Categoría: Opinión

  • El fin del confinamiento del Dios cartesiano


    Boaventura de Sousa Santos

    El fin del confinamiento del Dios cartesiano

    Traducción de Bryan Vargas Reyes

    Dios parece estar confinado. Por lo menos, desde que en el siglo XVII se impuso la separación absoluta entre la naturaleza, entendida como res extensa, y los seres humanos, entendidos como res cogitans. La prueba de la existencia de Dios está en la mente humana, porque sólo esta puede concebir un ser muy perfecto e infinito. Siendo imperfecta, la mente humana sólo es capaz de tal concepción porque alguien la inscribió en ella. Ese alguien es Dios. La naturaleza es incapaz de tal concepción, y ahí reside su inconmensurable inferioridad en relación con la mente propia de los seres humanos. Con la demostración de la existencia de Dios, se demostró la imposibilidad de coexistencia con él en el mismo mundo. Dios es de “otro mundo”, su “reino no es de este mundo”. Dios es trascendencia.

    Así comenzó el confinamiento de Dios. Si hasta entonces ya era difícil comunicarse directamente con él, a partir de ahí se volvió imposible. Sólo los místicos pueden conseguirlo, y siempre con altos costos personales. En el mismo proceso en el que Dios fue humanizado, fue también desnaturalizado y, con él, los seres humanos que lo concibieron. Y como no pueden ser mente sin ser un cuerpo natural, al mismo tiempo que demostraron la existencia de Dios, los seres humanos dejaron de comprenderlo y dejaron de entenderse entre sí. Entonces se deshumanizaron. La humanización de Dios dio lugar a la deshumanización de los seres humanos. El homo economicus del capitalismo naciente, tal como el cuasi contemporáneo homo lupus homini de Hobbes, son la expresión de esta deshumanización del ser humano. El ser competitivo, centrado en su interés individual, es un ser antisocial que ve en los semejantes (nunca iguales) enemigos potenciales, y que sólo hace filantropía si de ella resulta algún beneficio propio.

    La incomprensión abisal del ser divino permitió a los humanos decir de Dios todo lo que ellos quisieran según su conveniencia. La teología sufrió entonces una transformación cualitativa. Comenzó a tratar de resolver el malentendido cartesiano multiplicando las mediaciones que falsamente humanizaron a Dios. Las ficciones del “Dios hecho hombre” o el “cuerpo de dios” fueron llevadas al paroxismo. El Nazareno crucificado del siglo XVIII barroco es un espectáculo visceral de primer orden, el espectáculo de un cuerpo cuya máxima exaltación es la mortificación y la muerte. La economía de la muerte, en la que el colonialismo y la esclavitud prosperaron en el mundo, encontraron en estas imágenes un espejo cruel y un consuelo desesperado. La exuberancia de las imágenes ocultaba efectivamente las ficciones teológicas. Sobre todo, encubrió las trágicas consecuencias de estas ficciones, tal como lo había vivido antes el joven nazareno, cuando concluyó en la cruz que ninguna ambulancia divina vendría a salvarlo y quitarle ese “cáliz”.

    El confinamiento del Dios cartesiano desde el siglo XVII fue fundamental para que, en su nombre, se pudieran cometer las mayores atrocidades. El joven nazareno que había muerto en la cruz para “salvar el mundo” era ahora invocado para justificar la inmensidad de las muertes de esclavos y pueblos originarios para “salvar la economía”. Confinado, Dios estaba limitado a la telepresencia. La presencia real pasó a ser de los intermediarios, misioneros, pastores, y catedrales. Como hoy en día, los repartidores de alimentos mediante las aplicaciones (“motoboys” y “motogirls”) no eligen los restaurantes de acuerdo a la calidad de la comida, sino por el valor de la cuota de entrega, los intermediarios empezaron a servir la comida espiritual de acuerdo con las prebendas que recibían. No lo hicieron por elección, lo hicieron por necesidad. Sirvieron a los señores de la tierra que los usaron para consolidar su dominio.

    Pero ¿está Dios verdaderamente confinado? Siendo infinito en todos sus atributos, es imposible imaginar un confinamiento que no sea un acto originario, un auto confinamiento. Por otro lado, es absurdo pensar que un ser infinito está confinado. Y es también imposible imaginar un motivo divino para el auto confinamiento. ¿Miedo a contaminarse? No es imaginable que Dios corriese el riesgo de ser contaminado por seres tan infinitamente inferiores, sobre todo porque, según la teología cartesiana, los seres humanos ni siquiera tienen el nano tamaño del virus para poder contaminar a Dios. ¿Miedo de contaminar?  Es absurdo pensar que el Dios cartesiano tema contaminar. Al ser infinito, todo está contaminado y purificado simultáneamente por él.

    La hipótesis más creíble es que los teólogos tuviesen miedo de que Dios contaminase el mundo. Tal vez sabían que la desnaturalización de Dios era una imposición tan fuerte y frágil como todas las demás imposiciones humanas. Para consolidarlo, tuvieron que recurrir a múltiples trucos arquitectónicos, pictóricos, teológicos, que engañaron a todos los que no se beneficiaron del supuesto encierro de Dios. Tales trucos fueron las máscaras usadas eficazmente para supuestamente proteger a Dios de los humanos, pero que en realidad funcionaban para permitir que los humanos realizaran libremente sus negocios sin correr el riesgo que corrieron los “mercaderes del templo”. Por lo tanto, podemos concluir que Dios no estuvo confinado todos estos siglos. Estaba en todas partes – como le correspondía. Simplemente estaba ausente del discurso humano sobre él. O más bien, el discurso predominante de los humanos sobre él fue diseñado para crear y justificar su ausencia. Después de todo, ¿dónde ha estado Dios durante estos siglos? ¿Esta pregunta en sí sugiere que Dios dio alguna señal de que la teología que nos impusieron ha llegado a su fin?

    Las heridas del Nazareno del siglo XXI

     

    En el siglo XVII hubo una gran división en las reflexiones sobre Dios. A la teología cartesiana, que expliqué anteriormente, se opone radicalmente la teología spinoziana. Mientras que, para Descartes, Dios es tanto un producto de la mente humana como trascendente, para Spinoza, Dios es la infinidad de todo lo que existe, la sustancia, la naturaleza. “Deus sive Natura”. Dios, es decir, la naturaleza, dijo Spinoza. No se trata de la naturaleza descalificada de Descartes (“Natura naturata”) sino de la naturaleza calificativa de todo, la energía vital infinita que anima el mundo y la vida (“Natura naturans”) y de la que dependen los seres humanos en toda su finitud. En este sentido, la naturaleza no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la naturaleza. Dios no es personalizable (como si fuera un humano impulsado hasta el infinito). Y tampoco es trascendente, es inmanente. Dios es de este mundo y de todos los demás mundos posibles. Para Spinoza, solo así se puede decir con verdad que Dios es infinito y omnipresente. Distinguir entre aquí y allá, dentro y fuera, es la limitación humana. Dios es la inmanencia del mundo y sus infinitos atributos son los que explican las limitaciones del ser humano. Y no al revés.

    Para Spinoza, la humanización de los seres humanos no está en su desnaturalización, sino, por el contrario, en su naturalización fundamental. El capitalismo, el colonialismo y el patriarcado fueron los motores modernos de la desnaturalización. La naturaleza fue cartesianamente descalificada para que el capitalismo la transformase en un recurso natural incondicionalmente disponible para los seres humanos. Y fue igualmente descalificada para que el colonialismo y el patriarcado transformaran en recursos humanos subyugables y explotables todos los seres humanos considerados radicalmente inferiores porque se supone que están más cerca de la naturaleza, ya fueran negros, indígenas o mujeres. En resumen, fueron cuerpos racializados y sexualizados.

    En el mundo cartesiano, la desnaturalización de algunos solo fue posible a costa de la naturalización de las grandes mayorías. Esta descalificación de los seres humanos fue el producto de una ignorancia fatal en la que hemos vivido desde el siglo XVII, la ignorancia de la que se alimentaron el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. Estos dos últimos existían antes del capitalismo, pero fueron reconfigurados por este para convertirse en fuentes de trabajo altamente devaluado (desde la esclavitud a los autoesclavos informales o uberizados) o no remunerado (la economía del cuidado soportada casi en su totalidad por mujeres). ¿Y Dios? Es imposible imaginar a un joven nazareno spinozista. Pero si fuera posible, el sufrimiento humano injusto y desigual que la naturalización descalificadora ha causado y sigue causando en tanto ser humano (esclavitud, limpieza étnica, racismo, sexismo, homofobia) serían heridas infligidas a la humanidad. Y la deforestación industrial de los bosques, la contaminación de los ríos, la minería a cielo abierto, el fracking también serían heridas esta vez infligidas a la madre tierra. Juntas, tales heridas constituirían una crucifixión inmensa y permanente. Un segundo y mucho más doloroso calvario.

    La pandemia del coronavirus es la primera noticia teológica del siglo XXI. ¿El anuncio inaugural del Evangelio de San Juan “y el verbo se hizo carne” tiene que ser reemplazado por el anuncio del crepúsculo “y el verbo se convirtió en virus”? En cualquier caso, se anuncia una nueva teología. Parte de una nueva proposición, la proposición 37 de la Primera Parte de la Ética de Spinoza puede formularse de muchas formas en los diferentes lenguajes y cosmovisiones del mundo y, a la manera spinoziana, puede ir seguido de demostraciones, explicaciones, axiomas, escolios o corolarios. En el mundo eurocéntrico, la proposición se puede formular así:

    Proposición: La naturalización cartesiana de tanto ser humano, provocada por la dominación capitalista, colonialista y patriarcal, ocurrió en paralelo con la naturalización cartesiana de toda vida no humana, y resultó en un inmenso sacrificio en el altar global de los ídolos del dinero y el poder.

    Demostración: Así como la vida humana es una pequeña parte de la vida no humana en el planeta, el sacrificio de la vida no humana fue inmensamente más amplio, pero fue ocultado con éxito por el pensamiento dominante al servicio de los ídolos.

    Explicación: El sacrificio de la vida no humana no encontró otra forma de ser conocido y denunciado que contagiando los altares y los ídolos con sus heridas.

    Axioma: El virus es la prueba más convincente en este siglo de la existencia de Dios.

    Corolario I: Un Dios sospechoso es un peligro fatal para los ídolos del dinero y el poder.

    Corolario II: Un Dios sospechoso es finalmente un consuelo eficaz y perenne para la madre tierra y para todos aquellos que, estando más cerca de ella, fueron condenados junto con ella, los condenados de la tierra de Franz Fanon.

  • A cloroquina e seu fetiche

    A cloroquina e seu fetiche

    Carlos Frederico Marés

    A CPI descobriu um segredo plenamente sabido e conhecido: a indústria farmacêutica lucrou milhões com a venda de cloroquina e outros remédios impróprios para Covid-19 só porque o presidente Bolsonaro e seu governo incentivaram, apoiaram e difundiram falsas notícias sobre suas propriedades, embora não tenham conseguido introduzir na bula a indicação mentirosa. Mas, uma coisa que a CPI ainda não descobriu, ou não nos informou, é se a indústria farmacêutica se aproveitou do absoluto despreparo e despropósito do governo e simplesmente vendeu sua mercadoria ou se ela mesma apresentou ao insano governo algumas amostras grátis, ou gentilezas mais substanciais, sugerindo a campanha oficial. Ou ambos, como nos lucrativos negócios das vacinas. 

