, só quebradeira, nenhum único tiro foi disparado, ferimentos, se houve, foram de cacos de vidro estilhaçados. É como se o gerente fizesse parte da quadrilha e abrisse a porta do cofre do banco.
    O brilhante pensamento dos comandantes foi de que o assalto não poderia ser contido nem pela Polícia Militar do Distrito Federal, acéfala pelas férias do secretário Anderson, nem pela Polícia Federal, sem contingente de choque suficiente, nem pela Força Nacional, que não teria tempo de juntar soldados, restaria ao Exército Nacional, quem sabe ajudado pela marinha e pela Aeronáutica, salvar a pátria da mão dos vândalos. Melhor não chamá-los de vândalos, que foram um povo que dizem que destruíram o sul da Europa e o norte da África para estabelecer um império, mas os europeus não fizeram igualzinho na América, com muito mais sucesso? Vamos então chamá-los de criminosos, simplesmente. A ironia é que os criminosos que assaltaram os palácios eram pau mandados dos mesmos senhores que salvariam a pátria de suas ações. Aqui, no livre pensar, criminosos seriam os que diziam estar salvando e os salvadores, afinal, foram os que cometeram atos criminosos. A confusão está muito grande, melhor parar de pensar. O fato é que imaginavam que enquanto os criminosos salvavam a pátria o governo federal ficaria inerte e como agradecimento entregaria o poder a sabe lá quem.

    Muitas perguntas ficaram sem respostas, o inquérito responderá algumas e a história responderá o resto, quem sabe.

    Voltando a pensar, porque os atos foram somente no dia 8, domingo, e não dia 1º, também domingo, ou um domingo qualquer de dezembro? O golpe salvador teria que ser depois da posse, porque senão, a incompetência de não contê-lo seria do antigo presidente e o poder teria que ser entregue ao presidente eleito. Dia primeiro não poderia ser, porque havia muita gente na posse e seria um tumulto generalizado, com risco dos fascistas serem derrotados, seria uma guerra campal. E, pior, a incompetência seria sempre do governo velho, já que o novo nem tinha tomado posse. O melhor dia seria domingo, 08/01, de fato. Estratégia certa, chance de juntar mais gente fantasiada de patriota, menor tensão nos palácios. O dia tinha ser aquele domingo. Então teve muito planejamento, sim.
    Não tinha como dar errado. O secretário de segurança do DF em Miami, quem assumiu nem sabia onde encontrar a tropa, PM desmobilizada, governador pouco atento ou dissumulado, bastava dar informação imprecisas ou falsas para o Ministério de Defesa que repassava ao da Justiça. Em matéria de informações falsas, essa turma é sabidamente profissional. Não tinha como dar errado: Truco! Tinham as cartas na mão e o adversário aparentemente sem cartas, sem defesa, sem saber como agir, a receita perfeita da incompetência. Só que não! O governo que tomara posse e ainda não tivera tempo de se organizar plenamente, não sabia do golpe, mas o esperava. Tinha uma carta poderosa, absolutamente incompreensível para os golpistas, a competência de tratar com situações adversas, a sabedoria que nasce do povo e que sabe enfrentar a violência da arrogância. O governo, mais civil do que nunca, não pediu arrego aos generais, resolveu com as forças civis, com os governadores, com ordens diretas e legítimas às polícias. Os criminosos não puderam mostras as cartas, eram fracas e exporiam os mandantes, os comandantes, os inglórios generais. Nem as cartas puderam mostrar, rabo entre as pernas, tornozeleiras na canela, algemas nas mãos, perderam. Mais uma vez, como se de nada soubessem, os generais vão repetir a frase: “nem sabia que torturavam”.
    Muitas perguntas ficaram sem respostas, o inquérito responderá algumas e a história responderá o resto, quem sabe. Mas atenção, há uma lição a ser tirada do episódio. Os porões não foram abandonados, ao contrário, estão ocupados pelas mentes mais malignas, pelos fascistas mais grotescos, daqueles que espumam ao escutar a palavra arte e suam de medo ao saber que em alguns corações existe o amor. E esses moradores dos porões, que sempre saem a luz do dia fantasiados de patriotas ou religiosos, continuam conspirando, não são muito competentes, mas tem gente criativa que os ajuda e, o que é muito pior, estão armados.
    Para combatê-los, nada melhor que muita arte, amor, fraternidade e emoção. Riso também faz bem! Mas, ao mesmo tempo que devemos extirpar todo ódio de nosso coração, devemos exigir justiça e cada um que cometeu o crime, destruindo, mandando destruir, financiando a destruição deve cumprir exatamente com o mandamento da lei. Nossa exigência deve ser singelamente que o sistema de justiça penal funcione rápido e justo, sem juízes parciais e sem procuradores submissos.
    Sem anistia!
    P.S.: INGLÓRIOS GENERAIS I foi publicado no dia 1º de agosto de 2020, nesta revista: (AQUI)