    Nem o governo nem a indústria farmacêutica são confiáveis. Transformar a cura, ou a falsa cura, em mercadoria tem sido o negócio desse ramo industrial e para isso corrompe a ciência e cientistas menos preocupados com os princípios éticos que deveriam estar na base de quem trabalha com doenças e curas. Se por um lado tem cientistas que investigam, analisam reações e possibilidades das químicas e suas misturas e as descobre, em suas propriedades positivas e negativas, do outro lado há um departamento comercial das empresas que trata de vender a cura transformada em mercadoria e nem sempre da melhor forma para o paciente, nem sempre utilizando a competência dos médicos, mas a ganância de alguns, amplificando as propriedades positivas e escondendo as negativas. O remédio, então, não é mais remédio, vira mercadoria. Não importa se cura, mata ou aleija, tem que ser vendida, tem que movimentar o mercado. Com vida própria a mercadoria navega em águas turvas, envolvida em mentiras, falsas informações, meias histórias, sempre só para gerar lucro. 

    Essa singela lógica do absurdo a que tão bem se presta o governo Bolsonaro e a indústria farmacêutica, desvela o que no século XIX Marx chamou de “fetiche da mercadoria”. A relação entre as pessoas, a doença e a cura, o médico e o paciente, o produto e seu uso, deixam de ter qualquer importância quando a mercadoria ganha vida própria, fetichizada, e não precisa mais cumprir a sua utilidade, não precisa mais curar, no caso da cloroquina nem foi feita para curar Covid-19. Importa vender! E vender não quer dizer ser aplicada à sua finalidade, quer dizer simplesmente trocá-la por dinheiro, depois de vendida pode ser atirada ao lixo, aplicada em quem não precisa ou depositada em prateleiras empoeiradas à espera do vencimento e descarte. Essa é exatamente a ideia que Marx externava em “O caráter fetichista da mercadoria e seu segredo” no primeiro capítulo do Capital. Vivesse hoje e Marx diria simplesmente: “olha, aí, veja como o fetiche funciona!” O fetiche da mercadoria impede que o produto do trabalho humano cumpra sua função social. 

    O episódio é trágico porque a mentira ajudou a ceifar vidas na pandemia. Mas não é fato isolado, faz parte do sistema que não cria produtos para satisfazer necessidades ou utilidades humanas, cria mercadorias que ganham vida própria, com seus segredos e fetiches, e promovem a acumulação de dinheiro a que chamam de riqueza. A indústria farmacêutica não é a única, mas é uma das mais eficientes criadoras dessas falsas necessidades, maldades e fetiches. Às vezes com a ajuda explícita de governos, como neste ridículo caso, às vezes convencendo médicos e pacientes a usar suas invenções e invencionices. Num canto de página a Folha de São Paulo informava no dia 22 de julho que “a empresa Johnson & Johnson e outros distribuidores acusados de alimentar a epidemia de opioides estão dispostos a pagar 26 bilhões de dólares para resolver milhares de processos (nos EEUU) …”. Quanto deve ter sido o lucro das empresas com o consumo viciante dos opioides nas últimas décadas no mundo inteiro? Certamente valeu a pena do ponto de vista comercial o risco de pagar agora só 26 bilhões de dólares, a maldade estava internalizada como custo.

    Mas a pergunta exata não é quanto a empresa ganha com o fetiche, sabe-se que é muito e faz parte do sistema. O lucro abusivo e criminoso das empresas explica o porquê a mercadoria vira um fetiche, mas a verdadeira pergunta é como a inutilidade ganha ares de certeza útil. A mentira é o meio, certamente, mas alguém tem que mentir com credibilidade para que a mentira ‘pegue’. No caso dos remédios, doenças e dores é necessária a conivência de médicos, sistemas de saúde e propaganda intensa. E isso foi explícito no caso da cloroquina, Bolsonaro ofereceu cloroquina até para a ema, mas foram os médicos que receitaram a seus pacientes. A ema, conhecendo o presidente, não aceitou, mas os pacientes confiaram nos médicos. A indústria farmacêutica inventou a amostra grátis na fetichização da mercadoria remédio e ainda criou outros favores às autoridades legislativas, judiciais e executivas e profissionais da medicina em forma de congressos, viagens e conferências, sem falar em algumas gentilezas inomináveis, o que significa que as amostras podem ser muitas coisas, menos grátis.

    Mas o fetiche da mercadoria não é apenas a separação das mercadorias e do capital que ela encarna, da vida concreta dos seres humanos e suas necessidades. Vai muito mais além e atinge também os não humanos animais e plantas que passam a ser devastados na mesma lógica. E mais uma vez a indústria farmacêutica e química ganham proeminência na vilania. Basta olhar os agrotóxicos e transgênicos. Estas mercadorias têm vida própria, convencem governos a não escutar cientistas, convencem cientistas a dizer meias palavras e não contar tudo o que sabem, fazem leis, relatórios e guardam parte dos lucros para pagar indenizações posteriores que parecem ser elevadas, mas são apenas frações do rendimento do rico negócio. Basta ler os jornais para saber, a informação da Folha de S. Paulo se referia a 26 bilhões se dólares, há muito mais, depois de uma condenação para pagar 2 bilhões de dólares pelo dano causado pelo agrotóxico Roundup, a Bayer, que comprara a Monsanto sabendo disso, fez um acordo para pagar mais 11 bilhões de dólares para arquivar as ações. Vale a pena, se fosse tudo sério e ético, o lucro seria muito pequeno, talvez o Roundup fosse apenas um veneno, não uma mercadoria. Tudo se resume a valores monetários, eis o fetiche! A ética, a necessidade e o uso não contam. 

    Está certo que o caso cloroquina no Brasil é de uma grosseria desmesurada, compatível e condizente com o governo Bolsonaro. A tal ponto absurda que podemos imaginar que nem foi programada pela indústria farmacêutica que apenas aproveitou a ocasião, a insensatez do governo e fez bons negócios, com ampla distribuição de várias espécies de amostras grátis, na venda de sua mercadoria, o que eticamente não a absolve. Mais uma vez: não vendeu remédio, apenas mercadorias, e sabia disso. As amostras grátis são necessárias aos que ajudam a mercadoria ter vida farta. Entretanto, não nos iludamos, pode haver muito mais sutileza nessas manipulações. De agrotóxicos a carros, de remédios a telefones, de alimentos a perfumes, os departamentos comerciais estão diuturnamente pensando em como vender a mercadoria sem nenhuma preocupação com a devastação da natureza para adquirir matéria-prima barata, nem com as pessoas coisificadas no trabalho, nem com a utilidade que a coisa pode ter e muito menos com os danos que pode causar. A saúde humana, dos animais, das plantas e do planeta não importam seja no quarto malcheiroso, sem ar e sem luz, do trabalho clandestino, seja nos iluminados laboratórios de alta tecnologia genética, o produto vira mercadoria e o fetiche lhe dá vida própria deixando para trás um rastro de morte e destruição. 

    Em que mundo vivemos!? Até podemos saber a resposta, mas em qu
    e mundo viverão nossas netas e netos?

  • Marco temporal, marca do atraso

    Marco temporal, marca do atraso

    Carlos Frederico Marés

    6 de julio del 2021

    Os povos indígenas das Américas lutam há quinhentos anos por um único direito, o de existir. Muitos sucumbiram sob a violência colonial. Violência física, sem subterfúgios, desde as degolas do século XVI contadas com horríveis detalhes por Bartolomé de Las Casas até o século XX com o extermínio cínico dos Xetá no oeste do Paraná na década de 60 e as macabras caçadas de orelhas de Xokleng em Santa Catarina relatadas por Sílvio Coelho dos Santos. O século XXI não passará isento à violência como se vê hoje. Sem intervalo, sem vergonha, sem punição. Mas a negação do direito de existir se faz, também, por sofisticados arranjos teóricos e jurídicos, como formais declarações de guerra para matar ou reduzir a escravos povos inteiros. A sofisticação jurídica era não os chamar de escravos, mas aprendizes que um dia deixariam de pensar ou desejar a liberdade de existir coletivamente. Então, quando a liberdade não fosse mais um sonho, podiam ser livres.

    A morte tem sido a forma constante de negar o direito, mas mudanças de vida sempre fizeram parte do arranjo e a oferta, com aparência de generosidade, de assimilação à cultura hegemônica acaba tendo o mesmo efeito da declaração de guerra. A assimilação foi política de estado e ganhou nomes suaves como integração, emancipação, desenvolvimento, ou grosseiros como evolução, civilização, superação do atraso, aculturamento, “se assemelhar a nós civilizados”.

    Todas essas políticas negaram o singelo direito à existência como grupo, povo, comunidade ou qualquer outra palavra que sirva a tradução para o vernáculo. O que importa, no fundo, é a soberba certeza de que os povos originários têm que deixar de sê-lo porque é muito melhor para eles mesmo viverem na rica e doce sociedade colonial. Rica e doce, dois adjetivos coloniais. Mas os povos têm outro conceito de doçura e riqueza e continuaram insistindo que querem ser povos. Não querem disputar a cotoveladas um insuficiente pedaço de rapadura ou uma pepita inútil. Tal e tão profunda a soberba que a sociedade hegemônica, colonial, capitalista não podia acreditar que os povos queriam continuar a ser povos e os via como transitórios, provisórios, em processo de evoluir de povo a cidadão, abandonada a cultura ancestral, modos, costumes, conhecimentos, gostos e jeito de ser. Alguns sucumbiram, outros resistiram. 

    A formulação jurídica era assim: os indígenas deveriam se tornar cidadão livre e deixar de pertencer a um povo. Para melhor convencimento, as políticas tinham que ressaltar as vantagens da mudança e isso implicava em tornar menos confortável a vida coletiva. Para isso era importante diminuir seus habitats, desprezar seus conhecimentos, negar as crenças, punir o uso da língua, desacreditar as lideranças espirituais e tradicionais. Humilhar até a vergonha. Por isso, e também para se apropriar das terras férteis, os povos eram transferidos para lugares desconhecidos, com pouca caça e pouca fruta. Isso foi feito à larga no século XX com o testemunho sombrio dos casos Pataxó hã hã hãe, Nambikwara e Krenak, entre muitos outros. Desde 1988, quando essa política mudou, ainda há os que trabalham intensamente para mantê-la.  

    Um povo, para existir, depende de duas condições, a primeira, subjetiva, é a vontade profunda de continuar juntos, solidários e irmanados, conscientes de sua identidade; a segunda, objetiva, é ter um lugar para exercer a irmandade livremente. A condição subjetiva é fundamental, a consciência da condição, a identificação, as características que os une, a história e a memória dos antepassados, a língua comum, o autorreconhecimento ou autoidentificação. E essa foi a permanente lutas de todos os povos, poder ser o que dizem que são. 

    A segunda condição é o espaço vital, o território, o lugar onde a cultura se forma e é por ela modificado. É a natureza, o ambiente. É a fonte e o destino de todo conhecimento, da alimentação e da vida. O subjetivo e o objetivo se encontram para a sociedade fluir com seus problemas e suas soluções. Quando o espaço é sonegado, invadido, esbulhado, ameaçado, a luta do povo se concentra para sua manutenção. E nos quatrocentos e cinquenta anos em que os povos foram entendidos como transitórios a principal restrição se fez ao espaço vital, negando a territorialidade. Como a modernidade colonial precisava das terras para colonizar, o esbulho se tornou regra. Destruir as condições objetivas e materiais de existência do povo passou a ser prioridade para o sistema moderno. As remoções se deram para o uso das terras para plantar ou explorar minérios.