  • A censura e o exílio

    A censura e o exílio

    Carlos Frederico Marés
    Carlos Frederico Marés

    Uruguai era um bom destino para brasileiros perseguidos pela ditadura. Montevidéu, com teatros de qualidade, livrarias fartas, lançamentos literários, editava mais exemplares diários de jornais que o Brasil todo, o que parece inimaginável para um país com uma população 30 vezes menor. Mas era assim.

    Exilados notáveis, João Goulart, Brizola, Amauri Silva, Paulo Schilling, Neiva Moreira e muitos outros podiam ser encontrados nas ruas e bares da cidade. Brizola era mais difícil, vivia confinado em Atlântida, a pedido e bancado pela ditadura brasileira. Destaque especial para o Prefeito de Natal, Djalma Maranhão, que em 1961 lançara um projeto freiriano anterior a Paulo Freire, “De pés descalços também se aprende a ler”. De fato, Paulo Freire faria o grande experimento de alfabetização em Angico em 1963, dois anos depois e no mesmo Estado.

    Exilado, o ex-prefeito mantinha na Praça da Independência um negócio que incluía a venda de jornais e revistas do Brasil. A pequena loja dividia espaço com uma casa de câmbio e uma agência de turismo, os brasileiros que iam pelos jornais se juntavam na calçada ou num café ao lado. Todos os dias chegavam os jornais devidamente censurados pela ditadura brasileira. Todos os dias brasileiros exilados se juntavam para comprar, ler e comentar os jornais.

    Ocorre que o Presidente eleito, Pacheco Areco, não resistiu à pressão dos EEUU e, para não sofrer um golpe, passou a ser figurativo, entregando o poder real aos militares. Começava uma estranha ditadura com presidente civil e mando militar. Em pouco tempo se estabeleceu censura tão feroz quanto a brasileira, afinal, para isso tinham tomado o poder. Pacheco Areco fazia pose, muita pose. E só! Era um fantoche e poucos sabiam os nomes dos que efetivamente mandavam.

     

    A censura passou a proibir certos assuntos e palavras, entre elas a mais temida era ‘tupamaros’ como eram chamados os integrantes da mais famosa guerrilha urbana das Américas. Na época os tupamaros faziam façanhas memoráveis em Montevidéu e atordoavam a repressão, por isso tanto temor à palavra. A imprensa local os chamava de ‘innombrables’, em obediência à proibição do termo, mas no Brasil eram chamados de tupamaros mesmo, sempre acompanhado de um adjetivo depreciativo. Assim, o serviço de censura do Uruguai resolveu, por ordem superior ou para mostrar serviço, ler os jornais e revistas brasileiros antes da distribuição. Como não podiam censurar no prelo, na origem, e os censores brasileiros não se dispunham a incluir as proibições uruguaias em suas listas, veio a ordem inapelável a Djalma Maranhão para que a partir do dia seguinte, antes de serem postos à venda, os jornais e revistas deveriam passar pelo visto do censor.

    Grande transtorno. Maranhão não queria parar de distribuir os jornais, mas tinha dificuldade de cumprir a tarefa diária e perder horas esperando a leitura do censor com a loja fechada, pediu a outro asilado, mais jovem e desempregado, que levasse diariamente os jornais ao departamento competente. Assim foi feito, o diminuto lucro com os jornais se desfez no ar, mas os jornais continuaram a ser distribuídos.

    Todos os dias os jornais eram levados à leitura do censor, mas não um exemplar de cada, todos os jornais. Afinal, justificava o censor, a proibição poderia ser total e os jornais teriam que ser apreendidos. As matérias censuradas sempre diziam respeito ao Uruguai e, principalmente, à palavra ‘tupamaros’, não importava quão ofensivos fossem os adjetivos. Os editores brasileiros não levavam muito a sério a política uruguaia e só de vez em quando aparecia uma notícia num canto de página, sempre censurada. Mesmo na época em que esteve sequestrado Dam Mitrioni, acusado de ensinar formas de tortura e o Consul brasileiro Aloysio Gomide, as matérias não tinham grande extensão.   

    Provavelmente o censor não sabia muito bem português e na dúvida ou preguiça, censurava qualquer matéria sobre o Uruguai, apesar da argumentação e tradução feitas pelo enviado de Maranhão dizendo que se tratava de um elogio. Não tinha conversa, o censor, com um risinho cínico, afirmava que era capaz de entender até as entrelinhas, e censurava. Ás vezes o elogio era a Pacheco Areco ou a algum militar, não importava, o censor era implacável. O encontro dos brasileiros no ponto de venda passou a ter horário incerto, mas continuou com um ingrediente a mais, a conversa sobre o que havia sido censurado.      

    As notícias sempre eram curtas e a censura consistia em retirar a página que continha a referência. É claro que a extração tinha que ser de todos os exemplares, sob o olhar vigilante da autoridade. A página ficava apreendida. Depois de um tempo o censor, era sempre o mesmo, foi convencido de que bastava recortar a notícia com uma tesoura, o que dava mais trabalho, cortar jornal por jornal e provar ao censor que tinha sido extirpada a matéria proibida de todos exemplares. Maranhão vendia o jornal recortado, e sentia prazer em contar a cada comprador interessado o absurdo do corte. O problema não era a notícia recortada, os leitores não estavam interessados nas pequenas notícias sobre o Uruguai, mas o verso da folha que só por muita sorte calhava ser uma propaganda. A matéria do verso era censurada por efeito colateral, diziam.

     

    A censura era diária, mas o maior problema era domingo e o volumoso Estadão. O jornal era imenso, com infinitos cadernos de classificados. Um exilado ia todos os domingos a Plaza de la Independencia esperar o Estadão chegar da censura, comprava um exemplar e ia passear de ônibus. O seu prazer era exibir o calhamaço aos uruguaios que tinham o costume de ler jornais nos ônibus e praças. O Uruguai tinha grande variedade de jornais, de todas as tendências, censurados e sem estampar a palavra tupamaros, mas eram em geral de poucas folhas ou tabloides, já o Estadão era aquele volume descomunal. O brasileiro adorava fazer a comparação. Jornal brasileiro não dá pra ler numa viagem só, dizia alto num portunhol forçado, e ria de sincero contentamento. Não eram muitos os prazeres no exílio.

    Na sala do censor o Estadão de domingo era sempre um drama. O censor folheava página por página, caderno por caderno, sem entender o que eram os classificados. Chegou a censurar alguns por confundir o nome do bairro do apartamento ofertado, talvez mais por raiva do que por razão de ofício, mas palavra de censor não volta atrás, na dúvida, tesoura. Sugeriram a Maranhão deixar os cadernos de classificados na censura, mas ele se negava a vender os jornais incompletos, se negava a exercer auto censura, dizia. Podia ser que simplesmente quisesse dar mais trabalho ao censor e não frustrar o prazer semanal do amigo.

    Maranhão era uma dessas lideranças políticas autênticas, que lideram porque sim, que sabe o nome e conhece os problemas de cada um, então o ponto de venda dos jornais brasileiros era o ponto de encontro de exilados. Os jornais propriamente não informavam muito, a censura brasileira não permitia, mas as conversas, sim. Aquele ponto de encontro de exilados era um reconforto diário que servia para atualizar divergências, saber novidades da revolução e renovar esperança, e as vezes resolver problemas de vida, esse era o trabalho de Maranhão, desempenhado com a eficácia de um líder, os jornais eram um pretexto, mas a censura não podia chegar nas conversas, ficava na palavra escrita. Maranhão amava o Nordeste e dizia guardar o seu calor de forma a não precisar de agasalhos naquela gelada e ventosa Plaza de la Independência, todos os dias, com vento, sol ou chuva, animava a conversa de novos e velhos exilados e distribuía os jornais. No fim da tarde, recortava o cabeçalho do encalhe para devolver aos editores como não vendido e os distribuía gratuitamente aos exilados sem dinheiro, que eram muitos. A maior parte não lia os jornais para  informar-se, mas pelo prazer de ler em português, as livrarias não vendiam livros em português.

    Na madrugada fria de 30 de julho de 1971, a três quarteirões do ponto de vendas em Montevidéu, em seu apartamento, morreu de mal súbito Djalma Maranhão sem ter podido voltar à terra natal, Natal. Morria o ponto de vendas da Plaza de la Independencia, no coração de Montevidéu. Da censura à tortura, a ditadura uruguaia fechou o cerco aos exilados. Já não havia razão, nem clima, para viver em Montevidéu.