    No final do século XX, depois de quatrocentos e cinquenta anos de resistência, a modernidade cedeu e aceitou o direito dos povos. Em 1988 a Constituição brasileira reconheceu “aos índios sua organização social, costumes, línguas, crenças e tradições”. O direito a existir, e completou: “e os direitos originários sobre as terras que tradicionalmente ocupam”. O lugar de sua existência, onde existir. Para que não restassem dúvidas, dispôs que essas terras seriam aquelas habitadas em caráter permanente, utilizadas para suas atividades produtivas, imprescindíveis a seu bem-estar e necessárias a sua reprodução física e cultural, segundo seus usos, costumes e tradições. O direito a existir no lugar que permita a continuidade de sua existência foi consagrado. O quê e o onde. Quem pode ser contra isso? Resposta fácil: quem não se importa com a humanidade e sim com a riqueza material da terra. 

    Para os indígenas, porém, as riquezas da terra não é o que se extrai e esgota, a madeira, o ouro ou as pedras preciosas. Riqueza não é um conceito monetarizado. Riqueza é a vida, o sagrado, a espiritualidade incompatível com a devastação. E a Constituição reconheceu isso. Mas os contra, os amantes da riqueza simbólica e dourada, mesmo antes de definida a norma constitucional, começaram a armar caminhos para desfazer o estabelecido. Se estava resolvido o que e o onde do direito, restava as obstruções e armadilhas do como garantir e do quando exercer 

    Rapidamente os interessados nas terras indígenas inventaram um novo procedimento para a demarcação e usaram seu poder para instituir o decreto nº 1.775, de 1996. Era a armadilha do como. Com isso a demarcação passou a ter mais importância que o conceito e foi espalhado, contra a Constituição, que terra não demarcada era terra não indígena. O como anulava o quê e o onde! 

    Mesmo assim, no disputado Estado brasileiro as demarcações prosseguiram, não com a rapidez desejada, contra todas as dificuldades e forçadas pela pressão permanente e insone dos povos e seus aliados. Foi então que entrou em pauta a velha ideia do quando. Em 1996, na elaboração do decreto de demarcação a ideia foi ensaiada, mas não houve insistência porque se esperava que a burocracia demarcatória inibisse o direito, isto é, se apostou que o como inviabilizasse o direito dos povos. Na segunda década do século XX, porém, a ideia do quando voltou com força e foi chamada pelo sugestivo nome de marco temporal. 

    A despropositada teoria é de que só tem direito a existir os povos que no 5 de outubro de 1988, promulgação da Constituição, estivessem na posse de sua terra, numa inversão do conceito. Essa tese foi citada na decisão sobre a Terra Indígena Raposa Serra do Sol porque havia um esbulho recente de arrozeiros que à força, como sempre, haviam entrado na terra. Imediatamente, e sem escrúpulos, a Advocacia Geral da União determinou que a ideia fosse aplicada em todas as demarcações. A decisão da AGU nunca foi totalmente aplicada, mas também nunca foi integralmente revogada e causou danos. Membro
    s anti indígenas do Congresso Nacional propuseram projetos de leis para impedir que a União demarcasse terras e, se o fizesse, aplicasse o marco temporal. O como e o quando são armadilhas para estrangular o quê e o onde! 

    Como se trata de matéria constitucional o STF foi chamado a se pronunciar sobre o marco temporal e a oportunidade surgiu no Recurso Extraordinário sobre parte da Terra Indígena Xokleng que o Estado de Santa Catarina queria desconstituir como terra indígena usando a tese. A questão foi reconhecida como tema de repercussão geral e, afinal, o Supremo decidiria sobre a sufocante armadilha. Depois de muitas idas, vindas e disputas, foi marcado o julgamento para o dia 30 de junho. Mais de 850 pessoas de 50 povos diferentes foram à Brasília acompanhar o desfecho da ação, estavam ansiosos, atentos e esperançosos. A pauta se iniciou com atraso e o tema não foi anunciado, mais um processo e nada, veio o intervalo, uma hora depois reiniciou a sessão e foi anunciado outro tema. No fim da tarde o presidente do STF anuncia, não o julgamento, mas a sua transferência para o mês de agosto, afinal, julho o Judiciário estará em férias. Os indígenas, decepcionados mas não surpresos, prometeram que esperarão em Brasília todo o frio mês de julho, não porque seja mês de férias, mas porque querem acompanhar de perto o voto de cada Ministro e não têm certeza de que haverá tempo de ir para casa e voltar para o incerto julgamento. Até quando?

  • La nueva guerra fría


    Boaventura de Sousa Santos

    La nueva guerra fría

    Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

    Las trompetas de la guerra fría han vuelto a sonar. El presidente de Estados Unidos anuncia a los cuatro vientos la nueva cruzada.  Esta vez, los términos parecen diferentes, pero los enemigos son los mismos: China y Rusia, principalmente. Se trata de la “guerra” entre democracias y autoritarismos (dictaduras o gobiernos democráticos truncados por el dominio absoluto de un partido). Como de costumbre, los gobiernos occidentales y los comentaristas de turno se han alineado fielmente para el combate. Los portugueses que en la edad adulta vivieron en la época de la dictadura de Salazar no dudan en distinguir entre democracia y autoritarismo y en preferir la primera al segundo. Los nacidos después de 1974, o poco antes, cuando no aprendieron de sus padres lo que fue la dictadura, muy probablemente tampoco lo aprendieron en la escuela. Se encuentran, pues, en disposición de confundir ambos regímenes políticos.

    A su vez, la realidad de muchos países considerados democráticos muestra que la democracia atraviesa una profunda crisis y que la distinción entre democracia y autoritarismo es cada vez más compleja. En varios países del mundo se suceden protestas en las calles para defender la democracia y luchar por los derechos vulnerados, derechos que casi siempre están consagrados en la Constitución. Muchas de estas protestas se dirigen contra líderes políticos elegidos democráticamente, pero que han ejercido el cargo de manera antidemocrática, en contra de los intereses de las grandes mayorías, a veces frustrando enormemente las expectativas de los ciudadanos que les votaron. Son los casos de Brasil, Colombia y la India, y fueron también los casos de España, Argentina, Chile y Ecuador en los últimos años. En otros casos, las protestas tienen como objetivo evitar el fraude electoral o hacer cumplir los resultados electorales, siempre que las élites locales y las presiones externas se nieguen a reconocer la victoria de los candidatos apoyados por la mayoría. Ha sido el caso de México durante años, el caso de Bolivia en los últimos tiempos y, en la actualidad, el caso de Perú.

    A primera vista, hay algo extraño en estas protestas, porque la democracia liberal tiene como característica fundamental la institucionalización de los conflictos políticos, su solución pacífica en el marco de procedimientos inequívocos y transparentes. Se trata de un poder político que se conquista, se ejerce y se abandona democráticamente, a través de reglas consensuadas. ¿Por qué razón, en este caso, los ciudadanos están protestando fuera de las instituciones, en las calles, más aún cuando corren graves riesgos de enfrentarse a una fuerza represiva excesiva? Y lo más intrigante es que los gobiernos de todos los países que he mencionado son aliados de Estados Unidos, que quiere contar con ellos en su nueva cruzada contra el autoritarismo de China y sus aliados.

     

    La perplejidad se instala. Si, por un lado, es crucial mantener la diferencia entre democracia y autoritarismo; por otro lado, los rasgos autoritarios de las democracias realmente existentes se agravan cada día. Veamos algunos. Rusia arresta autoritariamente al disidente Alexei Navalny; las democracias occidentales, presionadas por Estados Unidos, dejan morir en prisión al periodista Julian Assange, que probablemente en unas décadas recibirá, a título póstumo, el Premio Nobel de la Paz. En los regímenes autoritarios, los medios de comunicación no son libres para dar voz a los diferentes intereses sociales y políticos; en las democracias, la preciada libertad de expresión se ve cada vez más amenazada por el control de los medios de comunicación por parte de grupos financieros y otras oligarquías, así como por las redes sociales que utilizan algoritmos para impedir que las ideas progresistas lleguen al gran público y permitir que ocurra lo contrario con las ideas reaccionarias. Los gobiernos autoritarios eliminan a opositores que luchan por la democracia en sus países; las democracias destruyen algunos de estos países (Irak, Libia) y matan a miles de inocentes para defender la democracia.

    Los regímenes autoritarios eliminan la independencia judicial; las democracias promueven persecuciones políticas a través del sistema judicial, como lo ilustra dramáticamente la operación Lava-Jato en Brasil. En los gobiernos autoritarios, los líderes no son elegidos libremente por los ciudadanos; en las democracias, la forma en que los poderes fácticos inventan y destruyen candidatos es cada vez más preocupante. En los gobiernos autoritarios, todos los procedimientos son inciertos para que los resultados sean ciertos (el nombramiento o elección de los líderes elegidos de forma autocrática). En las democracias se aplica lo contrario: procedimientos ciertos para obtener resultados inciertos (la elección de líderes elegidos por la mayoría). Pero es cada vez más común que quienes tienen poder económico y social también tengan el poder de manipular los procedimientos para garantizar los resultados deseados. Con tal manipulación (fraude electoral, financiación ilegal de campañas, fake news y discursos de odio en las redes sociales, etc.), los procedimientos democráticos, supuestamente ciertos, se han vuelto inciertos. Con esto, se corre el riesgo de la inversión de la democracia: procesos inciertos para resultados ciertos.

    Además de estos ejemplos, entre muchos otros, la dualidad de criterios es flagrante. Son gobiernos autoritarios y, por tanto, hostiles, China, Rusia, Irán, Venezuela; pero no son hostiles, a pesar de ser autoritarios, Arabia Saudita, las monarquías del Golfo, Egipto y, mucho menos, Israel, a pesar de someter a más del 20% de su población (los árabes israelíes) a la condición de ciudadanos de segunda clase, y someter a Palestina a un régimen de apartheid, como reconoció recientemente Human Rights Watch. A su vez, las embajadas e instituciones estadounidenses encargadas de promover “regímenes democráticos amigos de Estados Unidos”, e incluso las fundaciones alimentadas para los mismos fines con el dinero de los multimillonarios, acogen con preferencia a políticos y partidos de derecha e incluso de extrema derecha, siempre que estos juren lealtad a los intereses económicos y geopolíticos de Estados Unidos. En Europa, Steve Bannon, exasesor de Donald Trump, promueve fuerzas de extrema derecha, antieuropeas y católicas conservadoras que se oponen al Papa Francisco.

    Todo ello desemboca en una situación paradójica: mientras el discurso de la Guerra Fría exalta la diferencia entre democracia y autoritarismo, las prácticas de las potencias hegemónicas no se cansan de reforzar los rasgos autoritarios, tanto de las democracias como de los regímenes autoritarios. Alguien está engañando a alguien. Europa haría bien en convencerse a sí misma de que la nueva Guerra Fría tiene poco que ver con democracia versus autoritarismo. Es solo una nueva fase de confrontación entre el capitalismo multinacional estadounidense y el capitalismo de Estado chino (donde Rusia se está integrando). Es una lucha nada democrática entre un imperio en declive y un imperio en ascenso. Europa, excluida por primera vez en cinco siglos del protagonismo global, tendría todo el interés en mantener una distancia relativa de ambos antagonistas y seguir una tercera vía de autonomía relativa. Bastaría seguir el ejemplo de los países del Sur global reunidos en la Conferencia de Bandung (1955), quizás ahora con más posibilidades de éxito. Mucho más cerca de nosotros, tal vez sea suficiente con leer y seguir las encíclicas del papa Francisco.