  • A mentira como método, a violência como argumento

    A mentira como método, a violência como argumento

    Carlos Frederico Marés
    Carlos Frederico Marés

    Pode ter vários nomes a mentira, fake news, pós-verdade, lorota boa, embuste, aldrabice, e quantos mais. Pode servir a vários propósitos também, alguns até altruístas, quem sabe? Mas a mentira que se revela no mundo da maldade em que vivemos não é apenas uma inverdade, é um método. E é um método porque a verdade não convém, como dizia Al Gore. Não convém a quem? A quem profere a mentira ou a quem induz a que mentira seja proferida?
    Até nas coisas simples da vida apresentadas nas prateleiras do supermercado ou no mostruário de celulares, se escondem mentiras, as vezes pequena, as vezes muito grandes. No centro da praça a estátua equestre revela o nome do herói de espada em riste lutando contra o povo, mas não conta o nome do cavalo que suportou a carga e provavelmente foi abandonado próximo ao campo de batalha, e nem revela a covardia da espada contra o povo.
    A história vai sendo contada com pós-verdades, os documentos não contam tudo, os relatos vão sendo calados e aos heróis, retratados em seus cavalos, são atribuídos vitórias incrívesi que na realidade foram apenas atos de covardia. Assim foram as mentiras da modernidade, o herói levantava a espada em nome da liberdade e escravizava trabalhadores, em nome da igualdade e exterminava indígenas, em nome da justiça e usurpava terras dos camponeses.
    Mas essas são histórias antigas, quem vai querer se lembrar do passado remoto? A mentira de hoje tem outro patamar. De onde será que a eleita senadora Damares tirou as horrendas histórias de violação de criancinhas? São mentiras convenientes porque escondem as violações permanentes de crianças e adultos com fome. É verdade que os inventores de histórias infantis sempre foram bons em criar situações da mais baixa condição ética, afinal os pais de João e Maria abandonaram seus filhos por que era muito caro o sustento, mas depois que eles mataram e roubaram uma mulher que morava numa casa de doces os receberam com alegria. Damares foi contar às criancinhas da Igreja uma história de mentira e violência para que seus pais não deixassem de votar no seu candidato, senão, como vingança uns lobos maus roubariam as crianças, arrancariam os dentes e as levariam para Sodoma, mas teve o cuidado de contar cada detalhe, cada minúcia, pormenor. Afinal, uma boa mentira para parecer verdade tem que ser rica em detalhes. Os detalhes insólitos e não bem compreendidos são os que geram mais medo.
    Mas a mentira não é método para esconder a verdade. É método para alcançar objetivos. Seja para conquistar votos, seja para amealhar riquezas. Seja para colonizar povos. A mentira como método consome a natureza, destrói povos pacíficos, agride mulheres. Mas a mentira não se sustenta como método se não estiver construída sob o argumento da violência. E, então, a violência impera. A violência é necessária para impor o medo e o medo necessário para acreditar na mentira.
    O que seria da escravidão, a mentira da liberdade, se não fosse a violência? Como se suportaria a mentira da raça superior se não fosse a masmorra, a chibata e o fuzil? Na América Latina, e no Brasil é claro, os golpes de Estado contra governos legítimos sempre se deram com mentiras ditas com seriedade teatral. Em 64 disseram que o governo legítimo queria acabar com a liberdade, então impuseram o terror, sem liberdade, por 24 anos. Em 2016 não sabiam o que dizer, então inventaram “pedaladas” e, então, pedalaram, e para sustentar a mentira passaram a xingar as pessoas nas ruas, agredir, atribuir aos outros a torpeza própria. Todos os golpes da América Latina se mantiveram com armas na mão, sempre com uma violência permanente, semeada de torturas, sequestros, prisões ilegais, banimentos. O golpe de 16 precisou de mentira violenta, um juiz incompetente e parcial teve que manter preso o candidato que legitimaria o pleito e uma trinca de desembargadores federais ratificaram o ato sem chance de recursos. Quando o poder libera a violência, o guarda da esquina não economiza o cassetete, nem o fuzil.
    Mas a violência que o golpe impôs à sociedade e ao povo brasileiro foi maior que a prisão e a inabilitação do candidato, foi a formação e a imposição do medo, da ameaça de golpe de estado, sempre alardeado tendo por trás uma cara carrancuda, soturna e ornada com quepe, ostentando uma farda carregada de medalhas. Para a mentira e a violência não importa a lei. Aliás, a lei foi outra mentira histórica, as oligarquias sempre fizeram as leis, mas tanto falam em liberdade que, as vezes, de tanto mentir e violar não conseguem evitar uma lei que restrinja a violência como argumento e a mentira como método. Então, os donos do poder, como dizia Raymundo Faoro, já não respeitam a lei e fazem como se ela pareça não existisse.
    Assim foi nestas eleições de 2022. Se em 2018 impediram o candidato de se candidatar e mantiveram sob o manto da violência o método da mentira, neste 2022 resolveram violar as leis e impor aos eleitores um candidato único. Todos os benefícios possíveis, e ilegais ao candidato do poder. Aos eleitores, todas as ameaças, assédio a trabalhadores, impedimento de chegar às urnas, promessas de recompensas. E mentiras! Muitas mentiras! Mentiras articuladas como método e a violência para mantê-las. A jornalista que ousou portar um adesivo de Lula foi espancada no centro de Curitiba. Poucas pessoas tiveram coragem de sair as ruas portanto um distintivo do candidato de oposição. O comandante da Polícia Rodoviária Federal resolveu bloquear as estradas para impedir o trânsito de eleitores depois de postar e apagar propaganda da reeleição. O aliado do Presidente recebeu a polícia federal a bala e granada e os policiais sequer o algemaram. A deputada sacou a pistola no meio da rua e ameaçou atirar num homem negro.
    O terror impôs o silêncio!
    E silenciosamente as eleitoras, cidadãs, cidadãos e eleitores, se dirigiram às urnas. Fato inédito, em maior quantidade do que no primeiro turno e, apesar do medo, venceu a esperança. A festa foi respeitada.
    Mas a mentira como método e a violência como argumento ainda não foram derrotados. Nos porões escuros estão articulando e voltarão. Aprender com o Nordeste, com a metade sul do Rio Grande do Sul, com o norte de Minas, com a Amazônia, será a tarefa de quantas e quantos desejam derrotar o medo e estabelecer a paz com o ruído doce da alegria. Temos que aprender a lição antiga, a mentira tem pernas curtas e a violência não ensina.

  • Voto auditável e dinheiro vivo

    Voto auditável e dinheiro vivo

    Carlos Frederico Marés
    Carlos Frederico Marés

    O agronegociante entregava umas quarenta marmitas semanais, gostava de fazer caridade, dizia. O custo não afetaria sua balada de sábado a noite, certamente gastaria muito mais oferecendo drinques sem chamar de caridade. Não pode suportar, porém, que a senhora que recebia regularmente sua ‘caridade’ votasse em Lula e, em vídeo, a humilhou, imaginando que ela mudaria o voto ou que pudesse convencer outras pessoas a votar em seu candidato. O tiro saiu pela culatra e ele pediu desculpas pelo vídeo, não pela humilhação, pediu desculpas pelo estrago que causou à campanha de seu candidato. De fato, na visão dele o errado foi ter feito o vídeo e divulgado, deveria ter simplesmente tentado convencer a senhora e cada pessoa que recebesse a marmita a votar em seu candidato, mas seriam só quarenta e ele imaginou que com o vídeo convenceria milhares. Errou. Mas se tivesse atingido seu objetivo teria acertado, certamente não contou com a dignidade das pessoas que recebem marmitas.

    Mas essa reveladora história conta mais da atual situação do que o preconceito, desprezo e arrogância de um agronegociante com a fome dos outros. Ele exige que seus comensais votem em seu candidato, na realidade se trata de um crime eleitoral pelas regras de nosso direito. Mas parece que ele não se importa muita com as regras legais. As leis atuais prejudicam os seus anseios. Se a senhora humilhada cedesse à sua exigência e aceitasse votar no parceiro ético do agronegociante como ele poderia conferir, em 2 de outubro, que a senhora realmente cumpriria a palavra? Seria difícil, o voto individual não é auditável, só o resultado geral, só os números.