  • Bienvenidos al feliz mundo pandémico: violencia, guerra fría y vacunas


    Boaventura de Sousa Santos

    Bienvenidos al feliz mundo pandémico: violencia, guerra fría y vacunas 

    Traducción de Bryan Vargas Reyes

     En un libro reciente sobre la pandemia titulado El futuro comienza ahora: de la pandemia a la utopía (Ediciones Akal, 2021), escribí que a medida que pasara la fase aguda de la pandemia nos encontraríamos con tres escenarios posibles, de los cuales dependería la calidad futura de la vida humana y no humana, que comúnmente llamamos naturaleza. Los tres escenarios son el negacionismo, el gatopardismo y la alternativa civilizatoria.

    El primer escenario consiste en negar la gravedad excepcional de esta pandemia y afirmar que pronto todo volverá a la normalidad, aunque, mientras tanto, hayan muerto unos 4 millones de personas, algunas de ellas innecesariamente. El segundo escenario reconoce que la pandemia ha sido (es) grave y que se necesitan algunos ajustes en las políticas públicas, particularmente en el sector salud, pero no se necesitan cambios estructurales. Cambiar lo necesario para que nada cambie en esencia.

    El tercer escenario se basa en la idea de que las medidas propuestas en el segundo escenario son importantes y urgentes, pero no son suficientes. Además de eso, es necesario cambiar nuestros modos de producción, consumo y vida en sociedad. Después de todo, la vida humana es el 0,01% de la vida total del planeta, pero se comporta como si fuera dueña del planeta, comprometiendo los ciclos vitales de este sin saber que, con ello, está comprometiendo la calidad e incluso la posibilidad de vida humana en el futuro más o menos lejano.

    Cada escenario ofrece una narrativa pandémica adecuada para que sea la única posible y legítima, a la vez que es apoyada social y políticamente por las fuerzas que más se beneficiarán de ella. Los tres escenarios representan los nuevos términos en los que se afianzarán los conflictos sociales y políticos en las próximas décadas. Lo que ocurra tendrá un impacto importante en la vida de la sociedad, pero será muy desigual en los diferentes países del mundo.

    Los conflictos que generará cada escenario aún no están mapeados y pueden sorprendernos. Tampoco es posible anticipar las consecuencias. Sólo sabemos que la oposición al escenario imperante se hará por referencia a uno de los otros escenarios posibles.  En este punto se puede decir que el primer escenario parece prevalecer a nivel mundial. Este escenario tiene varias manifestaciones muy diferentes y desigualmente distribuidas en todo el mundo.

    La violencia represiva del Estado

    La primera de estas manifestaciones es la violencia represiva del Estado ante la crisis social agravada por la pandemia. Después de 40 años de concentración de la riqueza y ataques a los derechos económicos y sociales de las clases populares, cada vez más vulnerables por las políticas neoliberales, ya habían estallado fuertes protestas sociales contra la austeridad en muchos países antes de la pandemia.

    Con la pandemia, la desaceleración de la actividad económica y el gasto de emergencia que, por insuficiente que fuera, tuvo que hacerse, agravaron la situación financiera del Estado; la solución, típica del neoliberalismo, era hacer pagar el costo de la crisis a quienes menos condiciones tenían para hacerlo. Y la gente está diciendo: ¡Basta! Este escenario ya es claramente visible en algunos países de desarrollo intermedio que están gobernados por fuerzas políticas de derecha y que han estado adoptando políticas neoliberales con mayor fidelidad. Estos son los casos de Colombia, Brasil e India.

    Desde abril, Colombia vive un intenso conflicto social, con un paro nacional y bloqueo de carreteras liderado por organizaciones sociales indígenas, campesinas y sindicales y por movimientos espontáneos donde destacan jóvenes “hambrientos y sin futuro”. La represión por parte del Estado ha sido violenta y desproporcionada, con más de 61 personas asesinadas por la policía o por actores armados ilegales en conjunto con la policía, 358 desaparecidos y 47 personas con heridas en los ojos. La ciudad de Cali, la ciudad más negra de Colombia, y las regiones indígenas y campesinas del Cauca han sido el epicentro. Un decreto presidencial del 28 de mayo, ciertamente inconstitucional, ha creado un verdadero estado de sitio que permite la “asistencia militar” en el uso de la fuerza y ​​la violencia contra la población civil y las protestas pacíficas.

    Brasil, por su parte, es hoy el laboratorio mundial del negacionismo. Con aproximadamente el 3% de la población mundial, representa el 13% de las muertes en el mundo. El rechazo militante de las medidas sanitarias y la reserva de vacunas hizo que el virus se propagara sin control, llegando a las poblaciones más vulnerables, “negros y pobres”, como dicen en la jerga brasileña. Está en marcha una operación de darwinismo social, si no una política genocida, especialmente en el caso de la población indígena. Se han presentado más de 100 solicitudes de impeachment en el Congresose han presentado varias denuncias por crímenes de lesa humanidad en tribunales internacionales y se han presentado varias demandas para declarar interdicto por incapacidad mental al presidente. Mientras tanto, el país comenzó a despertar y a manifestarse en las calles contra esta política de muerte. El día 29 de mayo, unas 500.000 personas se manifestaron en 213 ciudades unidas bajo el lema “Fuera Bolsonaro”.

    Finalmente, India es el retrato más cruel del neoliberalismo. Como el mayor productor de vacunas del mundo, no ha logrado vacunar a su población y, por el contrario, la desprotege activamente. El gobierno aprovechó la crisis social para promulgar leyes agrarias neoliberales que harán aún más difíciles y precarias las condiciones de vida de los campesinos, la mayoría de la población. Se convirtió en un caso ejemplar de error de cálculo por parte de los gobernantes. Pensando que la pandemia dificultaría las protestas sociales contra estas leyes, el gobierno se sorprendió con una de las movilizaciones campesinas más grandes y duraderas de las últimas décadas.

    La nueva guerra fría

    La primera generación de la Guerra Fría terminó con la caída del Muro de Berlín. Pero como el capitalismo se alimenta de contradicciones que a menudo generan enemigos reales o imaginarios (guerra contra el comunismo, guerra contra las drogas, guerra contra el terrorismo, guerra contra la corrupción), no pasó mucho tiempo antes de que surgiera una nueva guerra fría, esta vez teniendo como principal enemigo a China, a la que se unió progresivamente la Rusia desovietizada.

    Aunque siempre se disfraza con terminologías idealistas (como democracia versus dictadura), de lo que siempre se trata es de controlar o neutralizar a los competidores reales o potenciales. En esta nueva generación de guerra fría, la verdadera contradicción es entre el capitalismo de mercado, dominado por el capital financiero y las multinacionales estadounidenses, y el capitalismo de estado dominado por China, un imperio en decadencia contra un imperio en ascenso.

    La pandemia trajo una nueva agresión a la nueva guerra fría. Por un lado, China se afirmó como la fábrica mundial de productos de protección personal contra el coronavirus y superó con creces a Estados Unidos en la protección de sus ciudadanos. Por otro lado, los avances chinos en la cuarta revolución industrial (inteligencia artificial) generaron temores de que China se convirtiera en la primera economía del mundo antes de 2030, como se predijo inicialmente en los estudios de los servicios secretos estadounidenses.

    Ante este temor, la administración estadounidense intensificó la presión sobre los aliados para detener el avance de China. Este proceso comenzó con el presidente Donald Trump y se intensificó enormemente con su sucesor Joe Biden. El origen del virus es la más reciente arma de la guerra fría.

    Como en epidemias anteriores, siempre es
    importante conocer el origen del virus, aunque siempre es difícil dada la imposibilidad de identificar al paciente cero. Lo nuevo en este caso es la intensa politización del origen del virus, atribuyéndolo, sin pruebas, a China y convirtiendo su propagación en un accidente de laboratorio, si no en un acto de guerra biológica. La teoría de la conspiración del Laboratorio de Wuhan fue propuesta en enero de 2020 por la extrema derecha estadounidense de Steve Bannon en asociación con un disidente chino para quien “el virus había sido liberado deliberadamente por el Partido Comunista Chino”.

    Fue esto en lo que Trump se basó para hablar del “virus chino”. Tras la misión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a China, esta teoría quedó desacreditada, reconociendo incluso la casi imposibilidad de conocer con precisión el origen del virus. Pero como en la guerra fría no se buscan medios para neutralizar al enemigo, la administración Biden volvió a la carga y presionó a sus aliados para promover la sospecha. Es muy posible que el período pandémico intermitente en el que posiblemente estamos entrando cree nuevas oportunidades para la politización de la pandemia en detrimento de los objetivos de la OMS. Este es el caso de la geopolítica de las vacunas.

     

    Capitalismo de vacunas o vacuna popular

    Como sabemos, la existencia de vacunas es el único hecho nuevo para proteger la vida en tiempos de pandemia. Las vacunas contra COVID-19 se crearon en un tiempo récord y no es de extrañar que, si bien ya se están produciendo en masa, aún existan muchas incógnitas sobre su efectividad y posibles efectos secundarios, y sobre si la población inoculada esté sirviendo como conejillo de indias.

    Sin embargo, se sabe que la protección eficaz contra el virus solo tendrá lugar cuando un porcentaje significativo de la población mundial esté vacunada y que la protección con las vacunas actuales será tanto más eficaz cuanto más rápido ocurra esto, ya que esta es la única forma de evitar que el virus continúe propagándose y desarrolle nuevas variantes para las que las vacunas no ofrezcan protección. A pesar de todas las declaraciones y advertencias de la OMS al respecto, por ahora está claro que prevalece el escenario del negacionismo. En otras palabras, la gravedad de la pandemia no justifica ninguna medida excepcional para combatirla.

    Así, los derechos de propiedad intelectual (patentes) deben seguir vigentes como en períodos normales, la producción y distribución de vacunas debe ser responsabilidad exclusiva de las empresas farmacéuticas que las desarrollaron y las distribuirán a los precios definidos por la ley de la oferta y la demanda. Esta posición es naturalmente defendida por las propias empresas farmacéuticas, por los Estados más desarrollados (también por Brasil y Colombia) y por las instituciones internacionales que avalan los intereses del capital multinacional.

    Esta postura representa un peligro para el mundo, ya que retrasará la vacunación de la población mundial. Además, hay algo moralmente detestable en esto cuando asistimos al surgimiento de un verdadero apartheid entre la “euforia de la vacunación” de los países ricos (Israel con el 59% de la población totalmente vacunada) y la pesadilla de la vacunación de la gran mayoría de la población mundial.

    Los países menos desarrollados solo recibieron el 0,3% de las vacunas disponibles hasta el final de mayo de 2021. En países como Brasil, India, Irán y Nepal, el virus continúa propagándose sin control, mientras que Canadá ha ordenado vacunas para diez veces su población y el Reino Unido ocho veces. Según Vaccine Alliance, los países ricos habrán comprado 1.500 millones de dosis en exceso.

    Igualmente, es detestable lo que New York Times del 29 de mayo llama “turismo de vacuna”. Consiste en un viaje a Miami para los miembros de las élites económicas y políticas de América Latina y otras regiones del mundo para ser vacunado. Estos viajes incluyen vacaciones (el intervalo entre dosis) y cuestan miles de dólares. Y Miami no es el único paraíso de las vacunas en el mundo. Que estos viajes puedan ser vehículos para la propagación de nuevas variantes del virus no se les ocurre a quienes viajan ni a quienes les dan la bienvenida.

    El capitalismo de vacunas es el modo de acceso a la vacuna determinado exclusivamente por la solvencia monetaria, tanto la propia como la del Estado o institución que las adquiere para su distribución interna. Si prevalece este modo de distribución, es muy probable que entremos en un período de pandemia intermitente.