    O caráter secreto do voto é ultrajante para a ética da soberba. Como confiar num vendedor de votos? Quem vende o voto é um canalha, tanto quanto quem o compra, e um canalha não costuma cumprir a promessa pelo simples fato de ser canalha. Chamaríamos isso de o dilema da canalhice. Por isso o empenho de Bolsonaro em criar formas de auditar o voto prometido pelos canalhas. O melhor mesmo, para eles, seria a impressão de um papel comprovando em quem votou na solidão da urna. Nada mais simples, um papelzinho auditável como prova inconteste do cumprimento da promessa, o canalha cometeria somente a primeira canalhice, venderia o voto, mas estaria impedido de cometer a segunda, não cumprir a promessa no segredo da urna. Garantiria a marmita ou o emprego na loja do véio da Havan. Mas não pode, recibo de voto nem no tempo dos coronéis auxiliados pelos generais. Naquele tempo o recibo ia para dentro da urna, marcadinho, para que fosse reconhecido pelo escrutinador. A impressão do voto ou a prova de voto certo é ideia engenhosa e altamente facilitadora, criminosa. Sem imprimir, qualquer um vota em quem quiser. É muita liberdade para quem necessita uma marmita para matar a fome, pensam os agronegociantes.

    É constrangedor. O voto eletrônico tem permitido que as pessoas votem em segredo, de acordo com sua convicção e ética. Consequência? Têm sido eleitas pessoas indesejáveis para as oligarquias.

    Mas num estado de direito nem tudo deve ser secreto. Ao contrário. A origem da riqueza, por exemplo, deve ser auditada tintim por tintim, mas a oligarquia não gosta, reage, fica furiosa, apela para deus, pátria, família e a sagrada propriedade. Títulos de terra, por exemplo, a oligarquia criou um sistema cartorial-burocrático-judiciário que é capaz de esconder todos os grilos, falsidades, interpolações. É aparentemente auditável, mas a exigência de provas e contra provas, perícias e convicções acabam por reconhecer a propriedade exclusiva, mesmo que anti-social, de um pedaço de papel velho e encardido, ou de aparência velha e encardida. Com a apresentação do papel, a que chamam de título, assinado pelo amigo cartorário, o juiz imediatamente manda todos os posseiros para o meio da rua. É claro, os posseiros não têm papel, auditável é apenas a lavoura que plantaram e a comida que estão comendo sem necessitar a caridade de ninguém. Mas esse não é o único papel difícil de auditar. O dinheiro é ainda pior.

    O dinheiro não é mais do que a representação de uma riqueza, é um papelzinho pintado, que representa bens acumuláveis, ouro, prata, âmbar, dizia Locke, dólares, dizemos agora. Se ele representa bens, necessariamente deveria ser auditável para se saber a origem. Não se trata apenas de auditar a legitimidade do papel pintado ou saber se ele não é falso, se trata de saber a origem do negócio no qual foi recebido. Um trabalhador pode acumular bens com seu salário, eis a grandeza do sistema dizem os liberais, pode passar um pouco de fome e desconforto, mas vai juntando o dinheiro ganho cada mês e tanto junta que compra um terreninho na periferia, junta mais e faz uma casinha, já sem pagar aluguel, pinta a casa, põe janelas de vidro, é capaz de comprar um sofá e uma geladeira. Tudo auditável, recebeu o salário, pôs na poupança, pagou o vendedor, sem sobrar nenhum dinheirinho inauditável. Muitas coisas pagou em dinheiro, as prestações do sofá, por exemplo, pagava na lotérica e preferia pagar em dinheiro, auditável, era só verificar a retirada da conta salário.

    Já a família Bolsonaro tem um gosto especial por comprar grandes riquezas com dinheiro inauditável. Aliás, é muito mais simples do que grilar terras com documentos duvidosos. Basta ir juntando dinheiro que caí do céu ou colher da árvore de um quintal escondido e ir guardando num cofre, mala ou gaveta. Mas atenção, tem que ser cofre, mala ou gaveta grande, porque cada milhão de reais em nota de cem são 10 mil notas. Quantas resmas de papel A4 são necessárias para imprimir 10 mil notas? Umas dez resmas, contanto que aos notas são muito mais grossas que o papel sulfite? E um milhão é apenas um apartamento de três quartos classe média, mansões valem muito mais. É verdade que o diligente Presidente que muito bem pensa nos negócios da família, em uma de suas raras ações criou as notas de 200 reais, o que reduziu pela metade o volume requerido. O mesmo valor caberia em meia mala ou a mala transportaria o dobro do valor. É aritmética simples.