    En este caso, no se trata de la aparición de una nueva pandemia, sino del manejo prolongado de la pandemia actual. Por ejemplo, mantener patentes sobre la producción de vacunas retrasará peligrosamente la vacunación de la población mundial, hasta tal punto que la población vacunada eventualmente estará expuesta al virus. No es sorprendente que muchas voces se alcen contra el capitalismo de las vacunas y muchos grupos se estén organizando para promover alternativas de distribución que sean éticamente más justas y materialmente más efectivas para enfrentar la pandemia. Las alternativas son diversas.

    Algunas están permeadas por el escenario del gatopardismo (haz cambios para que lo esencial no cambie). Este es el caso de la intensificación de las donaciones de vacunas o la promesa de las empresas farmacéuticas de incrementar la infraestructura de producción. Esta es la solución Covax, la iniciativa que tiene como objetivo crear un fondo global de vacunas para distribución mundial y que integra a la OMS, la Gavi Vaccine Alliance y la CEPI (Coalition for Epidemic Preparedness Innovations). Su objetivo sería vacunar a toda la población en riesgo y a todo el personal de salud para finales de 2021, una quinta parte de la población mundial. Sería un objetivo insuficiente, pero incluso eso se ve comprometido por el hecho de que alrededor de 30 países más ricos (a los que se unió Brasil) han abandonado Covax.

    La única alternativa efectiva al capitalismo de las vacunas está en el escenario de la alternativa civilizatoria, que asume el carácter excepcional del tiempo presente y la necesidad de inventar nuevas soluciones que preparen a la población mundial para evitar otras pandemias y defenderse mejor de las que se presenten. Entre estas soluciones se encuentran la constitución de bienes públicos universales, como la salud y todos los medicamentos y vacunas considerados imprescindibles para defenderla en una emergencia sanitaria.

    En el caso específico de las vacunas, han circulado varias peticiones por todo el mundo para que la vacuna contra la covid-19 sea de acceso universal. Los presidentes de Sudáfrica y Pakistán, entre más de 140 figuras públicas de todo el mundo, pidieron una “vacuna democrática”. En mayo de 2021, OXFAM lanzó una petición para una vacuna gratuita accesible para todos. Según OXFAM, costaría $ 25 mil millones, el equivalente a menos de cuatro meses de ganancias para las 10 principales compañías farmacéuticas.

    También el grupo parlamentario GUE / NGL del Parlamento Europeo pidió (a través de la voz de Marisa Matias y Marc Botenga) una vacuna popular. Ricardo Petrella y el Ágora de los Habitantes de la Tierra lanzaron una campaña mundial para la declaración de la vacuna como bien público gratuito y universal. Esta petición es parte de un movimiento más amplio por un sistema mundial público común para la salud y la seguridad de la vida, libre de patentes, fuera del mercado, basado en el derecho universal a la vida. Para lograr este objetivo, en el contexto actual de la pandemia, sería suficiente que, con la justificación de la inversión pública aplicada en la investigación de vacunas, las universidades y los Estados interesados ​​compartan todos los conocimientos y tecnologías disponibles, depositándolos en el Fondo de Acceso a la Tecnología de la OMS.

    Estas ideas presiden la People’s Vaccine Alliance y c
    ontrastan la cooperación con la competencia, la solidaridad con el lucro. Es una vasta alianza global que considera las vacunas como un bien público universal y que, como tal, deben ser producidas lo más rápido posible por todos los laboratorios del mundo que tengan la capacidad para hacerlo y distribuidas a costo cero o a un precio asequible. Esta será la vacuna popular.

    Esta posición es defendida por la mayoría de los países del Sur Global y por varias organizaciones y asociaciones transnacionales de ciudadanía activa, derechos humanos y salud pública. Se divide en tres propuestas.

    Primero, la suspensión de patentes sobre vacunas y sus componentes y materias primas. La propia Fundación Bill y Melinda Gates, que inicialmente se opuso a la suspensión de patentes, se unió a ella el 6 de mayo de 2021, luego de que Estados Unidos se mostrara partidario de esta solución. El lobby corporativo es considerado el más poderoso del mundo y ciertamente se está moviendo para ofrecer una dura oposición.

    Recordemos que cuando Brasil propuso suspender las patentes de medicamentos retrovirales hace 20 años para combatir eficazmente el VIH/SIDA, la reacción fue brutal, incluso por parte de Estados Unidos. Pero Brasil se impuso y los resultados fueron inmediatos.

    La segunda propuesta es la transferencia de tecnología a países del Sur Global. La disponibilidad para la producción es total y la posibilidad real es mucho mayor de lo que uno puede imaginar. Cuando la OMS anunció la demanda de productores de ARN mensajero (ARNm, el nuevo tipo de vacuna) fue inundada de propuestas por parte de los países del Sur Global. El presidente Paul Kagame de Ruanda hizo un llamamiento muy enérgico a este respecto en la última reunión de la OMS, mostrando que la iniciativa Covax sería insuficiente porque estaba limitada por los intereses de las multinacionales farmacéuticas. La tercera propuesta consiste en apoyo financiero para la producción en el Sur Global.

    La vacuna popular es la única alternativa capaz de minimizar los inmensos costos sociales que se proyectan para los próximos tiempos. Tiene lugar en un momento oportuno. Últimamente se ha hablado mucho de la justicia histórica en relación con el mundo que sufrió la injusticia histórica del colonialismo y se empobreció por el saqueo de sus riquezas y la dependencia económica a la que fue sometido después de la independencia política. Aquí radica una oportunidad histórica para hacer justicia histórica.

  • 30 años después de la séptima papeleta

    Liliana Estupiñán Achury

     Desagradecimiento histórico, ese sentimiento sería imperdonable luego de 30 años de construcción constitucional. Miramos con ojos de “amor romántico” la Constitución Política de 1991, de ahí la poesía que genera o los dolores y las frustraciones que cunden. Pero también podríamos mirarla con ojos críticos, que también son de amor, pero que permiten hacer un balance con matices y colores. Algo de vaso medio lleno y medio vacío, luego de la Asamblea Nacional Constituyente que dio origen a uno de los íconos del constitucionalismo democrático en América Latina y del mundo: el texto político de 1991.  Una apuesta que inspiró varios de los cambios constitucionales que se han dado en el continente y que hoy Chile, incluso, mira para su gran reto constitucional actual.  

    Y no es para menos, hacer una constitución en medio de esta élite tan acostumbrada a hacer solita la tarea, ya es un gran avance. El gran problema es que la misma élite que se alineó para el cambio con diversos sectores sociales, después se enquistó y, por décadas, no ha dejado el poder ni sus privilegios y ha hecho la misma tarea.  Así, ha afectado al Estado de derecho, el equilibrio de poderes y la “sala de máquinas”, para beneficiar a un pequeño grupo, expulsando a miles a la pobreza, la violencia y a la dependencia de la acción de tutela.

    La acción de tutela, lo de mostrar, lo que siempre resaltamos, ha sido el adalid del Estado social de derecho. El presidente de la Corte Constitucional, Antonio José Lizarazo, señaló que Colombia ha fallado, desde 1992, más de 8.000.000 millones de tutelas, un 70% de ellas para amparo de derechos a la salud y al debido proceso, de las cuales no se han cumplido el 66%. Una Corte que ha tenido que proferir más de 19.000 sentencias de tutela (98% en salas de revisión y el 2%, en salas de unificación), por fortuna alineada, en la mayoría de los casos, con lógicas convencionales y en clave de derechos, pero en otros, como en la SU-095 de 2018, en contra de la democracia local, la consulta popular y la madre tierra. Así dependemos de los jueces transformadores, “cuando los encontramos”, pero no de las bondades propias del Estado social de derecho.

    En 1991 se parió una gran constitución, a pesar de sus venenos. Bombas, “fábrica de víctimas”, narcotráfico, mafia, guerrilla, paramilitarismo, corrupción y pobreza, en medio de tantos males, los astros se alinearon. Lo grave es que, a la vuelta de 30 años, no hemos podido superar varios de estos males, más bien se han agravado. Avances tenemos, desagradecidos seríamos con las coberturas en salud, educación, agua potable, entre otros. Por supuesto no se puede decir lo mismo de la calidad ni de su impacto en todo el país, en la Guajira, ni en el Chocó, ni en Catatumbo, ni en lo rural, ni en los territorios del “estado de cosas inconstitucional” ni en la geografía del abandono y de la guerra.

    ¿Quiénes son culpables de esto?, buscar culpables tampoco es de buen recibo, pero temo señalar que algunos de aquellos que impulsaron el cambio constitucional, han hecho todo lo contrario para seguir con lo mismo: “que cambie todo, para que todo siga igual”.  Una clase política y una élite que trabaja en pro de sus intereses bajo el halo de un Estado democrático. Ya lo había hecho durante varias décadas del Frente Nacional, pues es la misma, pero con nuevo ropaje constitucional, “una sala de máquinas” que aceitan a su acomodo.

    Así las cosas, el problema no estaría en la Constitución, no todo, por supuesto. Le falta mucho para ser de mi gusto, más mujeres, más feminismo, más federalismo, más pueblos ancestrales, pluralismo y diversidad, más violeta, rosado y colores del arcoíris, más animales, menos economía de mercado, menos neoliberalismo, más educación pública y salud, más vivienda, más madre tierra y derechos de la naturaleza, más democracia local, más derechos sociales, más seguridad alimentaria, más campesinas (os), más paz, menos militares y guerra, menos racismo y clasismo y más justicia. Más de todo lo bueno que necesita Colombia. Los ojos románticos nos pueden nublar el entendimiento.

    Así las cosas, ¿será que no volveremos a tener una octava papeleta, esta sí, impulsada por los que aún después de treinta años de la Constitución de 1991, apenas han tenido voz, a punto de estallido social y de acción de tutela?

  • Quince tesis sobre el partido-movimiento


    Boaventura de Sousa Santos

    Quince tesis sobre el partido-movimiento

     

    1. No hay ciudadanos despolitizados; hay ciudadanos que no se dejan politizar por las formas dominantes de politización, sean partidos o movimientos de la sociedad civil organizada. Los ciudadanos y las ciudadanas no están hartos de la política, sino de esta política; la inmensa mayoría de la ciudadanía no se moviliza políticamente ni sale a la calle a manifestarse, pero está llena de rabia en casa y simpatiza con los que se manifiestan; en general, no se afilian a partidos ni participan en movimientos sociales ni están interesados en hacerlo, pero cuando salen a la calle solo sorprenden a las élites políticas que han perdido el contacto con “las bases”.
    1. No hay democracia sin partidos, pero hay partidos sin

    Una de las antinomias de la democracia liberal en nuestro tiempo es que se basa cada vez más en los partidos como forma exclusiva de agencia política, mientras que los partidos son internamente cada vez menos democráticos. Como la democracia liberal, la forma tradicional de partido ha agotado su tiempo histórico. Los sistemas políticos democráticos del futuro deben combinar la democracia representativa con la democracia participativa en todos los niveles de gobierno. La participación ciudadana debe ser multiforme y multicanal. Los propios partidos deben estar constituidos internamente por mecanismos de democracia participativa.