    Mas nessa história fica revelado o quanto o Brasil é curioso. Lula foi condenado por lavar dinheiro num apartamento triplex que nunca comprou, nunca foi seu, nunca teve um título. Para isso bastou um juiz incompetente e parcial segundo o STF. Bolsonaro e sua família compraram pelo menos 51 imóveis em dinheiro vivo, inauditável, lavável? Quantas condenações merecerá? Nenhuma, e o juiz nem precisa ser incompetente, basta ser parcial. Enquanto isso o MST, que entregou milhares de toneladas de alimentos para quem não tinha o que comer, não por caridade, por solidariedade, é ameaçado de ser expulso da terra em que produz porque um juiz acha que o velho papel meio auditável vale mais do que uma família que produz, come e dá de comer a quem tem fome.

    E a pose da soberba diz que é assim mesmo, mas não é, nem pode ser!

  • O voto nosso de cada eleição

    O voto nosso de cada eleição

    Carlos Frederico Marés
    Carlos Frederico Marés

    Primeiro, só votavam os homens que tivessem propriedades. Afinal, que importância teria para os despossuídos o governo e as leis? Depois de muita luta, o voto passou a ser universal, com exceção dos analfabetos, claro, não saberiam votar. Ah, sim! Universal para homens, as mulheres, os pais ou maridos votariam por elas e assim estariam protegidas dos males de um escrutínio público, mas sem privilégios, pais e maridos teriam um só voto, o dele, independente do número de mulheres ou filhas que tivessem. É curiosa a modernidade, as universalidades sempre são parciais! Muitas brigas depois, as mulheres passaram a votar, e os analfabetos, se se animassem ao esforço, também. Sempre é assim, os que não tem privilégios mas só direitos, tem que viver peleando para exercer seus direitos.
    Os não proprietários e as mulheres, mesmo as proprietárias, tiveram que brigar muito para poder se apresentar ao local de votação e depositar o voto, com certa esperança de mudar as coisas. Está claro, os proprietários não queriam que as coisas mudassem, muito menos pela vontade de seus empregados e suas mulheres. Daí a dificuldade. Mas o direito foi reconhecido. E depois do voto ou junto com ele outros direitos viriam.
    Direito reconhecido, direito exercido. Nem tanto! Os proprietários, mais ricos, mais influentes e com mais tempo livre, se reuniam em lojas, átrios, clubes e discutiam o que fazer. Não dava para não fazer eleições, ou dava? Não dava para impedir uns de votar, ou dava? Não dava para obrigar os outros a votar em seus candidatos, ou dava? Os mais proeminentes sabiam, mas não diziam abertamente. Apenas repetiam enfáticos: “vocês sabem o que fazer!”. Todos sabiam e aos estúpidos que nem isso captavam, lhes era misericordiosamente cochichado.
    Há soluções fáceis e os senhores proprietários e oligarcas as praticam. A boa fórmula era cada eleitor levar uma cédula com o nome do candidato e depositar na urna. A cédula, distribuída em casa para as mulheres e no caminho para empregados e dependentes, garantia votações seguras, sem surpresas, limpas eram chamadas por eles, de cabresto, pelos outros. A cédula dos outros era rasgada, queimada, proibida. Não depositar a cédula certa podia significar a perda da gleba, do cargo do filho ou da benção do padrinho. Quem contava os votos via a cédula, era auditável. Outra boa invenção era votar escrevendo o nome dos escolhidos com caligrafia auditável.
    Mas algumas vezes nem isso bastava e os trabalhadores e as mulheres se rebelavam e votavam contra, às escondidas ou afrontosamente rebeldes, e os outros ganhavam as eleições. “O que fazer, então?” Era a pergunta em voz baixa que corria os salões. A resposta era uníssona: “Vamos chamar os militares para pôr ordem na casa!” O que não é possível é deixar os candidatos errados ganharem as eleições. As oligarquias sempre divergiram um pouco sobre este ponto, uns diziam que deveriam chamar os militares por pouco tempo, até que pudessem ganhar eleições de novo. Outros, mais realistas, sabiam que não ganhariam mais eleições, outras medidas teriam que ser tomadas. Por isso, cada golpe de Estado na América Latina prometeu eleições para breve, mas não as realizou. “Claro que não pode haver eleições, se não os comunistas ganham de novo” disse Pinochet com clarividência.