    1. Estar a la izquierda es un punto de llegada y no un punto de partida y, por lo tanto, se demuestra en los

    La izquierda tiene que volver a sus orígenes, a los grupos sociales excluidos que ha olvidado durante mucho tiempo. La izquierda dejó de hablar o de saber hablar con las periferias, con los más excluidos. Quien habla hoy con las periferias y con los más excluidos son las iglesias evangélicas pentecostales o los agitadores fascistas. Hoy en día, el activismo de izquierda parece limitarse a participar en una reunión del partido para hacer un análisis de la situación (casi siempre escuchar a los que están haciendo). Los partidos de izquierda, tal como existen hoy, no pueden hablar con las voces silenciadas de las periferias en términos que estas entiendan. Las izquierdas deben reinventarse.

    1. No hay democracia, hay democratización.

    La responsabilidad de la izquierda radica en que es la única que realmente sirve a la democracia. No la limita al espacio-tiempo de la ciudadanía (democracia liberal). Por el contrario, lucha por ella en el espacio de la familia, la comunidad, la producción, las relaciones sociales, la escuela, las relaciones con la naturaleza y las relaciones internacionales. Cada espacio-tiempo exige un tipo específico de democracia. Solo democratizando todos los espacios-tiempos se podrá democratizar el espacio-tiempo de la ciudadanía y la democracia liberal representativa.

    1. El partido-movimiento es el partido que contiene en sí a su

    Para ser un pilar fundamental de la democracia representativa, el partido-movimiento debe construirse a través de procesos no representativos, sino más bien participativos y deliberativos. Esta es la transición de la forma tradicional de partido a la forma de partido-movimiento. Consiste en aplicar a la vida interna de los partidos la misma idea de complementariedad entre democracia participativa / deliberativa y democracia representativa que debe orientar la gestión del sistema político en general. La participación / deliberación concierne a todos los dominios del partido-movimiento, desde la organización interna hasta la definición del programa político, desde la elección de los candidatos a las elecciones hasta la aprobación de líneas de acción en la situación actual.

    1. Ser miembro de la clase política es siempre

    Tal calidad no permite ganar más que el salario medio en el país; los parlamentarios electos no inventan temas ni toman posiciones: transmiten los que surgen de las discusiones en las estructuras de base. La política de partidos debe tener rostros, pero no está hecha de rostros; idealmente, existen mandatos colectivos que permiten la rotación regular de representantes durante la misma legislatura; la transparencia y la rendición de cuentas deben ser completas; el partido es un servicio ciudadano a los ciudadanos y por lo tanto debe ser financiado por ellos y no por empresas interesadas en capturar el Estado y vaciar la democracia.

    1. El partido-movimiento es una contracorriente contra dos

    Los partidos convencionales sufren de un fundamentalismo antimovimiento social. Consideran que tienen el monopolio de la representación política y que este monopolio es legítimo precisamente porque los movimientos sociales no son representativos. A su vez, los movimientos adolecen de un fundamentalismo antipartido. Consideran que cualquier colaboración o articulación con las partes, comprometen su autonomía y diversidad y siempre acaba en un intento de cooptación.

    Mientras la democracia representativa esté monopolizada por partidos antimovimiento y la democracia participativa por movimientos o asociaciones sociales antipartidos, no será posible la vinculación entre democracia representativa y participativa, en detrimento de ambas. Es necesario vencer a los dos.

    • El partido-movimiento combina la acción institucional con la acción extrainstitucional

    Los partidos tradicionales favorecen la acción institucional, dentro de los marcos legales y con la movilización de instituciones como el Parlamento, los tribunales, la Administración pública. Por el contrario, los movimientos sociales, aunque también utilizan la acción institucional, suelen recurrir a la acción directa, las protestas y manifestaciones en calles y plazas, las sentadas, la difusión de agendas a través del arte (artivismo). En vista de esto, la complementariedad no es fácil y debe construirse con paciencia.

    Hay condiciones políticas en las que las clases que están en el poder son demasiado represivas, demasiado monolíticas; hay otras en las que son más abiertas, menos monolíticas y hay mucha competencia entre ellas. A mayor competencia entre las élites, se abren más brechas para que el movimiento popular y la democracia participativa ingresen a través de ellas. Lo importante es identificar las oportunidades y no desperdiciarlas. Con frecuencia se desperdician por razones de sectarismo, dogmatismo, arribismo.

    La práctica de los movimientos a menudo tiene que oscilar entre lo legal y lo ilegal. En algunos contextos, la criminalización de la impugnación social está reduciendo la posibilidad tanto de lucha institucional como de lucha legal extrainstitucional. En tales contextos, la acción colectiva pacífica puede tener que enfrentar las consecuencias de la ilegalidad. Sabemos que

    las clases dominantes siempre han utilizado la legalidad y la ilegalidad a su conveniencia. No ser clase dominante radica precisamente en tener que afrontar las consecuencias de la dialéctica entre legalidad e ilegalidad y protegerse al máximo.

    1. La revolución de la información electrónica y las redes sociales no son, en sí mismas, un instrumento incondicionalmente favorable al desarrollo de la democracia

    Por el contrario, pueden contribuir a manipular la opinión pública hasta tal punto que el proceso democrático puede quedar fatalmente desfigurado. El ejercicio de la democracia participativa requiere hoy más que nunca encuentros presenciales y discusiones presenciales. Hay que reinventar la tradición de células partidarias, círculos ciudadanos, círculos culturales, comunidades eclesiásticas de base. No hay democracia participativa sin una estrecha interacción.

    1. El movimiento de partidos se basa en la pluralidad no polarizada y el reconocimiento de competencias

    Una pluralidad no polarizada es aquella que permite distinguir entre lo que separa y lo que une a las organizaciones y promueve articulaciones entre ellas a partir de lo que las une, sin perder la identidad de lo que las separa. Lo que las separa solo se suspende por razones pragmáticas.

    El partido-movimiento debe saber combinar cuestiones generales con cuestiones sectoriales. Los partidos tienden a homogeneizar sus bases sociales y a enfocarse en temas que abarcan a todos o a grandes sectores. Por el contrario, los movimientos sociales tienden a centrarse en temas más específicos, como el derecho a la vivienda, la inmigración, la violencia policial, la diversidad cultural, la diferencia sexual, el territorio, la economía popular, etc. Trabajan con lenguajes y conceptos distintos a los utilizados por los partidos.

    Los partidos pueden sostener una agenda política más permanente que los movimientos. El problema con muchos movimientos sociales radica en la naturaleza de su estallido social y mediático. En un momento tienen una gran actividad, están en la prensa todos los días, y al mes siguiente están ausentes o entran en reflujo y la gente no va a reuniones o asambleas. La sostenibilidad de la movilización es un problema muy grave porque, para lograr una cierta continuidad en la participación política, se necesita una articulación política más amplia que involucre a los partidos. A su vez, los partidos están sujetos a transformar la continuidad de la presencia pública en una condición para la supervivencia de cuadros burocráticos.

    1. El partido-movimiento prospera en una lucha constante contra la

    Se pueden generar dos inercias: por un lado, la inercia y reflujo de los movimientos sociales que no logran multiplicar y densificar la lucha y, por otro, los partidos que no modifican en absoluto sus políticas y quedan sujetos al estancamiento burocrático. Superar estas inercias es el mayor desafío para la construcción del partido-movimiento.

    Trabajando con experiencias concretas, se advierte que los partidos que tienen vocación de poder suelen afrontar bien el tema de los desequilibrios en el espacio público. Pero como compiten por el poder, no quieren transformarlo, quieren tomarlo. Los movimientos sociales, por el contrario, saben que las formas de opresión provienen tanto del Estado como de actores económicos y sociales muy fuertes. En algunas situaciones, la distinción entre opresión pública y privada no es demasiado importante. Los sindicatos, por ejemplo, tienen

    una experiencia notable en la lucha contra los actores privados: jefes y empresas. Tanto los movimientos sociales como los sindicatos están hoy marcados por una experiencia muy negativa: los partidos de izquierda nunca dejaron de cumplir sus promesas electorales al llegar al poder tanto como lo han hecho últimamente. Este incumplimiento provoca que la descalificación de partidos sea cada vez mayor en más países. Esta pérdida de control sobre la agenda política solo puede recuperarse a través de los movimientos sociales en la medida en que se articulan con los nuevos partidos-movimiento.

    • La educación política popular es la clave para sostener el partido-movimiento.

    Las diferencias entre partidos y movimientos son superables. Para ello es necesario promover el conocimiento mútuo a través de nuevas formas de educación política popular: círculos de conversación, ecologías de saberes, talleres de la Universidad Popular de Movimientos Sociales; discusión de posibles prácticas de articulación entre partidos y movimientos (presupuestos participativos, plebiscitos o consultas populares, consejos sociales o gestión de políticas públicas). Hasta ahora, las experiencias son principalmente a escala local. Debe desarrollarse la complementariedad a escala nacional y mundial.

    • El partido-movimiento va más allá de la articulación entre partido y movimiento social. Después de más de cuarenta años de capitalismo neoliberal, de colonialismo y de un patriarcado siempre renovado, con una concentración escandalosa de la riqueza y destrucción de la naturaleza, las clases populares, el pueblo trabajador, cuando estalla o irrumpe indignado, tiende a hacerlo fuera de los partidos y los movimientos sociales. Ambos tienden a sorprenderse e ir tras la movilización. Además de los partidos y los movimientos sociales, es necesario contar con los movimientos espontáneos, con su presencia colectiva en las plazas públicas. El partido-movimiento debe ser consciente de estos estallidos y solidarizarse con ellos sin intentar dirigirlos o
    1. Vivimos en un período de luchas Corresponde al partido-movimiento ser freno sin perder de vista las luchas ofensivas.

    La ideología de que no hay alternativa al capitalismo —que, de hecho, es una tríada: capitalismo, colonialismo (racismo) y patriarcado (sexismo) — acabó siendo interiorizada por gran parte del pensamiento de izquierda. El neoliberalismo logró conjugar el fin supuestamente pacífico de la historia con la idea de crisis permanente (por ejemplo, la crisis financiera). Esta es la razón por la que vivimos hoy en el dominio del corto plazo. Sus demandas deben ser satisfechas porque quienes tienen hambre o son víctimas de violencia de género, no pueden esperar a que llegue el socialismo para comer o ser liberados.

    Pero no se puede perder de vista el debate civilizador que plantea la cuestión de las luchas ofensivas y de medio plazo. La pandemia, si bien hizo del corto plazo una máxima urgencia, generó la oportunidad de pensar que hay alternativas de vida y que si no queremos entrar en un período de pandemia intermitente, debemos prestar atención a las advertencias que nos está dando la naturaleza. Si no cambiamos nuestras formas de producir, consumir y vivir, nos dirigiremos hacia un infierno pandémico.

    1. Solo el partido-movimiento puede defender la democracia liberal como punto de partida y no como punto

    En un momento en que los fascistas están cada vez más cerca del poder -cuando no lo han alcanzado ya-, una de las luchas defensivas más importantes es la defensa de la democracia.

    La democracia liberal es de baja intensidad porque es poca. Acepta ser una isla relativamente democrática en un archipiélago de despotismo social, económico y cultural. Hoy en día, la democracia liberal es un buen punto de partida, pero no un punto de llegada. El punto de llegada debe ser una articulación profunda entre democracia liberal, representativa y democracia participativa, deliberativa. En este momento de luchas defensivas, es importante defender la democracia liberal representativa para neutralizar a los fascistas y radicalizar desde ella la democratización de la sociedad y la política. Solo el partido-movimiento puede librar esta lucha.

  • As portas abertas no Chile

    As portas abertas no Chile

    Carlos Frederico Marés

    O povo chileno buscava construir, de forma pacífica e eleitoral, um Estado Socialista sob a direção de Salvador Allende quando, em 1973, sofreu um violento golpe de Estado sabidamente auspiciado pelos Estados Unidos e pelas ditaduras da América Latina. O golpe chileno de 1973 foi de todos o mais violento, com tentáculos por várias partes do mundo, espalhando o terror da Operação Condor. A tal ponto e com tal descaramento que em 1976 matou, com atentado à bomba, Orlando Letelier, ex-embaixador do Chile nos EUA e ex-ministro de Allende, voz poderosa de denúncia dos atropelos da ditadura, não em Santiago, mas na Embassy Row, Washington, D.C., no coração do Império. O terror de Estado, como se vê, não tinha limites nem fronteiras. 

    A violência, tortura, mortes e opressão impuseram um sistema econômico neoliberal que deveria servir de modelo para todas as economias dependentes: privatização da saúde, da educação, dos transportes, privatização das terras, negando direitos a camponeses e indígenas, precarização das relações de trabalho, privatização das águas, dos minérios e de tudo que pudesse ser transformado em mercadoria, mesmo que destruísse a natureza, os povos, as culturas e os direitos. O modelo foi implantado à força, mas detalhada e competentemente regulamentado por leis. Amarrado em legislações de duvidosa legitimidade, foi sendo construído um hábil sistema jurídico que suportava a economia predatória, de difícil reversão, pensado para sobreviver mesmo depois de afastada a ditadura formal, estruturado como estado neoliberal, de parcas e insuficientes políticas públicas sociais e fortíssimo aparato policial repressor.  

    Por isso mesmo, os juristas tiveram papel crucial. Orientada por Jaime Guzmán, a ditadura organizou um sistema constitucional e judiciário para impedir qualquer mudança, mesmo depois de seu fim. A Constituição elaborada e aprovada em 1980 praticamente impossibilitava sua reforma. As poucas e difíceis mudança havidas tiveram que ser aprovadas por dois terços do Parlamento, receber a sanção do Presidente da República e o crivo de um Tribunal Constitucional formado por sete membros, com mandato certo, eleitos de tal forma pelos órgãos do Estado que garantisse uma maioria sempre fosse conservadora. Por isso, quando a Presidenta socialista Michelle Bachelet, atendendo a grande mobilização estudantil, fez aprovar a reforma do ensino, a Corte Constitucional negou sua aplicação por violação a regras formais constitucionais e a educação continuou privada, cara e acessível apenas para as elites e a presidenta em dívida com a sociedade. Era a força do Estado autocrático que se mantinha apesar do sonho transformador da presidenta e do povo.

    O povo, apesar da intensa propaganda contrária levada a cabo pelo próprio Governo, quis. 78% dos votantes disseram sim.

    O povo chileno empobreceu. Quando as famílias não puderam mais pagar as escolas, os mais velhos perderam sua aposentadoria, os camponeses viram secar suas semeaduras pela apropriação privada da água e os indígenas perderam suas fontes de vida, terra e água, se iniciou uma grande rebelião no país, o povo saiu para as ruas. Sem saídas, acossado por uma mobilização que fazia lembrar os anos 70 do século XX, o governo da mais conservadora direita acenou com a possibilidade de mudanças constitucionais para reformar o sistema. Era a chance de mudar, mais uma vez pela via eleitoral, o destino do Chile. 

    As elites, apoiadas pelos discípulos de Jaime Guzmán, prepararam uma arapuca ao amável e combativo povo chileno. Primeiro, houve um plebiscito para saber se o povo desejava ou não uma nova constituição. O povo, apesar da intensa propaganda contrária levada a cabo pelo próprio Governo, quis. 78% dos votantes disseram sim. Massivamente derrotada, a direita armou uma constituinte de improvável sucesso. Foram convocadas eleições para sua formação mas, qualquer mudança somente seria aceita se dois terços dos eleitos aprovassem a nova regra sob pena de manter a velha e opressiva ordem neoliberal. Quer dizer, para qualquer mudança seria necessário somar 67% dos votos. O status quo estaria mantido com magros 33% dos votantes. A arrogante e confiante direita chilena tinha certeza que isso seria conseguido com certa facilidade, mas não quis arriscar muito e organizou eleições que em tudo favoreciam o partido da direita e enfraquecia os de esquerda, possibilitando candidaturas independentes, com a clara intenção de dividir as propostas de mudança. As eleições escolheriam 155 deputados constituintes, bastaria a vontade 52 para obstar qualquer regra nova. Estava mantido o direito de veto da minoria, o que significaria a continuidade da velha Constituição neoliberal de Pinochet e Guzmán. Na contramão de todos processos constituintes, o chileno foi montado como uma reforma constitucional baseada na velha ordem, travando a vontade expressa dos 78% que votaram no plebiscito e pelo povo na rua. Quem de fora olhava tinha a certeza de que haveria mudanças para que tudo continuasse no mesmo. Mas não foi assim que procederam os movimentos sociais e militantes independentes. Saíram às ruas de porta em porta angariar votos, apesar da pandemia. Era preciso confiar.

    A primeira vitória dos movimentos populares e sociais foi obter uma reserva de 17 cadeiras para os povos originários, 7 cadeiras ao povo Mapuche, 2 ao povo Aimara e 1 para cada um dos povos atacamenho, chango, colla, diaguita, kawéskar, quechua, rapanui, yagán. Os próprios povos escolheriam seus representantes. Em seguida as mulheres conseguiram que a Assembleia Constituinte tivesse paridade de gênero. As duas vitórias somadas, porém, não garantiriam os 67% de votos reformadores, mas era um alento, uma novidade no mundo racista e machista das elites brancas, masculinas e ricas. Os sonhadores viram nisso um sopro de esperança, mas a receita pensada pela direita parecia que ia funcionar, proliferaram pelo país abundantes candidaturas avulsas e houve um efetivo enfraquecimento dos partidos de esquerda. Do outro lado, todas as forças conservadoras se aliaram ao lado de uma coligação sob a direção do Presidente da República em segundo mandato, Sebastián Piñera, era impossível não obter os 52 votos necessários para o veto. A direita nunca obtivera menos do que isso. A festa de vitória antecipada da direita era contida, mas real e insinuada pela propaganda oficial. 

    Dia 16 de maio as urnas começam a ser abertas. Os sonhadores esfregaram os olhos para saber se realmente estavam acordados ou ainda viviam um de seus melhores sonhos inalcançáveis. Estava escondida uma terceira vitória para além dos originários e mulheres, os jovens votaram e foram votados, em massa. Dos 155 constituintes, a unidade de direita obteve apenas 37 cadeiras, 15 menos do que as necessárias ao veto. As discussões que irão ser travadas na constituinte não serão em vão. 118 cadeiras foram obtidas pelas forças que pregavam mudanças, 15 a mais, portanto, das necessárias para aprovação de mudanças, independente de qualquer voto de direita. Maioria de mulheres, jovens e feministas. Está claro que nem as trinta e sete cadeiras de direita, nem as outras cento e dezoito são blocos monolíticos, mas haverá discussão e as grandes mudanças podem até não serem aprovadas, mas não serão singelamente vetadas, argumentos serão esgrimidos, opções serão feitas. As dificuldades serão imensas, principalmente em pontos sensíveis que atinjam o coração do neoliberalismo.

    O resultado não foi menos surpreendente e auspicioso, Irací Hassler, comunista, 30 anos, foi eleita prefeita de Santiago; Macarena Ripamonti, militante da organização Revolução Democrática, 29 anos, foi eleita prefeita de Viña del Mar, a emblemática cid
    ade jardim do Pacífico, menina dos olhos da elite chilena.

    O Chile amanheceu, então, com as portas abertas, expondo uma face sorridente, sábia e com o olhar pregado no futuro. Entre os povos originários, a mais votada foi Francisca Linconao Huircapan, 62 anos, perseguida, processada, criminalizada, que é uma autoridade espiritual mapuche, uma “machi”, e carrega 500 anos de resistência nas costas e saberá liderar as mudanças necessárias aos povos, terá voz e voto pela primeira vez na história do mundo colonial. 

    Foram eleitos, também novos prefeitos e alguns governadores (três, de dezesseis regiões, nas demais haverá segundo turno em junho). O resultado não foi menos surpreendente e auspicioso, Irací Hassler, comunista, 30 anos, foi eleita prefeita de Santiago; Macarena Ripamonti, militante da organização Revolução Democrática, 29 anos, foi eleita prefeita de Viña del Mar, a emblemática cidade jardim do Pacífico, menina dos olhos da elite chilena. Com o detalhe de que em Santiago dos dez conselheiros (vereadores) oito são mulheres, de esquerda e dois homens, de direita. A lista poderia continuar, longa e expressiva de jovens comprometidas com movimentos sociais, militantes, independentes, que têm a mudança como desafio e a esperança como combustível. É provável que nem todas as mudanças sonhadas sejam alcançadas, mas o Chie já não será o mesmo depois de promulgada a Constituição, a esperança voltará a ter força redobrada. 

    Quase 50 anos depois da experiência pacifista e democrática de Salvador Allende, sufocada em sangue, jovens que não a viveram mas a conheceram pela memória de seus pais e pelas dramáticas consequências da opressão, têm em suas mãos as rédeas e o timão que conduzirão a nação ao futuro, promovendo mudanças necessárias na opressiva sociedade dominada pelo capital internacional, sem pátria, sem escrúpulos e sem sentimentos humanos. Conseguirão? No Chile onde tudo tem dono, da gota d’água ao minério de cobre, da escola às estradas e ruas, da aposentadoria do retirado ao financiamento do curso técnico, será possível mudar pelo voto? Só o futuro, próximo, dirá, mas este maio pandêmico no Chile abriu as portas para mudanças e Salvador Allende revive em cada jovem ‘alcaldesa’, ‘alcalde’ e constituinte, alimentando a esperança de alcançar um mundo onde seus netos e bisnetos possam viver, sonhar e rir.

  • La asistencia militar: un estado de excepción oculto en la ley e inconstitucional

    Freddy Ordóñez Gómez

    31 de mayo del 2021

    El pasado 1° de mayo, el presidente Iván Duque declaró que la “asistencia militar seguirá vigente en los centros urbanos donde existe un alto riesgo para la integridad de los ciudadanos y donde se requiere emplear toda la capacidad del Estado para proteger a la población” y que ésta se mantendría “en coordinación con alcaldes y gobernadores, hasta que cesen los hechos de grave alteración del orden público”. Posteriormente, el 28 de mayo, se expidió el Decreto 575 de 2021, que emite órdenes relacionadas con la asistencia militar que desde ese día se ponía en funcionamiento en diferentes territorios del país. Surge la pregunta: ¿Cuál es el decreto por medio del cual entró en vigencia la asistencia militar de la que supimos el 1° de mayo?

    Con una protesta popular que cumple un mes de estar extendida en diferentes ciudades y municipios (cubiertos hoy por el mencionado decreto), 43 asesinatos presuntamente cometidos por la fuerza pública en el marco de las manifestaciones y 236 denuncias sobre abusos policiales por vulneración de derechos humanos en el marco de las protestas y ante la expedición del Decreto 575 se hace necesario un análisis de la figura.

    La asistencia militar fue establecida en el artículo 170 de la Ley 1801 de 2016, el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana (CNSCC), indicándose que es “el instrumento legal que puede aplicarse cuando hechos de grave alteración de la seguridad y la convivencia lo exijan, o ante riesgo o peligro inminente, o para afrontar emergencia o calamidad pública, a través del cual el Presidente de la República, podrá disponer, de forma temporal y excepcional de la asistencia de la fuerza militar”*. En sentido similar, la política marco de convivencia y seguridad ciudadana (PMCSC) estipula (7.19) su condición excepcional, su carácter temporal y la exclusividad de su implementación en manos del presidente.