    Os militares, sim, sabiam fazer eleições que não se perde! Eles mesmo escolhiam os candidatos, afastavam os indesejados e quando a coisa apertava, não faziam eleições, nomeavam os eleitos e surgiam os senadores, prefeitos, governadores biônicos. É claro, sempre decidido na reunião do clube não frequentado por militares. Na verdade eles não sabiam fazer, eles seguiam orientações de quem sabia, os altos funcionários dos oligarcas. É simples a vida, basta ter uma baioneta calada, triste trocadilho com o povo que não se cala, e um bom conselheiro. Mas nada é para sempre. Vem as chamadas democracias e no ardor da esperança e liberdade os filhos da modernidade aceitam fazer eleições universais, livres, secretas e fáceis, daquelas que é só apertar um botão.
    Foi assim, a urna eletrônica e indevassável se inventou. Oram vejam só! Que petulância. O voto não é auditável, quem vota, vota em quem quiser e até pode dizer que votou em outro. É secreto, “mas isso não seria um elogio à mentira?” se perguntava o conselheiro, “o infeliz pode prometer o voto, até ganhar vantagens para votar e lá, bem escondidinho, votar em outro?” É um escárnio! É o caso do candidato famoso de Curitiba, famoso o caso, não o candidato. Foi assim, filho de vasta e importante família, pai e avô desembargadores, tio cartorário, e muitos outros parentes em cargos decisórios. Candidato a vereador contava com a família. Mas ele era um chato, daqueles que estragam qualquer festa. Não havia grupo que continuasse reunido com sua chegada. Inconveniente, não era o candidato da família, não dava para confiar. Apurados os votos, um fracasso, nem suplente pegou. No dia seguinte, de manhã, bateu a porta do primo vizinho que foi perguntando sem jeito: “como foi o resultado?”. “Claro que perdi”, quase gritou o candidato, “vocês não votaram em mim”, “claro que votei, não ia deixar de votar no primo”. “É que na sua sessão, na de seu filho, e na de sua mulher não tive nenhum voto!”, disse áspero o candidato. “Ah!” disse ainda mais sem jeito o primo, “não sei o que aconteceu, acho que você viu as urnas erradas ou roubaram seus votos” disse se esquivando e já fechando a porta. “Foi isso sim!” pensou o candidato chato e sem voto e se dirigiu pisando duro à casa do pai para reclamar. Até hoje conta que foi roubado nas eleições. O voto era, e continua sendo, inauditável, por isso nunca conseguiu provar o roubo e foi aconselhado a não se candidatar mais porque não se pode confiar nas urnas, apesar de seus primos deputados e senadores serem eleitos por elas.
    Sempre há forma de intervir, porém. Em 2018 nem foi preciso chamar os militares para pôr ordem na casa, como todos sabem, bastou um juiz parcial para fazer o serviço. O argumento ético foi simples, o mesmo para chamar os militares, como se pode admitir que as pessoas escolham os candidatos errados? O fato é que não dá para mudar o voto, qualquer um pode votar em um e dizer que votou no outro, então a solução é intervir nos candidatos e mentir, até a mentira se parecer com uma verdade. Deu certo em 2018, mas custou caro às oligarquias, tiveram que engolir a ética da prepotência. Pelas mentiras e falácias desmentidas as organizações políticas sisudas da oligarquia viraram meleca sob a liderança de um desvairado e sincero mentiroso. Sincero, porque não esconde a vontade de evitar que certas gentes votem, negros, indígenas, mulheres, nordestinos, pobres, etc. Para isso usa a mentira e a oligarquia tapou o nariz e aceitou.
    Mas as urnas não mentem. Enganado em 2018, o povo de fato elegeu Bolsonaro e seus deputados, senadores e governadores que minaram as organizações políticas da direita sisuda, mas foram pegos na mentira. Com organizações inviáveis e partidos sem conteúdo ou aderência interna, a oligarquia não tem com quem contar. De vários ensaios, todos resultaram em fracasso: o juiz parcial se enforcou nas próprias tripas, o presidente do maior partido nacional, que se formou a partir da destruição dos partidos, sequer tem o nome pronunciado nas conversas políticas.
    A oligarquia, sabendo que perderá em 2022, tem apenas dois caminhos, ou se alia ao PT e tenta frear seu ímpeto reformista ou se lança numa aventura golpista sem futuro. Estão agitadas as conversas nos salões privados, átrios, lojas e clubes. Sempre acontece isso nos momentos de grandes dúvidas. Enquanto isso, a Amazônia arde, os povos sofrem, a fome aperta e o fantasma do desemprego ronda os lares.
    Haverá muito trabalho em 2023 e a oligarquia, aliada ou não, fará tudo para que a reconstrução seja impossível.
    Mãos à obra!