    Una lectura comparativa del artículo 170 de la Ley 1801 con los artículos 213 y 215 de la Constitución, permite ver que las situaciones que llevan a declarar los Estados de Conmoción Interior y Estados de Emergencia económica, social y ecológica son idénticos a los que permiten al presidente hacer uso de la figura de asistencia militar: “grave perturbación del orden público que atente de manera inminente contra la estabilidad institucional, la seguridad del Estado, o la convivencia ciudadana” y hechos que “constituyan grave calamidad pública”, señalan los artículos Superiores reseñados.

    La temporalidad se presenta como una característica de la asistencia militar, pero ni el CNSCC ni la PMCSC delimitan el tiempo de vigencia: establece la Política Marco que solo podrá mantenerse siempre que sea estrictamente necesaria y concluirá una vez se haya superado la situación que justificó su existencia. Contrario a ello, la Constitución es clara en indicar los días que podrán mantenerse las figuras de los artículos 213 y 215. Ahora bien, mientras los estados de excepción deben regirse por las disposiciones constitucionales, los tratados internacionales de derechos humanos y las leyes estatutarias correspondientes, en la asistencia militar se hace referencia a su sujeción a “estrictos requisitos derivados de la norma, protocolos y al marco jurídico del uso de la fuerza”, sin que haya alguna mención a derechos humanos o a la Constitución. Finalmente, es importante señalar que la decisión es presidencial y solamente media frente a ésta un concepto del Ministro de Defensa.

    Si bien los estados de excepción de los artículos constitucionales 213 y 215 se orientan fundamentalmente a permitir al Gobierno expedir decretos legislativos, la Ley Estatutaria 137 de 1994 (artículo 38) faculta al Gobierno, durante el Estado de Conmoción Interior, a restringir la circulación e imponer toques de queda, utilizar temporalmente bienes, establecer restricciones a la radio y a la televisión, limitar la celebración de reuniones y manifestaciones e impartir las órdenes necesarias para asegurar el abastecimiento. Situaciones como las reseñadas han sido implementadas, como es de público conocimiento, durante el mes de mayo como parte de la asistencia militar y se pueden ver en el Decreto 575 de 2021 (artículo 1, numerales 2, 3 y 6).

    En síntesis, la Asistencia Militar creada con la Ley 1801, vigente durante el último mes y establecida para 8 departamentos, 2 distritos y 11 municipios desde el 28 de mayo, fue la forma de tener una figura de “estado de excepción” de carácter no constitucional (de rango legal), sin las limitaciones de la Carta, discrecional y sin controles: se está ante el presidente y las FF.MM. cogobernando territorios, actuando por fuera del orden establecido en 1991, se está ante la particular militarización que ha caracterizado a la restringida democracia colombiana.

  • De la participación a la pertenencia


    Boaventura de Sousa Santos

    Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

    De la participación a la pertenencia

    Un fantasma recorre el mundo: el regreso de la extrema derecha. Se trata de un movimiento global con ritmos nacionales muy diferentes. Tiene muchas similitudes con lo que sucedió en las décadas de 1920 y 1930, pero también presenta diferencias. Analizo unas y otras con la convicción de que la historia solo se repite si dejamos que eso suceda. Estamos ante movimientos que surgen en medio de crisis sociales por venir y que explotan cuando las crisis estallan. En la década de 1920, fue la Primera Guerra Mundial y la crisis financiera que siguió, que estallaría en 1929. Hoy se trata de la crisis de acumulación de capital frente a las concesiones que este tuvo que hacer al pueblo trabajador después de la Segunda Guerra Mundial para poder competir políticamente y con paz social con la opción socialista del bloque soviético. La reacción comenzó en la periferia del sistema (golpes de Estado en Brasil en 1964 y en Chile en 1973) y se convirtió en un programa global cuando en 1975 la Comisión Trilateral declaró que la democracia estaba sobrecargada debido a un exceso de derechos. Fue el ataque a los derechos económicos y sociales, a la socialdemocracia, un ataque en el que los propios partidos socialistas colaborarían, con la tercera vía de Tony Blair. Tras el ataque a las Torres Gemelas (2001) y la crisis financiera (2008) comenzó el ataque a los derechos cívicos y políticos. Las condiciones para la reaparición de la extrema derecha estaban creadas.
    La crisis pandémica y el periodo de pandemia intermitente en el que vamos a entrar pueden ser el detonador de la explosión de la extrema derecha. Para evitarlo, solo hay una solución: impedir que se agrave la crisis social, lo que no fue posible en los años 1930. Hoy, los Estados Unidos de Biden iniciaron un vasto programa de regeneración de ingresos y de inversión pública a contracorriente, contra todo lo que predicaron durante el apogeo del neoliberalismo. La Unión Europea, patéticamente, parece más presa del neoliberalismo que Estados Unidos y siempre rehén del capital financiero internacional. Alemania cumple en Europa el papel que Estados Unidos desempeña a escala mundial: exporta el neoliberalismo, pero en este momento no lo sigue internamente. Saber hasta qué punto los programas de recuperación y resiliencia podrán contener la grave crisis social que se aproxima es una pregunta abierta, una crisis que actualmente tiene tres puntos de ruptura: Colombia, Brasil y la India. Portugal tendría unas condiciones privilegiadas para evitar lo peor si supiera actuar como Alemania y los países nórdicos: servirse de Europa como jefe sin servir a Europa como empleado.

    La segunda similitud/diferencia se refiere a la relación entre democracia y extrema derecha. La similitud es que la extrema derecha utiliza la democracia con el único propósito de destruirla. Lo hace de muchas maneras. La principal consiste en promover una lógica de pertenencia, sea nacionalista o racista, contra la lógica de participación propia de la democracia. La diferencia es radical y, por tanto, invisible. Participamos en una realidad contribuyendo a construirla (sociedad, democracia), mientras que pertenecemos a una realidad ya plenamente construida (nación, raza, etnia, casta), ya sea la construcción real o inventada. La pertenencia confiere seguridad a quien pertenece en la misma medida que excluye a quien no pertenece. En tiempos de crisis, esta seguridad es preciosa. Las opciones en las que se basan la participación y la pertenencia son muy diferentes. En la participación, se elige entre; en la pertenencia, se elige contra. El objetivo es alcanzar el poder democráticamente para luego no ejercerlo de manera democrática. Como, por ahora, el objetivo todavía no se ha logrado, la extrema derecha seduce fácilmente a las fuerzas de la derecha democrática, a las que ofrece el trampolín de la llegada al poder. La derecha, por su parte, confía en poder domesticar a la extrema derecha y esta, en subvertirla. Fue así en Alemania en la década de 1920. Lo que puede suceder hoy en otros países es una cuestión abierta. En Portugal, los intelectuales de derecha, interesados o no en la promoción de la extrema derecha, siguen la misma línea discursiva: estamos prestando demasiada atención a la extrema derecha y esto la favorece. Exactamente como en Alemania a finales de la década de 1920.

    La tercera similitud/diferencia se refiere a la lucha ideológica. Esta lucha tiene cuatro frentes: el discurso de odio dirigido a los que no pertenecen (ya sea judío, gitano, negro, homosexual, comunista, izquierdista y, finalmente, demócrata); la infiltración de los medios de comunicación; la sustitución de la política por la moral; la seducción de los estratos sociales descontentos y emergentes. Con diferencias, se están activando todos los frentes. En Portugal, el discurso de odio tuvo un estallido estremecedor durante los debates presidenciales y se pudo entender que los medios públicos estaban infiltrados. Esta sospecha se hizo realidad con lo ocurrido recientemente en la agencia pública de noticias, Lusa. En una noticia publicada, un periodista identificó como “negra” (en portugués, “preta”) a una diputada suplente del Partido Socialista. En Portugal, el término “negro” es un término racista, altamente ofensivo. El sustituto del discurso de odio es la dramatización de todos los errores del gobierno, especialmente si es de izquierda. Comparativamente, el gobierno portugués tiene uno de los mejores desempeños en la conducción de la pandemia y los portugueses lo entendieron cooperando cívicamente con las políticas. Sin embargo, quienes siguen las noticias más mediáticas (incluidas las de la televisión pública), solo ven noticias de fracasos groseros, una dramatización que pretende apoyar la idea difundida por la extrema derecha de la “enfermedad de la democracia” y de los “claveles negros”, que pueden justificar “gobiernos de salvación nacional”. Hoy en día, la extrema derecha dispone de las redes sociales, una herramienta poderosa, sobre todo porque el modelo de negocio que subyace en ellas no les permite intervenir salvo en casos extremos. Hoy, el discurso antipolítico y moralista es la lucha contra la corrupción y, especialmente en algunos países, el conservadurismo evangélico o católico. Ambos discursos son proyectos globales y tienen su origen en la extrema derecha estadounidense. Hoy, uno de los grupos emergentes son las mujeres. De cara a las elecciones municipales y locales, el partido de extrema derecha (Chega) recluta en las redes sociales “mujeres dinámicas e inteligentes”.

    La cuarta similitud/diferencia se refiere a la reinvención del pasado. Consiste en convertir las victorias en derrotas y las derrotas en victorias. En Alemania, la paz posible después de la Primera Guerra Mundial se convirtió en humillación nacional; la derrota, en algo que solo no se evitó debido a la debilidad de los gobernantes democráticos. Hoy, en Portugal, los intelectuales de derecha aprovechan subliminalmente el desliz de la participación hacia la pertenencia para elogiar el fascismo colonial de Salazar porque devolvió el orgullo nacional a los portugueses, dio más calidad a la dirección política y, sobre todo, no fue corrupto. Nada de esto tiene que ser cierto para ser efectivo. Es sorprendente (pero con antecedentes históricos) que algunos de estos intelectuales olviden activamente que ellos mismos fueron excluidos de la pertenencia a la sociedad fascista precisamente porque quisieron ejercer participación política. A su vez, el fin del colonialismo, la victoria fundacional de la democracia portuguesa, es transformado en una derrota humillante. Por tanto, de ahí a convertir la revolución del 25 de abril de 1974 en un acto terrorista hay un paso.

    Para detener la deriva de la participación en pertenencia, la historia podría enseñarnos algo si quisiéramos aprender. Aquí hay una lista realista de propuestas. El agravamiento de las desigualdades y de la crisis social deben evitarse a toda co
    sta con políticas de cohesión eficaces. Los servicios públicos deben refinanciarse y repensarse, especialmente en las áreas de salud y educación. La corrupción debe ser eficazmente combatida. La oposición de derecha democrática debe perder la ilusión de poder domesticar a la extrema derecha. Los partidos socialistas que controlan gobiernos de izquierda (en Portugal, PS) deben ayudar al resto de partidos a su izquierda (en Portugal, Partido Comunista y Bloque de Izquierda) a poder invertir en la participación, ya que son las primeras víctimas de la deriva de la pertenencia (las próximas víctimas serán los socialistas). A su vez, los partidos a la izquierda de los partidos socialistas deben asumir que su adversario principal es la derecha y la extrema derecha, y no los socialistas. Los medios de comunicación públicos deben ser escrupulosos a la hora de liquidar el huevo de la serpiente donde se esté incubando. Si la pereza democrática afecta al sindicato de periodistas o a la entidad reguladora de los medios de comunicación, es de esperar que la comunidad PALOP (Países Africanos de Lengua Oficial Portuguesa) suspenda la autorización de Lusa para operar en sus países hasta que el periodista racista sea despedido. De lo contrario, pronto se multiplicará por muchos.